CHILE: COMPAÑERO CON CONCIENCIA DE CLASE, QUE DESPOTRICA CONTRA EL FEMINISMO. Por Cote Avello (*)

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Hoy no se trata de ti. Sal dos minutos de ti mismo, te lo pido. Se trata de la causa feminista. Causa que afecta a la sociedad toda, pero principalmente y de muy variadas e intensas formas a las mujeres. Causa que siempre se enfrenta a algún conflicto específico con un sujeto “estereotípico” de macho para su expresión. Entre otras dificultades.

Te pregunto ¿Cómo podrías tan fácilmente escapar a aquel estereotipo, que de una u otra forma, te configura y que nosotras denominamos, por sus características que reconocemos típicamente, como un macho de izquierda?

En el ámbito de las luchas sociales, el hombre proletario, “blanco”, ilustrado, heterosexual, nacional, es por lejos el privilegiado de los subordinados. Todos los otros subordinados quedamos por debajo de él. La mayoría estamos bajo alguna doble, triple o múltiple subordinación, en los vericuetos de la interseccionalidad y nuestra mirada es más compleja y más implicada. Es una tendencia que tal vez hayas notado ¿O no? ¿Tú ves al mundo LGTBI diciéndonos a las mujeres como hacer el feminismo? ¿Ves a los negros diciéndonos como hacer el feminismo? ¿Ves a los inmigrantes diciéndonos como debemos hacer el feminismo? ¿O a los árabes? ¿O a los Mapuche? Y no estoy preguntando por la gente desmovilizada, que la vida solo le pasa por encima. Estoy diciendo, incluso y especialmente si son académicos e intelectuales, militantes y activistas.

No lo verás, al menos no de la forma generalizada con la que verás a hombres, heterosexuales, blancos, ilustrados, nacionales que por norma general hacen eso. Gozando de sus privilegios, sin dar real cuenta de ellos. Y que por cierto, como la única condición de subordinación que encarnan es la de clase, muchos la ponen como la primera y última, como aquella que explicará todas las otras, que jerárquicamente será la punta de lanza de todas las luchas. Lo cual es muy interesante por dos razones.

Primero, porque si hicieran un leve esfuerzo intelectual que los desplazara unos milímetros de su zona de confort ideológica, verían con cierta claridad que la estructura de dominación podría perfectamente tener como meta relato el colonialismo o el patriarcado, de la misma manera que la clase. Los fenómenos de la racialización de la esclavización moderna, y del ordenamiento de relaciones sociales hegemónicas en base a prototipos raciales. Es decir, la colonización que inaugura la modernidad, la colonialidad que estructura lo “desarrollado, industrializado, elevado, culto, científico, democrático, superior, ario, occidental, hegemónico; respecto de aquello inferior, en vías de desarrollo, salvaje, terrorista, subdesarrollado, exótico, supersticioso, paupérrimo, oriental, negro, indígena, mestizo, árabe, asiático, etc., perfectamente podría ser vista como punta de lanza de todos los procesos de dominación, subordinación, explotación.

Además es evidente que esa explicación sería por lejos mucho más representativa del mundo, que las particularidades del proletariado en sus albores de la Inglaterra decimonónica, y les guste o no, también en su desarrollo posterior, donde había que agudizar las contradicciones para que hubiera revolución, produciendo proletariado (y por lo tanto produciendo capitalismo y burguesía) donde no los había porque predominaban las formas oligárquicas propias del latifundio y otros. Y discúlpenme pero inclusive hasta nuestros días, dónde es cosa de pegar una miradita al mundo y notar que, la mayoría de la población no responde en lo absoluto a una descripción proletaria.

Y en segundo lugar porque la lucha de clases jamás ha tenido dentro de sus objetivos la liberación de la mujer. Punto. Ya está bueno con esa historia de que con la disolución del capitalismo vendrá la disolución de todas las formas de subordinación, porque no es cierto y nosotras lo sabemos. Porque, por una parte, no depende de la disolución del capitalismo, sino de los actores involucrados en el nuevo poder y la toma de decisiones tras un proceso revolucionario, y estamos claros en que eso no forma parte de vuestras prioridades; y porque nunca ha sido parte de los objetivos de la lucha de clases. Y esto es clave porque tampoco debiera serlo, necesariamente. Salvo que entendieran que la división sexual de roles sociales realizada en los inicios del capitalismo aseguró antes que la división entre burgueses dueños de los medios de producción y proletarios desposeídos de estos reducidos a fuerza de trabajo; una división entre hombres con acceso al espacio público, a la administración económica y de bienes materiales, a la obtención de salario por su trabajo y al derecho legal sobre las mujeres y los hijos (la prole), mientras que a las mujeres se las destinó al mundo doméstico, de la crianza y el cuidado, en lo que vino a llamarse labores domésticas, como un “no trabajo”, sin acceso a remuneración, ni administración de bienes, supeditada al hombre para poder hacer la tarea invisible de la historia, a decir, la reproducción de la fuerza de trabajo.

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En este sentido, de la misma manera, no han hecho el esfuerzo de pensar el modo en que la división de género, es decir, del ordenamiento de los roles sociales establecidos a partir de la división sexual, puede estar a la base de toda las estructuras de dominación, subordinación y explotación de la historia humana. Puesto que esta división es previa a cualquier establecimiento de ordenamiento religioso, militar, político o económico. Es decir, antes que definir si capitalista o socialista o comunista o anarquista o socialdemócrata; si monarquía o democracia, si guerra o paz, si iglesia católica apostólica y romana o protestante, si conquistar o no,  antes que moros y cristianos, antes que presidencialismo o parlamentarismo, etc. lo primero que se definió: es que esa era una discusión de hombres, en instituciones fundadas por hombres, con reglas definidas por hombres, al interior de la historia “del Hombre”. (Ay que ganas tenía de decir esto)

Luego, inclusive si están de acuerdo con la lucha feminista, más allá de la diferencia entre el feminismo como sujeto histórico político y los feminismos como acumulación de fuerzas de las diversas corrientes y olas que la atraviesan, o incluso más allá de las profundas cercanías ideológicas con gran parte del feminismo que es marcádamente materialista y que no deja de trabajar en una perspectiva de lucha de clase; tal parece que, aquellos de ustedes que llegan a sortear la falsa dicotomía entre “si la revolución no será socialista, no lo será” y “si la revolución no será feminista, no lo será” y que finalmente logran abrazar la lucha feminista, no pueden sino, hacer todo tipo de esfuerzos por protagonizarla. Y entonces, es tal su convicción, que se esmeran en dirigirla, encausarla, condicionarla, establecer sus límites, razones, causas, motivos, efectos, soluciones, y por supuesto, decirnos a todas nosotras como debe ser llevada.

A mí, bajo ningún punto de vista se me ocurriría decirle a la Disidencia sexual cuál es la verdadera disidencia sexual. Tampoco veo como una generalidad a compañeras feministas haciéndolo. Y eso que entre feminismo y LGTBI tenemos una relación profundamente estrecha, con roces, cruces y todo, pero también mutuo apoyo. Y yo entiendo que las luchas de la disidencia sexual tocan a toda la sociedad, que incluso los heterosexuales nos podemos beneficiar de sus luchas. Sin embargo, no pierdo de vista mi condición privilegiada, porque aunque por curiosidad yo haya estado sexualmente con mujeres, no puedo ser tan inconsciente respecto de la enorme diferencia entre ser la trans, la trava, la lesbiana, el gay, el andrógino, asexuado, etc., respecto de solo ser algo curiosa sexualmente hablando. A mí, nadie me va desconocer un nombre social, ni me van a discriminar para un trabajo determinado por esa causa. No tengo por destino estadístico y del abandono social, la mayor probabilidad de dedicarme a la prostitución. Entonces desde el reconocimiento de mis privilegios, me paro y asumo que solo puedo apoyar y no dirigir, que hay otras áreas donde me corresponde intervenir directamente, pero en esa por ningún motivo. Solo apoyar en el margen.

Lo mismo con cualquier lucha en donde soy capaz de reconocer mi posición privilegiada. Mi identidad es de mujer, proletaria, latinoamericana, mestiza hasta cierto grado, pobre, golpeada por la dictadura, poliamorosa. Es situada. Pero también en cierto grado, es blanca, occidentalizada, ilustrada, heterosexual. Y reconocer eso, es reconocer mis aspectos de subordinación al mismo tiempo que reconozco mis privilegios. Por lo mismo, no le voy a decir a un mapuche -con la excusa de mi “mestizaje”- cual es la verdadera lucha que deben librar. Tampoco a un inmigrante, ni a un negro, ni a un/a trans. Observa a tu alrededor y date cuenta de quienes hacen eso. Son principalmente los machos de izquierda. Convencidos de la supremacía de sus posicionamientos, acostumbrados a sus privilegios incuestionados y muy distantes de otras implicancias distintas de la clase. Lamento que te ofenda el término, pero a mí me interesa que lo revises, no solo tú, sino todos los que asumen esa postura que tú exhibes hoy, la de machito de izquierda.

Cuando haces una defensa de tu derecho a opinión y a crítica, solo ejerces tu derecho histórico de superposicionarte ante mí y mis compañeras. Cuando dices cosas como “la verdadera lucha”, “el verdadero feminismo” “el feminismo liberal que vemos ahora” “las contradicciones del feminismo actual…” “¿Por qué en vez de hacer esto, no hacen esto otro?” “¿Por qué no dejan participar en la toma a los hombres?” Lo que no están entendiendo es que no les corresponde definir los objetivos de nuestra lucha, ni las estrategias, ni los por qué, ni los cuándo, ni los cómo. Sencillamente eso no les compete porque ignoran profundamente lo que significa “ser mujer” y como se vive “ser mujer” en esta sociedad, en tanto proceso intersubjetivo y de construcción sociocultural. Si tienen alguna intención de apoyar el feminismo, guarden la debida distancia y el debido silencio. Lo único que ustedes deben transformar en esos términos, son sus actitudes hacia nosotras, nada más. Es decir, ¡A ustedes mismos! Nada más. No les toca. Siempre les tocó a ustedes liderarlo todo. Hoy no. Hoy somos nosotras. Supérenlo. No pasa nada.

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Cuando dices “Feminismo Top Style. Eso es. Chirimoya con agua” “día de la madre, ahí guateó el feminismo” “uy, cuidado, no se vayan a enojar las feministas” “¿Por qué ese afán de mostrar las tetas?”, “pendejas que no cachan nada, que nunca han agarrado un libro”, déjame decirte que haces gala de tus privilegios ilustrados y de libre expresión, sobre un sector de la población que nunca ha tenido tal derecho, desconociendo y haciendo la vista gorda a las condiciones inequitativas de orden material, simbólico y estructural de acceso a una educación significativa. Porque mientras, tú ¿Desde cuándo tuviste acceso a buenos libros? ¿Acceso a conversaciones con contenido político? ¿Al derecho a salir a la calle? ¿A expresar una opinión? ¿A militar? ¿A aprender a defenderte argumentalmente y físicamente? ¿A vivir solo? ¿A no tener que darle explicaciones a nadie? ¿A no tener hora de llegada? ¿A resolver tus propios problemas de forma independiente? Mientras nosotras lavábamos ropa a mano, le hacíamos la comida a los hermanos, paríamos, amamantábamos, nos mandaban a callar, o nos ganábamos una golpiza por “no estar de acuerdo” con nuestras parejas, con la venia de la familia de él y muchas veces de la nuestra. En el colegio nos enseñaban a tejer ajuares mientras a ustedes de electricidad y motores; nos mandaban a darle bote a la pelota y jugar al pillarse mientras a ustedes les sacaban el jugo con deporte, nos hablaban de cerrar las piernas y de hacerse respetar, mientras a ustedes les hablaban de ingreso a la universidad, matemáticas y filosofía. Ustedes leyeron a Marx o a Nietzsche mientras nosotras veíamos teleseries con nuetras madres, sacándole piojos a los hijos o ayudándolos con la tarea.

Nosotras, en términos históricos, estamos descubriendo esas cosas. Desde el derecho a argumentar hasta el placer que hay en ello. ¿Nos vas a comparar con “las verdaderas feministas”? ¿Nos dirás como debe ser la verdadera lucha? No harás sino exactamente lo mismo que hacían tus congéneres, de partido y del sindicato, cuando las mujeres trabajadoras y socialistas en los años 70 lucharon por la igualdad salarial contra la Ford en Estados Unidos: Infantilizarnos, menospreciarnos, ignorarnos, ridiculizarnos y sobre todo, ponernos la pata encima.

Pues ya basta. En todos los planos. Tendrán que enterarse de que esto se acabó. Ustedes no nos dirán cómo hacer las cosas, cómo llevar nuestros procesos, a qué le daremos importancia, cómo jerarquizaremos nuestras necesidades, qué estrategias nos harán sentido, o bajo qué consignas y vindicaciones nos vamos a identificar. Estamos hablando de nuestros úteros, nuestras tetas, nuestras subjetividades, nuestras experiencias de violencia sexual, económica, psicológica, física, verbal, escolar, legislativa, judicial, empresarial, familiar, doméstica, callejera, obstétrica, comercial, laboral, sindical, estudiantil; encarnada en nuestro cuerpo, en nuestra subjetividad, en nuestra biografía, en nuestras relaciones, en nuestros cicatrices, en nuestros miedos y hoy, en nuestro desplegar de alas, que se presenta frente a tus ojos.

Alégrate compañero y solo mira, observa como por primera vez abrimos nuestras alas, juntas y contentas. Alégrate de que esta vez no sea una pequeña élite, sino muchas de nosotras, en distintas generaciones, estratos, colores, condiciones. Alégrate de que esta vez se trata de nosotras y no de ti.

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(*) Cote Avello es Poeta, socióloga, dibujante, pintora, cantante. http://www.coteavello.wordpress.com

 

 

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¿HACIA DÓNDE VA LA ECONOMÍA EN ARGENTINA? Por Julio Gambina

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09x2-El mate del pintor+El pajaro cantaEl gobierno tuvo que modificar las metas de inflación para el 2018 y de una evolución de precios pronosticada en torno al 10%, la pauta se corrigió al 15%. Muchas especulaciones se tejen alrededor del anuncio y existen quienes imaginan nuevos cambios de personajes en el “equipo” económico, de lujo como ellos lo venden. Circuló incluso que el Presidente del BCRA tenía las horas contadas. Más allá de que eso ocurra lo que interesa es discernir lo que acontece. En ese sentido puede pensarse que el gobierno tiene un diagnóstico errado de la situación económica, no solo local sino mundial. No se trata de la herencia recibida sino de las tendencias locales y globales de la actividad económica en el presente y desde hace varios años.

Desde lo global existen enormes incertidumbres, desde las amenazas nucleares a los juegos de guerra de los que disfruta Trump, hasta las especulaciones con las tendencias financieras, muy especialmente con las subas próximas de las tasas de interés en EEUU, ya bajo administración amiga del ejecutivo estadounidense. La inestabilidad del sistema mundial es una de las constantes de nuestro tiempo y por ende no alcanza con ideología pro mercado para atraer capitales. Desde la CEPAL se informa que las tendencias mundiales cambiaron y si nuestra región estaba entre los principales destinos de las inversiones externas en la década pasada, eso ya no ocurre. Otros territorios son apetecidos por los inversores globales, especialmente los que dominan y disputan el sistema mundial del capitalismo.

No alcanza con el discurso pro mercado para que los capitales se aventuren sobre la Argentina o Nuestramérica, e incluso es dudoso que ello fuera beneficioso para atender las necesidades de la mayoría de nuestra sociedad. En todo caso, esos inversores demandan se realicen ajustes que abaraten el costo de producción y mientras tanto aprovechar la disposición a la valorización financiera derivada del endeudamiento externo. En efecto, ni bien comenzado el año y con horizonte de ajustes y cambios reaccionarios, el ministro de Finanzas colocó bonos por 9.000 millones de dólares a 5, 10 y 30 años, con tasas más bajas que hace un año, pero más altas que las que pagan los países vecinos u otros que se endeudan por estas horas en el mercado mundial. Argentina sigue siendo riesgosa y por eso es negocio para la especulación global con elevadas tasas de interés que se abonan con recursos fiscales que se restan principalmente al gasto social.

Hemos escrito en anteriores ocasiones que hay presiones desde la derecha, de adentro y de afuera del gobierno para acelerar el cambio, o sea el ajuste fiscal, previsional y laboral, de lo contrario el país ingresará en territorio complicado, sea por la inflación, el “atraso” del tipo de cambio o los déficit gemelos. Para traducirlo en lenguaje corriente, lo que se pretende apunta a inducir un control sobre los ingresos populares, sea conteniendo las demandas salariales por negociaciones colectivas, disminuyendo las actualizaciones de ingresos, caso de las jubilaciones o beneficios sociales y apurar el retiro de los subsidios a los servicios públicos. Imaginan mayor aumento de las tarifas de electricidad, agua, gas, transporte, etc. Pretenden un dólar más competitivo para las exportaciones, aunque ello suponga encarecimiento de importaciones y del costo de vida. Claro que todo ello supone la baja del gasto, especialmente el social y una mejora en la recaudación induciendo beneficios para las ganancias.

El límite es la protesta social y el descontento, lo que se expresa en la fuerte conflictividad social y cierta merma en la confianza y el consenso a la política oficial. Esto amenaza la continuidad del proyecto político, y por eso el gradualismo del sector más “político” en el gobierno, que contrarresta a los juramentados de la ortodoxia y demanda tiempo para cumplir con los objetivos de máxima para una inserción virtuosa de la Argentina en el capitalismo mundial.

Un problema es el financiamiento de esa política y como no acuerdan con la emisión monetaria exacerbada, entonces apuntan al endeudamiento y prorrogan las soluciones para el mediano y largo plazo. Lo que importa es mantener el consenso presente a un gobierno de derecha que por primera vez accede a la gestión pública con el voto de la sociedad. Esa es la apuesta para el logro del objetivo de máxima. En ese camino necesitan ampliar el consenso y si no pueden por la política, el discurso ideológico y cultural, no dudan en la represión. Disciplinar al movimiento popular, de larga trayectoria en la Argentina es preocupación central de las clases dominantes. El rumbo económico lo construyen más allá de sus problemas, con consenso o coerción, con el objetivo de la maximización de la ganancia para la acumulación y la dominación.

El modelo productivo en el fondo

No solo se trata de las cuentas públicas, sino de la orientación de la producción, la distribución, el cambio o el consumo, que por décadas construyó una inserción subordinada a las transnacionales del agro-negocio y la energía; la industrialización dependiente para la exportación y la especulación sobre a base de la extranjerización del sistema financiero y el deliberado endeudamiento externo. Aquí está el meollo de la cuestión, ya que no alcanza con discutir la ecuación macroeconómica, sea el PBI, el Consumo, la Inversión, o el saldo del comercio externo; sino que se requiere discutir el modelo productivo y de desarrollo, en especial vinculación con definiciones a asumir regionalmente y en un marco de integración no subordinada.

Es claro que se trata de una cuestión política, ya que el debate debe superar el límite de lo posible sustentado desde el oficialismo y la oposición sistémica, que cunado mucho discute quien gestiona el orden capitalista. Se trata de discutir precisamente el orden capitalista y confrontar con la ilusión de avanzar en el camino de reformas posibles al orden contemporáneo. La posibilidad de defender y ampliar derechos sociales, económicos y culturales de la mayoría de la sociedad implica discutir las bases materiales que organizan la cotidianeidad y especialmente nuestra superestructura social, ideológica, cultural y política. Por eso hace falta una gran batalla económica, política y sobre todo cultural, como desafío en la disputa de la conciencia social para confrontar las miserias a que nos condenan con la política económica en curso. Que no solo se escuche la presión por derecha para más ajuste, sino que se haga oír la voz consciente de quienes aspiran a una sociedad emancipada.

Buenos Aires, 5 de enero de 2018

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Julio C. Gambina
Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP
Montevideo 31, 2º Piso CP 1019ABA. Ciudad de Buenos Aires.
Teléfono: (54 11) 4381 5574 / 6088 9949
visitá mi blog www.juliogambina.blogspot.com

Razones para NO avalar el Primer Informe sobre la Implementación del Acuerdo Final realizado por el Instituto Kroc de Estudios Internacionales de la Paz por José Francisco Puello-Socarrás

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El pasado jueves 16 de noviembre de 2017 fue dado a conocer ante la opinión pública nacional e internacional, el Informe sobre la Implementación que el Acuerdo Final firmado entre el Estado colombiano, a través del Gobierno Nacional y las FARC, encargara al Instituto Kroc de Estudios Internacionales de la Paz de la Universidad de Notre Dame, EE.UU. (Informe Kroc).

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La delegación de las FARC con asiento en la CSIVI conoció preliminarmente la metodología, los productos y los resultados correspondientes al primer informe, a través del equipo responsable de la Iniciativa Barómetro, programa comisionado para valorar la implementación del Acuerdo de Paz en Colombia y el balance actualizado de este proceso, hoy en curso.

Después de analizar el contenido del primer Informe Kroc, la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, decidió NO AVALAR esta primera entrega del Informe en razón a las múltiples dificultades identificadas, asociadas principalmente con los criterios metodológicos utilizados por el Instituto Kroc en sentido general, aunque más puntualmente con aspectos problemáticos que son parte del contenido, especialmente, las conclusiones exhibidas por este documento. Más

ARGENTINA: ESPERANZAS EN LA ADVERSIDAD. Por Claudio Katz

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Cuatro temas se debaten en la militancia luego del triunfo de Cambiemos. El avance del oficialismo, la crisis del peronismo, el devenir del kirchnerismo y el futuro el FIT.

Es evidente que el gobierno logró una significativa victoria. Mejoró su perfil de las PASO, amplió su dotación de legisladores, se impuso en cinco provincias estratégicas y sumó distritos del interior. Cimentó esa expansión en un descarado sostén mediático. Nunca la prensa hegemónica estuvo tan alineada y pocas veces manipuló la información con tanto desparpajo.

El mismo servilismo se extendió a la justicia que sólo destapó casos de corrupción favorables al gobierno. Hizo desfilar por Tribunales a funcionarios de la gestión anterior, cajoneando las causas que salpican a la administración actual. De Vido y López ya está en prisión, pero Arribas, Caputo, Aranguren y la familia Macri continúan sus desfalcos.

El gobierno construyó un relato que atribuye al kirchnerismo todas las desventuras de Argentina. Ocultó la alta participación de sus equipos en los desastres anteriores del menemismo y la Alianza. Con ese disfraz propagó ilusiones en un futuro venturoso y repitió el habitual éxito electoral de los oficialismos, en la mitad de sus mandatos.

Macri desactivó además la continuidad de las protestas sociales disciplinando a la burocracia sindical. Utilizó la chequera y las amenazas de prisión por los negocios turbios. El encarcelamiento del “Pata” Medina fue una advertencia a toda la cúpula. Aprovechó también algunos signos del prometido rebote económico. Ese desahogo se financia con el mismo endeudamiento que incubó los grandes colapsos de la economía.

 

                       SINGULARIDADES DEL MACRISMO    

 

Cambiemos se apropió de muchos votantes de la oposición amorfa. Numerosos seguidores de Urtubey, Schiaretti o Massa optaron por el apoyo directo a Macri. Abandonaron la copia a favor de una versión original del mismo proyecto.

Al cabo de dos años de deterioro social fue importante el caudal de votos amarillos proveniente de los sectores empobrecidos. Esa convalidación electoral por parte de las víctimas del ajuste no es una novedad. Ya ocurrió durante el menemismo.

Quiénes dominan la economía, controlan las instituciones y alimentan la ideología vigente suelen prevalecer también en las urnas. El capitalismo funciona de esa forma en todo el mundo. Es una ingenuidad suponer que los oprimidos están naturalmente inclinados a votar contra la derecha.

Lo novedoso en Argentina es la forma descarnada que asume actualmente el gobierno de los poderosos. Macri es un exponente directo de la clase capitalista. Expresa una variante peculiar de las distintas modalidades de la restauración conservadora en América Latina. No encarna el derechismo continuado de México o Colombia, ni el golpismo institucional de Brasil, Paraguay u Honduras. A diferencia de Temer recurre al sufragio y no gestiona con el descreimiento que rodea a Santos o a Peña Ñieto. Pero como todos sus pares preside una plutocracia contrapuesta a la soberanía popular.

Cambiemos es una construcción de marketing con pilares ideológicos desdibujados. Ha perfeccionado la tecnología del engaño, la retórica new age y las mitologías del individualismo. También utiliza el viejo arsenal del conservadurismo para recolectar votos con políticas sociales, punteros y gasto público. Carrió aporta su cuota porteña de liberalismo gorila a ese combo.

Macri no encabeza una dictadura pero construye un régimen represivo. La desaparición forzada de Santiago Maldonado desmiente cualquier parentesco con una “derecha democrática”. Con su triunfo electoral aleja el fantasma del helicóptero e imagina una reelección. Pero deberá recorrer un largo trecho para estabilizar su proyecto. El mapa del PRO no se equipara aún con la hegemonía forjada por Menen.

El ocupante de la Casa Rosada necesita un ciclo de crecimiento continuado basado en inversiones que no despuntan. Hasta el momento los grandes bancos y empresas no ofrecen contrapartidas a su apropiación de los recursos del país. Primero reclamaron fortaleza electoral y ahora demandan doblegar la resistencia popular. Macri intentará cumplir con esa exigencia.

 

RESISTENCIAS SOCIALES Y DEMOCRÁTICAS

 

En pocos países existe el nivel de luchas que se observa en Argentina. La clase dominante pretende demoler ese invalorable activo del país. El macrismo debió aceptarlo en su primer bienio y por eso recurrió al denominado gradualismo. En lugar de un shock brutal ensayó atropellos acotados.

Las marchas multitudinarias, la CGT sobrepasada, el paro masivo y los frecuentes piquetes limitaron el alcance de la agresión. El gobierno pretende ahora utilizar su nuevo capital electoral para erosionar esa combatividad. Macri ya negocia con la burocracia sindical una flexibilización laboral que repite los nefastos parámetros de los 90.

Como ningún ataque de ese alcance se consuma sin represión, la respuesta democrática frente al crimen de Maldonado desafía los planes oficiales. Repitiendo la reacción que revirtió el dos por uno, las movilizaciones congregaron multitudes. La valiente actitud de la familia de Santiago no sólo renueva la tradición de las Madres. También permitió desplazar al encubridor juez Otranto.

Un barómetro de este impacto fue el atípico fin de campaña que generó el descubrimiento del cadáver. Cesaron los actos, imperó el silencio y el gobierno debió renunciar al festejo de su victoria. Las hipócritas condolencias de Macri desataron el repudio en vivo de la familia y las canalladas de Carrió generaron la misma indignación.

Esa conmoción no tuvo sin embargo efectos electorales. El gobierno lucró con las sospechas de un simple ahogo en las vísperas de los comicios. Pero el caso sigue abierto y salta a la vista la culpabilidad de la gendarmería.

Macri está empeñado en apañar a los criminales, pero la reacción popular limita sus planes. Sus fuerzas policiales vacilarán a la hora de retomar los desalojos que condujeron a la muerte de Santiago.

Habrá que ver a mediano plazo como sobrelleva el macrismo el estigma de Maldonado. El desenlace de Kostecki-Santillán neutralizó la acción represiva y Macri ha quedado mal parado para repetir las maniobras de Menen con Carrasco o Duhalde con Cabezas. ¿Cargará con la misma cruz que abrumó a Ibarra (Cromagnon) o a Cristina (Once)? ¿Afrontará como Aznar (Atocha) las consecuencias de manipular una mentira?

LA CRISIS DEL PERONISMO

 

La principal novedad de los comicios fue la paliza electoral que sufrió el peronismo condescendiente con Macri. Este sector quedó desguazado por la polarización con el kirchnerismo. Quiénes explican el avance de Cambiemos por la “funcionalidad” de Cristina, no dicen nada de lo ocurrido con los justicialistas sometidos al PRO.

El peronismo ha quedado muy dividido y sin liderazgo, al cabo de tres derrotas electorales que convalidaron la pérdida del bastión de Buenos Aires. Afronta un dilema sin solución. Con Cristina no puede reunificarse para disputar el 2019 y sin Cristina carece de algún referente con caudal electoral

En este escenario se discute nuevamente si el peronismo resurgirá o enfrentará un prolongado declive. Como renació tantas veces, muchos pensadores descreen de la posibilidad de una declinación sostenida. Resaltan el alto número de sufragios que conserva reuniendo a todas sus variantes.

Pero la tesis opuesta evalúa una perspectiva de extinción como efecto retardado del 2001[2]. Señala que el peronismo sobrevivió a esa convulsión pero podría seguir los pasos de la UCR. El radicalismo se ha desmoronado y subsiste como formación subordinada al PRO. Esa desintegración sintoniza con el desplome de muchos partidos tradicionales de Europa y América Latina.

Un desbande semejante del justicialismo podría coronar la quiebra de su columna vertebral en el movimiento obrero organizado. La aguda fragmentación entre trabajadores formales e informales ha roto ese cimiento, generando las múltiples derivas de las últimas dos décadas. Ya el movimiento piquetero fue ajeno al peronismo y mantuvo fuertes tensiones con la burocracia de la CGT.

El nuevo sector de desempleados y precarizados carece de identificaciones definidas y lealtades electorales. Sostuvo a Cristina, cuando Massa arrastró a los trabajadores descontentos con el mantenimiento del impuesto a las ganancias. Pero también nutrió el reciente crecimiento de Cambiemos. Las mismas fluctuaciones se verifican en las provincias.

La fractura de la tradicional homogeneidad electoral peronista se observa también en los sectores medios bajos. Un segmento de esa franja acompaña la hostilidad al asistencialismo.

La crisis del peronismo se percibe también en plano ideológico. Frente a una identidad debilitada ya no se canta la marcha con la espontaneidad del pasado. Los candidatos justicialistas evalúan en cada ocasión, si conviene reeditar o silenciar la vieja liturgia.

Esta orfandad afecta la capacidad del peronismo para adaptar su acción a la dirección del viento. Asimilaron la democracia con Cafiero, el neoliberalismo con Menen y el progresismo con Kirchner. Pero nadie sabe cómo continuar ese amoldamiento. En lo inmediato sólo existe un gran vacío, que el oficialismo profundiza con propuestas de cooptación a los dirigentes más dependientes del padrinazgo estatal.

 

EL DEVENIR DEL KIRCHNERISMO

 

Cristina desmintió con una buena elección la intención macrista de consumar su demolición. Mantuvo una presencia significativa que sintoniza con la popularidad de su mandato. Pero la derrota frente a Bullrich pone en serio entredicho sus posibilidades de repetir el rumbo seguido por Lula en Brasil. Sus chances de disputar con éxito las presidenciales del 2019 han disminuido drásticamente.

Ese dato afecta la perspectiva de un rápido retorno del ciclo progresista. Quienes suponían muy próxima esa restauración olvidaron que ese periodo fue consecuencia de exitosas rebeliones populares. El eventual reinicio de esa etapa exigiría levantamientos del mismo alcance y resultado.

La mirada puramente electoral impide registrar ese trasfondo de confrontación social. Las clases dominantes apuestan fuerte por sus gobiernos derechistas y no reducen ese sostén al recuento de votos. Si no son derrotadas en la calle mantendrán por una u otra vía a sus presidentes y ministros. Los conservadores cuentan además con una base social de clase media, cuya neutralización requiere forjar fuerzas populares beligerantes de mayor densidad.

Cristina afronta esta adversidad sin definir estrategias. Nadie sabe si apuesta al liderazgo dentro del peronismo o a la construcción de una corriente de centroizquierda. En la campaña coqueteó con ambas opciones y reafirmó su intención de recrear alianzas con sectores conservadores. Esa política obstruye cualquier batalla real contra el macrismo. La retórica combativa de CFK contrasta con sus actitudes prácticas de disuasión de la lucha.

El kirchnerismo omite además una evaluación crítica de su gestión. Evita revisar por qué mantuvo los privilegios de los grupos dominantes, bloqueando las transformaciones sociales requeridas para erradicar el subdesarrollo y la desigualdad.

Cristina se apoyó en la clase media progresista sin encarar disputas frontales con los caceroleros derechistas. Amplió los socorros a los empobrecidos preservando el desempleo y la exclusión. Concedió ciertas mejoras a los asalariados chocando con el movimiento sindical.

A diferencia de otros gobiernos progresistas soslayó la creación de un nuevo movimiento político. También convalidó un nivel de corrupción superior a sus equivalentes regionales. Frente a la ofensiva derechista mantuvo una actitud más próxima a la resignación de Dilma, que a la resistencia activa de Evo o Chávez. En lugar de defender a Maduro frente al acoso del imperio, lo acusó de vulnerar el estado de derecho.

Unidad Ciudadana no fue concebida para frenar al macrismo en la acción directa. Pero tampoco se perfila como la fuerza electoral que permitiría desplazar a Cambiemos. Esa constatación genera replanteos en todo el kirchnerismo.

Las vertientes más radicales atribuyen muchos desaciertos al autoritarismo de Cristina. Pero ese estilo de conducción es congruente con las tradiciones del peronismo. También promueven un giro a la izquierda que incorpore componentes anticapitalistas a ese proyecto.

Pero a diferencia del chavismo el kirchnerismo siempre convalidó explícitamente el orden burgués. Se mantuvo alejado de los viejos ideales de la “Patria Socialista” que enarboló la JP en los años los 70. Por esa razón nunca hubo espacio allí para gestar una corriente de izquierda. La trayectoria de Nuevo Encuentro ilustra ese fracaso y lo que no surgió en la última década tampoco se avizora para el futuro. Quienes bregan por objetivos anticapitalistas deberían concentrar sus energías en otro campo.

 

LAS POSIBILIDADES DE LA IZQUIERDA

 

El FIT sumó 1.200.000 votos, incrementó un 40% el caudal de las PASO y aumentó sus bancas en las legislaturas. Aguantó la polarización en Buenos Aires obteniendo dos diputados y volvió a conquistar sorprendentes resultados en algunas localidades del interior.

Su avance en Santa Cruz retrata un procesamiento por izquierda de experiencias directas con el kirchnerismo. El éxito en Jujuy demostró cómo canalizar el rechazo al gobernador más represivo del oficialismo. El desenmascaramiento de Carrió en el debate televisivo sobre Maldonado impactó sobre un público distante de la izquierda.

El FIT consolida una presencia de varios años con identidades socialistas al alcance de la población. Refuerza un numeroso segmento militante y se ubica en la primera fila de la batalla contra el ajuste.

Esta influencia es prometedora. Sus candidatos recibieron el inédito apoyo de una franja de la centroizquierda no K. El pronunciamiento suscripto por Lozano, Bergel y Swampa ilustra cómo cierto vacío imperante en ese espacio fue capturado por el FIT. Este impensado episodio rompe con prejuicios de varias décadas.

Algunas corrientes de la izquierda independiente explicitaron en otra declaración el mismo apoyo. Este sector perdió en los últimos años la relevancia conquistada al calor del 2001. La maduración política de la militancia social, la participación en elecciones y la experiencia kirchnerista afianzaron dos ámbitos de intervención -el cristinismo y la izquierda partidaria- en desmedro de la diversidad inicial de agrupaciones.

Otras opciones persisten pero no fructifican y la concentración de la oposición en esas dos formaciones tiende a consolidarse. Como las definiciones electorales ordenan gran parte de la estrategia política, resulta imperioso clarificar convergencias con uno u otro espacio.

Ese empalme no implica aceptar el horizonte de Unidad Ciudadana o el FIT. Tampoco exige la disolución en esos campos o la renuncia al proyecto propio. Pero supone una insoslayable elección entre los dos principales senderos de intervención. Esta definición orienta la acción política más allá de cualquier controversia sobre el voto útil en una disyuntiva presidencial.

Son muy conocidas las divergencias que distancian a la izquierda independiente del FIT. La actitud frente a Venezuela y Cuba suscita tantas diferencias, como la obstrucción a las tradiciones de la izquierda no trotskista. Basta registrar que ni siquiera prosperó la asimilación de dos vertientes de ese mismo tronco (nuevo MAS y MST).

Pero la forma en que pudo desenvolverse la corriente Poder Popular en la reciente campaña abre nuevos caminos para explorar confluencias. Estos empalmes serían más provechosos que voto pasivo y de último momento por el FIT.

Seguramente aflorarán nuevas divergencias tácticas. Ha sido controvertida, por ejemplo, la decisión de votar el desafuero de De Vido en lugar de la abstención. Pero el interrogante de mediano plazo es la potencialidad del FIT para canalizar un eventual declive del peronismo.

En varios momentos de la historia la izquierda asomó como posible sucesora de ese movimiento. El justicialismo siempre fue utilizado por la clase dominante para bloquear la implantación del socialismo revolucionario entre los trabajadores. Esa penetración vuelve a despuntar luego de la experiencia con el kirchnerismo.

Es un gran interrogante la capacidad del FIT para capturar un posible giro a la izquierda. Ese frente todavía no afrontó pruebas políticas más complejas que la valiente intervención en la lucha sindical o democrática. El ejercicio de un cargo ejecutivo surgido de los comicios plantearía problemas de otro alcance. Esos desafíos estarán a la orden del día si el FIT logra consumar un salto hacia configuraciones masivas.

 

ESTADO DE ÁNIMO

 

Macri apuesta a la desmoralización del movimiento popular para imponer el ajuste. Esa depresión anímica es un ingrediente esencial de su estrategia. No pudo desactivar la resistencia por la convicción que exhibieron los manifestantes y los huelguistas.

Ahora busca crear una sensación de derrota e inevitable avance del neoliberalismo. Por eso magnifica su triunfo electoral, difundiendo la impresión que gobernará junto a una imbatible ola amarilla. Resulta indispensable desmistificar esta creencia ilustrando los límites y las contradicciones del oficialismo.

La sensación de pesadumbre es intensa en las franjas del kirchnerismo que imaginaron un glorioso retorno a la Casa Rosada, junto al abrupto declive del PRO. El escepticismo es la peor respuesta a esa errónea evaluación. La derecha propicia destructivas autocríticas de sus adversarios para que bajen las banderas.

El macrismo se nutre de esa depresión pos-electoral. En el progresismo no se valora adecuadamente la enorme potencialidad de resistencia social, en torno a la militancia forjada en los últimos años. En un momento de grandes peligros y oportunidades conviene recuperar la lucidez y la esperanza.

 

Claudio Katz es Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su página web es: www.lahaine.org/katz

[2]Torre, Juan Carlos, Los huérfanos de la política de partidos revisited http://panamarevista.com/los-huerfanos-de-la-politica-de-partidos-revisited/

 

COLOMBIA: EL DOLOR QUE ENLUTA LA PAZ. Por Carolina Jiménez Martín

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170210_gc936_fabio4_sn635La paz está en peligro. Esa fue la expresión utilizada por Pablo Catatumbo, dirigente del nuevo partido político FARC, en un foro en la Universidad Nacional, en el cual se discutía la transición política de las FARC-EP y el estado de la implementación de los Acuerdos de Paz. La masacre de 15 campesinos en el municipio de Tumaco (departamento de Nariño) que se oponían a la erradicación forzada de los cultivos de coca y exigían la construcción participativa de un programa de sustitución voluntaria, tal como se establece en el Acuerdo Final, y en el decreto ley que crea los PNIS y el PISDA, es una de las expresiones más dolorosas e indignantes que dan cuenta de la alerta señalada.

El dolor que nos embarga, ante este crimen cometido por las fuerzas armadas del Estado colombiano, nos impulsa a proponer una serie de discusiones, que, aunque se han venido construyendo en diferentes espacios sociales, aún no logran tomar la fuerza vital que se requiere para salvar la Paz.

El balance del proceso de implementación resulta a todas luces desalentador y expresa el anquilosamiento de las clases dominantes, que encuentran en una efectiva implementación de lo acordado una amenaza a sus privilegios afianzados por los órdenes de Guerra. Las clases dominantes colombianas, que como bien las caracterizó Antonio García,

(…) las clases ricas —o más estrictamente, las oligarquías que se forman dentro de esas clases— no arriesgan ni juegan sus intereses económicos ni sus privilegios sociales, poniéndolos en manos de otras clases que, no teniendo sus intereses ni privilegios, constituyen “el poder de la mayoría”. La estrategia de las clases ricas se ha orientado, en los últimos años, hacia este objetivo: neutralizar o desbaratar “el poder de la mayoría” por medio de la coerción psicológica, de la corrupción o de la fuerza. La coerción se realiza por medio de una propaganda impulsada por todos los resortes de la vida social y que opera sobre la psicología primaria y desarmada de un hombre sin factores culturales de resistencia. La corrupción y la fuerza son recursos estratégicos que el mundo ha tenido la oportunidad de conocer a través del capitalismo liberal o del capitalismo totalitario.

Y es justamente, el temor a la paz y al fortalecimiento del “poder de la mayoría”, el que permite explicar los múltiples obstáculos que la tecnocracia del gobierno, la clase política representante de esas oligarquías, los dirigentes del poder judicial, y por supuesto las estructuras paramilitares, le han impuesto a la implementación de lo acordado.

El balance normativo de la implementación es a todas luces problemático:

  • Los desarrollos en el punto rural son insuficientes, y en algunos casos han pretendido recortar lo Acordado. Quizá una de los elementos más problemáticos es la reticencia del gobierno a reconocer el criterio de focalización hacia las comunidades rurales más pobres y los pequeños propietarios o trabajadores agrícolas sin tierras.
  • Frente a Participación política, la discusión en Congreso ha limitado el alcance de la reforma política y pretende restar nivel de representatividad a las circunscripciones especiales transitorias de paz con la prohibición del voto a los electores inscritos en las cabeceras municipales. Y finalmente, la ley de participación ciudadana y reformas normativas para el tratamiento de protesta y movilización no se han podido tramitar con celeridad y la amplitud deseada.
  • La reincorporación económica y social no ha avanzado, y se advierte una intención gubernamental de individualizar el proceso en contravía del carácter comunitario que define la organización de este grupo social. El gobierno concentró sus esfuerzos en que las FARC-EP hiciera la dejación de las armas. Y olvidó su responsabilidad en generar condiciones de vida digna para la reincorporación. La negación a la formalización en la entrega de tierras es una expresión de esta actitud. Más alarmante resulta la imposibilidad de garantizar la vida de los y las guerrilleras. El asesinato de algunos de ellos y el abandono que debió hacer el grupo de Gallo (Córdoba) de su espacio territorial de capacitación y reincorporación, ante la amenaza paramilitar, advierten de esta situación.
  • Mención especial requiere el análisis de la reincorporación política. Pese a que las FARC-EP hicieron su transición a la vida legal democrática y constituyeron su partido político Fuerza Alternativa Revolucionara del Común. La clase dirigente se niega a reconocer su carácter político de actor legal democrático y en el marco de la discusión de la ley estatutaria de JEP quieren imposibilitar su participación en el proceso electoral del 2018.
  • La sustitución voluntaria y concertada quizá es una de las situaciones más dramáticas, tal como quedó reflejado de manera dolorosa, el pasado 5 de octubre. Las comunidades han denunciado una agresiva política de erradicación forzada y han llamado al Estado y las autoridades departamentales al cumplimiento de los establecido en el decreto ley 896 de 2017.
  • El Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y no repetición, incluyendo la Jurisdicción Especial para la Paz, advierte de una segunda renegociación, tal como se ha hecho manifiesto con las posiciones del Fiscal y de Cambio Radical frente a la discusión de la ley estatutaria de la JEP. Develando realmente, el temor de una diversidad de actores económicos y políticos que promovieron la guerra a que se sepa la verdad.
  • El presupuesto definido por el gobierno para financiar el Plan Marco de Implementación, resulta insuficiente para avanzar en una materialización efectiva de lo acordado. La cifra de los 129.5 billones contrastan con diversas estimaciones que han realizado centros de estudios y entidades, en las cuales se hablan de cifras que oscilan entre 200-400 billones de pesos.

Así las cosas, el balance es alarmante. El incumplimiento por parte del gobierno colombiano, así como los anuncios desde diferentes actores políticos sobre la necesidad de “Revisar lo acordado” y en el peor de los casos de “hacer trizas el acuerdo”, advierte frente a la incapacidad, o mejor aún la reticencia, de las clases dominantes a construir los mínimos para una democracia liberal. Esta posición retardataria denota como lo señalan las valiosas reflexiones de Pablo González Casanova, Mario Arrubla Yepes, Diego Montaña Cuéllar, Ruy Mauro Marini, entre otros, sobre el carácter colonialista y dependentista de estas clases dirigentes.

El peligro en que está la paz, requiere de la vitalidad del movimiento popular, de las organizaciones estudiantiles, juveniles, campesinas, urbanas, ambientalistas, LGTBI, de mujeres, de comunicación, afrodescendientes, indígenas, entre otras que se la han jugado históricamente por la construcción de un mundo justo. Hacer resurgir esta vitalidad es dignificar la lucha de esos 15 valientes que murieron en Tumaco a manos de las fuerzas represivas del Estado.

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Carolina Jiménez Martín es Docente del departamento de ciencia política de la Universidad Nacional. Investigadora del centro de pensamiento y diálogo político.

MALA FE. CÓMO IMPONE EVO MORALES MEGAPROYECTO A INDÍGENAS DEL TIPNIS. Por Azarug Justel y Marielle Cauthin

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Dedicado a las mujeres rebeldes y los hombres defensores del TIPNIS, a 6 años de la brutal represión a la VIII Marcha Indígena: Chaparina no se olvida. Exigimos justicia.

A partir de testimonios y vivencias del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), este artículo demuestra que el gobierno de Bolivia volvió a imponer la carretera Villa Tunari – San Ignacio de Moxos con actos de mala fe y desinformación, prometiendo proyectos a muchas comunidades e incumpliendo estos compromisos: ofrecieron semillas, techar sedes, atención médica, equipos como antenas, tanques de agua, paneles solares, y un sin fin de “espejitos” a cambio de obtener firmas. Estas firmas se consiguieron a través de engaños y fraude. Posteriormente se usaron para legitimar la anulación de la Ley 180 que protege al parque.

En este lapso el gobierno central también movilizó al aparato estatal de la gobernación del Beni (departamento donde se ubica el TIPNIS), de ministerios como Desarrollo Rural, Trabajo e incluso la petrolera estatal YPFB y -lo que es más preocupante- aplicó toda una estrategia de militarización de los ríos de la Amazonía, a lo largo del Mamoré, Isiboro y Sécure. Los hechos más dramáticos fueron la detención de dos comunarios y las reyertas con la organización indígena.

Estas mujeres y hombres indígenas de la Amazonía boliviana han sufrido represión, golpes, persecución, división y engaños pero continúan resistiendo hace más de seis años. Las imágenes, videos y audios que les compartiremos se han relevado en dos viajes consecutivos al TIPNIS durante agosto de 2017, momento en el que el proyecto carretero se ha reactivado.

Bloqueo indígena sobre el río Isiboro

Resistencia en la Amazonía

La carretera Villa Tunari – San Ignacio de Moxos es un proyecto vial que une los departamentos de Cochabamba y Beni con 400 kms. de carretera a través del corazón del TIPNIS. Este territorio, también llamado Loma Santa o Casa Grande por los indígenas, es un área titulada en beneficio de los pueblos Chimán, Moxeño y Yuracaré. Desde 2010 los pobladores denuncian la megaobra autorizada por Evo Morales y financiada en principio por el Banco de Desarrollo de Brasil (BNDES), que proyectó un costo de 1,3 millones de dólares por kilómetro. Fue adjudicada a la empresa brasileña OAS, ligada al partido de Lula Da Silva, y tras las protestas sociales el gobierno rescindió el contrato con ésta. Actualmente la obra sería ejecutada por una empresa municipal de Villa Tunari. De cualquier forma, fue impuesta sin consulta previa, libre e informada a los pobladores.

En 2011 se realiza la VIII Marcha Indígena de Tierras Bajas de Bolivia, fue reprimida con brutalidad por la policía en Chaparina el 25 de septiembre y descalificada por el gobierno; pese a ello, la marcha logró ingresar a la ciudad de La Paz, haciendo aprobar la Ley 180 de protección del TIPNIS que prohíbe la construcción de la vía. Por ello, esta Ley es el resultado palpable de un gran esfuerzo de los pueblos indígenas amazónicos. Nadie creía que el gobierno la invalidaría.

Evo y la política de “divide e impera”

Días antes de la abrogación de la Ley 180, las comunidades del territorio estaban en alerta. Llegaban confusas informaciones por la frecuencia de radioaficionado del territorio y por las emisoras como Santa Cruz, San Ignacio o Panamericana. El gobierno había logrado dividir a un pequeño grupo de comunarios a la cabeza de Domingo Nogales, expresidente de la Subcentral TIPNIS (organización representante del territorio), Carlos Fabricano (expresidente de la Subcentral Sécure), Ramona Moye (Diputada Indígena Nacional), Griseldo Semo (exsecretario de Tierra y Territorio), Mauricio Guaje (presidente de la CPITCO, organización indígena ajena al TIPNIS). De esta forma lograron presentar un proyecto de Ley que eliminaba la intangibilidad del parque para viabilizar la construcción de la carretera Villa Tunari – San Ignacio de Moxos.

Ingresamos al TIPNIS los primeros días de agosto, casi por una semana, a bordo de la canoa de don Hernán Maleca, comunario de Puerto San Lorenzo. Él tenía la misión de informar -a lo largo de los ríos Isiboro y Sécure- la intención del gobierno de Evo Morales de derogar esta Ley. Junto a él recorrimos las comunidades de Gundonovia, Paraíso, Santa María, Santa Lucía, San Vicente y Galilea.

Un mal gobierno con muy mala fe

Con mucha rabia, las comunidades nos contaron la forma en la que el gobierno había logrado promover esta anulación con engaños, mentiras y prebendas. Estas estrategias de mala fe y desinformación fueron usadas por funcionarios de la gobernación del Beni, manejada por el partido de Evo Morales, y por otras instancias del Estado central. Jenny Ramos de Santa Lucía, comunidad sobre el río Isiboro, nos relató que incluso brigadas médicas fueron usadas para llegar a las comunidades y chantajearles con atención en salud a cambio de hacerles firmar planillas: “Hemos rechazado a los médicos del gobierno porque venían, recogían firmas, llevaban y con eso falsificaban ‘sí carretera’. Así ha sido, por eso nosotros hemos rechazado”.

Así como el servicio de salud público fue utilizado para presionar a las comunidades, también se valieron de todo tipo de promesas irreales para conseguir firmas en cada comunidad. El gobierno garantizó proyectos en salud y educación, motores para las canoas, tanques de agua, paneles solares, antenas de teléfono, viviendas nuevas, e incluso dotación de insumos agropecuarios ¿Dónde se encuentran todas esas dotaciones?.

Don Ovidio Teco, comunario de Gundonovia, nos transmitió la preocupación de un compañero a quien funcionarios del Estado le hicieron firmar un acta con la promesa de dotarle de semillas. Luego se enteró que su firma formaba parte de la petición de anulación de la Ley a favor de la carretera. Todo fue un engaño y nuevamente el gobierno actuó de mala fe, jugando con las necesidades de las familias indígenas.

En la comunidad San Vicente conversamos con la corregidora del lugar, Sara Nosa. Ella afirmó que las comisiones de la gobernación nunca les advirtieron que estaban consultando sobre la abrogación de la Ley 180, sino que simplemente vinieron a ofrecer y prometer proyectos. La comunidad pidió calaminas para techar su Cabildo (sede social). Hasta la fecha la gobernación no cumplió con esto, pero incluyó a la comunidad como favorable a la carretera: “son puros mentirosos”, concluía la líder.

Show de medios para unos y militarización para otros

El 24 de agosto, los grupos indígenas afines al gobierno convocaron a un acto en la comunidad San Pablo del Isiboro, que cuenta con una pista de aterrizaje de avionetas. Esta pista fue utilizada para trasladar a productores de hoja de coca que desean las áreas protegidas para cultivos ilícitos, también fueron traídos altos funcionarios públicos y medios de comunicación del país con el fin de presenciar el espectáculo en el que Evo Morales inauguraba una escuela en dicha comunidad. Una hora después, Evo abandonaba el TIPNIS. El acto fue financiado completamente por la gobernación del Beni y celebrado paralelamente al encuentro orgánico de las comunidades en resistencia del Centro de Gestión del territorio. La finalidad de este show fue legitimar la anulación de la Ley de protección del TIPNIS y afirmar el pedido de carretera.

Carta con la que la gobernación del Beni financia el evento paralelo

Paralelamente, delegaciones de indígenas en resistencia y activistas solidarios/as nos organizábamos para instalar el XXXII Encuentro de Corregidores del TIPNIS. Luego de dos días de carretera, pontones y canoas, nuestras delegaciones arribaban al lugar de la cita en el Centro de Gestión, ahora completamente militarizando.

El trayecto por carretera desde Canatunse, sede de la Subcentral Sécure en Trinidad, con destino a Puerto Tarumá fue extenso. Casi una treintena de autos del gobierno nos rebasaron, transportes de la petrolera estatal YPFB, del Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras, Ministerio de Trabajo y del canal de televisión estatal Bolivia TV. Antes de llegar a nuestro destino, estas mismas movilidades y muchos funcionarios públicos nos hicieron un bloqueo en el camino, grabaron nuestros rostros con celulares y vimos que hasta algunos portaban armas de fuego. El Estado quería boicotear el encuentro orgánico de pueblos indígenas del TIPNIS.

Bloqueo oficialista a delegaciones TIPNIS

Una vez llegados al Centro de Gestión para comenzar el encuentro orgánico, los comunarios y comunarias, corregidores y corregidoras instalaron un alambre de púas sobre el río Isiboro a la altura del Centro. El alambre cruzaba el río de una orilla a otra y estaba señalizado por garrafones vacíos que flotaban a modo de advertencia, para que ningún navegante sufriera estragos en su embarcación al chocar con él. Sin embargo, el río se podía cruzar con normalidad, el alambre no era ningún obstáculo para los navegantes, pero sí era una señal simbólica de soberanía y control sobre el territorio por parte de la organización indígena.

Embarcación cruza el bloqueo de alambre de púas sin sufrir daños.

Durante esa jornada, eran constantes las visitas de militares de la Fuerza Naval que iban armados. Se acercaban al área del Centro de Gestión varias veces al día en sus lanchas. Los uniformados escoltaban a personas ajenas que pretendían entrar al territorio con destino al evento de San Pablo. Además, pidieron a algunos indígenas y compañeros observadores identificarse, como al exdefensor del pueblo, Rolando Villena, a la delegación indígena del pueblo Chiquitano, a activistas y a originarios del TIPNIS. Uno de ellos exclamaba: “cómo va a ser que tengamos que identificarnos en nuestro propio territorio”.

También provocaron a los participantes del encuentro orgánico filmándonos con celulares, imponiendo su presencia en los ríos y evidentemente violando prerrogativas internacionales sobre derechos indígenas. Incluso uno de los días se oyeron dos disparos que provenían de la zona donde estaban las lanchas militares, a unos 400 metros del Centro de Gestión, a la vuelta del río Isiboro. Muchos en el encuentro nos asustamos por los estruendos. Se trataba de generar un ambiente de tensión y miedo, mediante las provocaciones constantes de militares a indígenas en su propio territorio. Algunos indígenas recordaron el ambiente previo a la brutal represión policial ocurrida durante la VIII Marcha de 2011 en la localidad de Chaparina, cuando la policía gasificó, golpeó, apresó, torturó y confinó a cientos de mujeres, hombres, abuelos, niños y niñas indígenas.

En este contexto, el enfrentamiento entre ambas partes fue la culminación de toda esta tensión reunida durante esos días de angustia, desconcierto e impotencia. Cuando a las nueve de la mañana del domingo 27 de agosto, un grupo de militares que escoltaban una embarcación con asistentes al evento de San Pablo, intentaron cruzar el alambre de púas, -instalado por la dirigencia orgánica- las llamadas de atención por parte de las y los indígenas del Centro de Gestión se elevaron. A pesar de haber comunicado desde la orilla del río que los militares no tenían permiso para entrar al territorio, éstos hicieron caso omiso. Posteriormente, los indígenas se lanzaron a sus canoas para reforzar el bloqueo del río y se produjo un fuerte enfrentamiento que dejó a dos líderes heridos, Marquesa Teco e Hilario Noto, además de una barcaza militar hundida y las mechas de todos los testigos prendidas.

Modesto Yujo y Antonio Huayacuna, familiares de la Corregidora de la comunidad de Gundonovia, fueron detenidos irregularmente por la Fuerza Naval, y llevados hasta la ciudad de Trinidad. Los liberaron porque no había ninguna orden para su aprehensión. La presidenta de la Asamblea de Derechos Humanos de Bolivia, Amparo Carvajal, logró entrevistarse con el Comandante de la Fuerza Naval y comprometerlo verbalmente a cesar el hostigamiento a las delegaciones de indígenas y activistas que se disponían a salir del territorio luego de culminado el encuentro.

Las mujeres del territorio estuvieron durante todo momento en la primera línea de resistencia. El 28 de agosto, un día después de los enfrentamientos, tres de ellas, Cecilia Moyoviri, Maria Luisa Maldonado y Marquesa Teco, nos contaban con enojo lo ocurrido.

Como una medida de autoprotección decidimos salir en un solo grupo de canoas. Regresábamos en una delegación de 12 cascos rumbo a puerto Tarumá. En todo este trayecto nosotros, como otras redes informativas y activistas independientes, reportamos que toda la zona de acceso al TIPNIS estaba militarizada, pues incluso se había instalado un campamento con al menos 50 militares con carpas y deslizadores en la playa de Gundonovia -primera comunidad de ingreso al territorio- desde la que controlaban el acceso y la salida al TIPNIS.

Coraje

“¡A nosotros el gobierno no nos va a comprar!”, exclamaba Jenny Ramos cuando la visitamos en Santa Lucía y conversamos con varias familias en la escuela de aquella comunidad. Esa simple frase demuestra la fuerza, convicción y humildad de la resistencia, pese a todo el poder desplegado por el gobierno de Bolivia y a las presiones capitalistas sobre el territorio: ampliar la colonización en favor de los productores de hoja de coca, reactivar la exploración petrolera, deforestar el área sensible del parque.

Ahora mismo la lucha en defensa del TIPNIS continúa y su llama se ha extendido nuevamente por varias ciudades dentro y fuera de Bolivia. La Coordinadora Indígena de la Cuenca Amazónica (COICA) convocó a una acción global el 22 de septiembre en defensa de los pueblos amazónicos, entre ellos el TIPNIS. Activistas ambientalistas y de derechos humanos de Bolivia, así como organizaciones sociales de maestros, sindicatos, universidades y otras luchas indígenas han hermanado esfuerzos para resistir el nuevo embate del paradójico gobierno boliviano “pachamamista”.

ARGENTINA: MÁS LÍMITES QUE HEGEMONÍA Y MÁS DERECHA QUE RENOVACIÓN. Por Claudio Katz.

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61a86577a2826f0a4bc558899861d6a0¿Cuál es la envergadura del triunfo de Cambiemos? Muchos analistas estiman que el gobierno logró una victoria arrolladora que consolida su hegemonía. Otros consideran que se perfila como una derecha renovada y democrática. En el bando opuesto se interpreta que dos de cada tres votantes repudiaron al oficialismo.

RADICALISMO CONSERVADOR

Los datos de la primaria indican cierto avance del gobierno en comparación al 2015. Se afianzó como primera minoría, obtuvo victorias en numerosas provincias y cayó sólo por un reducido margen en Buenos Aires. Ese moderado repunte fue potenciado por el inesperado triunfo en Neuquén, La Pampa y San Luis y por la reafirmación conseguida en los bastiones de la Capital Federal y Córdoba.

La imagen de una victoria fulminante no surge del cómputo de los sufragios, sino de la ausencia del voto castigo que anticipaban algunas encuestas. La euforia de los funcionarios obedece al desacierto de esas previsiones.

Cambiemos superó su frágil estatus de coalición absorbiendo al radicalismo. La UCR pierdió peso y singularidad con giros más oficialistas (Santa Fe) o encabezando el curso reaccionario del gobierno (Jujuy).

El macrismo afianza a su vez el empalme con las vertientes conservadoras del radicalismo. Más que erigir una nueva derecha recicla esas vetas regresivas. La Ceocracia de gerentes que maneja varios ministerios complementa ese perfil.

Vidal expresa con nitidez esa fisonomía de conservadurismo tradicional. Gobierna para las clases dominantes mediante un entramado de políticas sociales, que garantiza votos de los segmentos empobrecidos. Para aceitar ese sostén el PRO mantiene la asignación universal y actualiza el clientelismo de su red de punteros. La imagen angelical y compasiva de Heidi se amolda a esa función.

La estrategia oficial se nutre del retroceso del peronismo, que confirmó en las PASO la ausencia de un liderazgo alternativo a Cristina. Los aspirantes a ocupar ese comando perdieron puntos y su intención de forjar una liga de gobernadores quedó en suspenso. La crisis del justicialismo se prolonga sin ningún desenlace a la vista.

La expectativa de Massa de conducir ese espacio quedó muy afectada por el resultado de las primarias. Gran parte de sus votantes prefirieron la variante original del proyecto gubernamental a su copia renovadora. La ancha avenida del medio quedó carcomida por la escasa credibilidad que despertaron los imitadores del macrismo.

Como Massa asumió algunas banderas de la derecha en forma explícita (seguridad) y otras en forma disfrazada (ajuste de la economía), terminó incentivando el voto por Cambiemos. Randazzo no se atrevió a tanto y se diluyó en la insignificancia.

Mientras el oficialismo festeja esa reorganización del mosaico electoral, el eclipse de los renovadores deteriora una carta de reemplazo derechista del gobierno. Cualquiera sea el veredicto de octubre ya se sabe que habrá pocas modificaciones en el equilibrio de bancadas parlamentarias. El oficialismo deberá negociar con una oposición más voluble.

Cristina logró un significativo resultado en las PASO que sintoniza con la popularidad de su mandato. Cerró esa gestión posponiendo el ajuste y preservando la memoria de ciertas mejoras. El establishment no esperaba una resurrección, que presenta ciertas semejanzas con la renovada centralidad de Lula en Brasil.

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DIFERENCIAS CON EL MENEMISMO

A una semana de las primarias se concretó una multitudinaria movilización sindical. Todas las maniobras ministeriales para forzar el levantamiento de esa marcha fracasaron. La protesta contra la miseria actual se extendió a los proyectos para agravarla, con reformas impositivas, laborales y previsionales.

La manifestación confirmó la vigencia de relaciones sociales de fuerzas que limitan el ajuste. Macri no ha satisfecho la exigencia capitalista de erosionar la combatividad de los trabajadores. Tampoco pudo oponer a los excluidos con los asalariados organizados.

La complicidad de la burocracia sindical es una pieza clave del gobierno contra la resistencia popular. Pero el oficialismo carece de un sector incondicional significativo de esa jerarquía. Por eso debe negociar la entrega a cambio prebendas. El dinero de las obras sociales es la gran caja de una corruptela que se tramita con los chantajes de siempre.

Macri necesita preservar la tregua concertada con burócratas, que están sometidos a una fuerte presión por abajo. Los jerarcas rehúyen los actos masivos y bloquean el llamado a un paro nacional. Cuando convocan acciones puntuales aparece el fantasma de un desborde, que refleja la tensión social imperante. Cualquier sea la performance electoral de Cambiemos el gobierno deberá convivir con ese dato.

Este escenario explica la estrategia de atropellos pausados que la prensa denomina “gradualismo”. Los funcionarios tiran piedras y esconden la mano, para evaluar cuánta brutalidad tolera el pueblo (“si pasa, pasa”).  Guían su acción por esa norma empírica de agresiones. Por ahora tantean su anhelada reforma laboral con la erosión puntual de los convenios.

Promueven el modelo implementado en Sancor para negociar puestos de trabajo por flexibilización o el esquema ensayado en Tierra del Fuego de auxilio federal a cambio de recortes. También apuntalan la modalidad acordada con algunos burócratas (petróleo, construcción, automotrices), para anular derechos con la zanahoria de futuras inversiones.

Ese molde de atropellos escalonados es complementado con vaivenes en los tarifazos y una pugna para bajar el techo salarial de las paritarias. Hasta ahora prevalece un desangre puntual de empleos en las reparticiones públicas y no los masivos despidos que exige la ortodoxia.

Si Macri mantiene esa agenda repetirá lo ocurrido en su primer bienio y seguirá preparando el mega-ajuste para un futuro mandato. El líder del PRO necesita reunir un mayor soporte político, para imitar el ejemplo brasileño de reforma laboral troglodita.

La comparación con Menem persiste como la mejor referencia para evaluar los márgenes de acción reaccionaria del gobierno. En las elecciones de medio término, el riojano ya exhibía mayores atropellos contra el pueblo que su émulo.

La principal diferencia radica en la derrota que impuso a las huelguistas de la telefonía, YPF y ferrocarriles. El justicialista neoliberal doblegó a los sindicatos combativos, debilitó al movimiento popular y asimiló por completo a la burocracia sindical.

Menem aprovechó el agobio generado por la hiperinflación para imponer su inédito modelo de injusticia social. Macri no puede auto-infligirse una repetición del 2001para implementar el mismo ajuste.

Además, su antecesor gobernó en un contexto internacional de euforia neoliberal que se ha disuelto. No es sencillo consolidar una hegemonía derechista en el turbulento escenario actual.

MANIPULACIÓN CON LÍMITES

El gobierno sobredimensiona su performance electoral. Se auto-engaña con el fraude mediático que proclamó ganador a Cambiemos, cuando faltaban procesar sufragios decisivos del Gran Buenos Aires

El macrismo propagó esos resultados antes de su corroboración, para incidir en los zócalos de las pantallas y las tapas de los diarios. Instaló un clima de gran victoria apostando a la lenta disolución de cualquier desmentida posterior.

Este nefasto manejo de la información ha sido bautizado con una denominación acorde al desinterés por los hechos. Bajo el imperio de la “pos-verdad” alcanza y sobra con la simulación para disuadir reflexiones e impactar sobre las emociones.

Con toda la artillería que aporta Duran Barba y sus focus grups, Macri recurre a una sofisticada tecnología del engaño. Esa manipulación incluye intercalar mensajes de buena onda y confrontación. Las  suaves convocatorias al diálogo se entremezclan con brutales exigencias de entierro del pasado.

El PRO selecciona los temas en función de una u otra conveniencia (“ya llega el segundo semestre” o “no se habla de economía”). Desvía la atención de lo relevante y abusa de la invención contra-fáctica (“evitamos la hiperinflación”). Con figuras taquilleras busca capturar el voto despolitizado, para sostener su gobierno en una mayoría silenciosa.

Se apoya además en la base social derechista que despuntó con los cacerolazos y promueve un liberalismo gorila con ingredientes de odio de clase. Los indigentes son presentados como “perritos” y los opositores son ubicados en el universo del “narco-menudeo”. Tampoco faltan crueldades frente al sufrimiento popular (corte de pensiones por discapacidad).

El propósito de esta acción es romper la solidaridad social para culpar a los excluidos por sus padecimientos. Se busca naturalizar la conveniencia de un gobierno de millonarios, difundiendo la absurda creencia que ya no necesitan robar en la función pública.

Pero estos cimientos ultra-reaccionarios de Cambiemos están por ahora afincados en sectores medio-altos y en generaciones veteranas. Esas creencias no han calado en el grueso de la población. Los adherentes del oficialismo glorifican el mercado hasta que el ajuste los afecta. Avalan la disciplina social pero no la represión en gran escala. Por eso los tarifazos desatan protestas generalizadas y los ensayos “anti-piquete” quedan a medio camino.

Este contexto explica también el masivo rechazo al “dos por uno” que favorecía a los genocidas y la conmoción creada por la desaparición de Maldonado. Mientras crece una marea de indignación, el gobierno se empantana en insólitos inventos para encubrir a la gendarmería.

El secuestro de un militante que protestaba junto a los mapuches contra el despojo que perpetran Benetton y Lewis impacta en toda la sociedad. Un reclamo por la aparición con vida sensibiliza a varias generaciones.

La eventual hegemonía derechista del PRO no solo choca con la vitalidad de esa conciencia colectiva. También debe lidiar con la endeblez de la economía. El gobierno compensa la ausencia de crecimiento con un alocado endeudamiento, que potencia las bicicletas financieras y precipita periódicas corridas hacia el dólar.

Esos temblores obedecen a la fragilidad del modelo y no al temor que suscita un triunfo de Cristina. La vulnerabilidad de la economía determina también el bajo estatus crediticio que mantienen las calificadoras de riesgo.

El gobierno apuesta a sostener el financiamiento externo con un afianzamiento de la reactivación. Pero hasta ahora sólo administra un paupérrimo rebote del ciclo, carente de inversiones o recuperación del empleo. Para colmo Trump retribuye el “retorno” del país al mundo, con penalidades aduaneras a la exportación de biodiesel. En la economía de Macri hay poco espacio para el festejo electoral.

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LOS CONSERVADORES DE SIEMPRE

Cambiemos es visto por algunos analistas como una derecha renovada y democrática. Sustentan esa mirada en la impronta cultural del macrismo, que ofrece a las clases medias acomodadas un molde más presentable del proyecto reaccionario.

Ese formato incluye retórica new age y preocupaciones por una ciudad verde con bicisendas y comida saludable. Esa ideología aporta un disfraz de neoliberalismo modernizado, que reivindica el disfrute pasajero y ensalza el individualismo.

Pero la asimilación efectiva de ese imaginario choca con las penurias de la clase media para llegar a fin de mes. La penetración real del relato macrista está sobreestimada por la influencia de los comunicadores que controlan las pantallas.

En ese ámbito se verifica un cambio de figuras. El vetusto derechismo eclesiástico (Neustadt, Grondona) ha sido reemplazado por los sermones de ex progresistas, que veneran el status quo con poses de informalidad (Lanata, Fernando Iglesias, Leuco, Birmajer). Con más ingenio y cinismo recrean las mismas banalidades conformistas de sus antecesores.

De todas formas el PRO depende más de la partidocracia tradicional que de esos pintorescos personajes. Los votos se logran con demagogia electoral y gasto público. La modernización cultural que se le atribuye a Cambiemos omite auditar la billetera que maneja Vidal. Se silencia especialmente sus negociaciones con intendentes para organizar cortes de boleta a cambio de obras.

Es cierto que el macrismo logró votos en las zonas empobrecidas, atribuyendo todos los males del país a la corrupción del kirchnerismo. Pero utiliza el mismo argumento esgrimido por todos los gobiernos, para distraer a la población con los robos de sus antecesores.

Lo insólito de Cambiemos es el peso que tiene esa acusación entre funcionarios manchados por desfalcos de todo tipo. Muy pocos personajes del PRO pueden justificar sus incalculables fortunas. En dos años de gestión el grueso del gabinete exhibe sorprendentes incrementos de patrimonio, valuaciones truchas de propiedades e inversiones millonarias en el exterior.

Macri encabeza ese listado de irregularidades. Dispensa incontables favores a una familia que se enriqueció esquilmando al estado. Apuntala los negocios de su grupo, propiciando ventajas en múltiples negocios (autopistas, correo, aviación, rutas) y contratos (Odebrecht).

Sólo el descarado apañamiento de la justicia impide el juicio político a un presidente tan involucrado en el lavado de su fortuna (Panamá Papers). Hay que buscar con lupa los ingredientes de renovación en esta típica gestión corrupta de la derecha tradicional.

Más incongruente es el uso del término democrático para caracterizar a esa administración. El macrismo se ubica en las antípodas de esa calificación. Su gobierno ilustra cómo el poder real se ejerce fuera del ámbito electoral, mediante el manejo cotidiano de la economía, la justicia y los medios de comunicación. Los gerentes de esos dispositivos no están sujetos a ningún sufragio y son rigurosamente seleccionados entre la elite de los acaudalados.

Pero Cambiemos avasalla incluso los formalismos institucionales de esa estructura de poder. Al igual que Santos en Colombia y Peña Ñieto en México, Macri preside una plutocracia contrapuesta a la soberanía popular.

SIN SOMETIMENTO, NI CASTIGOS

La exagerada evaluación del éxito electoral del macrismo es compartida por algunos intelectuales del kirchnerismo, que fueron sorprendidos por el triunfo de su rival. Esperaban un voto castigo y atribuyen el error de esa expectativa a razonamientos economicistas. Estiman que identificaron mecánicamente el padecimiento social con el descontento político. Consideran que Cambiemos logró socavar esa conexión con un discurso que penetra en los sectores populares.

Pero ese enfoque no registra el carácter limitado de la influencia del gobierno y evita analizar lo ocurrido en el flanco opuesto del kirchnerismo. Cristina hizo una buena elección, pero no recuperó los votos perdidos en las últimas secuencias de comicios.

Ese estancamiento no obedece a fracturas en la conciencia popular. Simplemente expresa el balance crítico hacia una gestión que preservó los privilegios de los capitalistas y los cimientos del subdesarrollo. El brutal ajuste implementado en Santa Cruz rememora las carencias de la década pasada.

Para eludir el debate sobre esas falencias se magnifica el avance del PRO. Los méritos atribuidos al gobierno permiten disimular las limitaciones del cristinismo. Se supone que la derecha prospera por sus propias cualidades y no por las insuficiencias del mandato K.

El repunte de Cambiemos es frecuentemente identificado con la astucia del relato oficial. Pero en interpretaciones simétricas se explica el mismo fenómeno por la crudeza del gobierno y la pasividad del pueblo. En este caso se estima que el macrismo explicita el ajuste y logra consenso ante la resignación colectiva.

Pero esta imagen de sometimiento contrasta con la intensa resistencia social y con el doble discurso que ejercita el PRO. En lugar de recurrir al descaro derechista, el gobierno suele enmascarar sus acciones. Sin ese ejercicio del engaño Macri naufragaría en poco tiempo.

Otros pensadores del kirchnerismos rechazan acertadamente el pesimismo de sus colegas, pero recaen en un extremo opuesto de exitismo. Afirman que dos de cada tres votantes sufragó contra el gobierno.

La arbitrariedad de esa estimación salta a la vista, puesto que embolsa en un mismo bloque anti-PRO a expresiones muy contrapuestas. No es sensato equiparar los sufragios por Massa con las papeletas de la izquierda. Con el método de contraponer los votos propios con todo el espectro restante se podría afirmar que dos de cada tres ciudadanos rechazó al kirchnerismo. Esa matemática acomodaticia no lleva a ningún lado.

El principal problema del Cristinismo no fueron los números, sino la campaña que desenvolvió en las PASO. Comenzó insinuando un perfil de denuncia del ajuste y promoción de alternativas (revisión de la deuda, freno de los tarifazos, emergencia alimenticia, congelamiento de precios). Incluso denunció a los legisladores de su espacio que avalaron en el Parlamento el atropello oficial.

Pero posteriormente decidió hablar poco con el extraño argumento de transferirle la voz al pueblo. Con esa modalidad silenciosa atemperó las críticas, diluyó las propuestas e incluso emitió convocatorias a suspender acciones de resistencia.

Este giro hacia la moderación contradice la convocatoria a votar al kirchnerismo para frenar el ajuste. Es evidente que ese límite se conquistará más en la calle que en el cuarto oscuro. La contraposición del sufragio con la movilización suele desembocar en una gran frustración popular.

Nadie sabe si la estrategia de Cristina apunta a reconstruir el peronismo o a gestar una nueva fuerza de centroizquierda. Pero en ambas opciones se desvanece la batalla real contra el macrismo. Esa resistencia exige el contundente compromiso con la lucha, que demostraron los líderes de izquierda al acompañar a los trabajadores de Pepsico.

Habrá que ver si la derecha logra o no forjar su ansiada hegemonía. Ese resultado dependerá del desenlace de las batallas sociales. Los comicios de octubre incidirán pero no definirán la gran pulseada entre los capitalistas y los trabajadores.

31-8-2017

 

REFERENCIAS

-Rosso, Fernando. ¿Cambiemos: una nueva hegemonía?

http://panamarevista.com/cambiemos-una-nueva-hegemonia/

-Alemán, Jorge. Cambiemos encarna una conquista del desierto cultural

https://www.tiempoar.com.ar/articulo/view/70041/cambiemos-encarna-una-conquista-del-desierto-cultural

-Semán, Pablo. Cambiemos está explorando una nueva hegemonía

http://www.agenciapacourondo.com.ar/elecciones-2017/cambiemos-esta-explorando-una-nueva-hegemonia

-Natanson, José. El macrismo no es un golpe de suerte

https://www.pagina12.com.ar/56997-el-macrismo-no-es-un-golpe-de-suerte

-Granovsky, Martin ¿Derecha democrática?

https://www.pagina12.com.ar/57262-derecha-democratica

Postolski, Glenn. Elecciones sin vueltas

https://www.pagina12.com.ar/58085-elecciones-sin-vueltas

-Fidanza, Eduardo. Triunfos de verdad y de posverdad.

http://www.lanacion.com.ar/2054686-triunfos-de-verdad-y-de-posverdad

Vilas, Carlos M. Vapuleados pero no vencidos

https://www.pagina12.com.ar/57065-vapuleados-pero-no-vencidos

-López, María Pía. ¿Qué hay de nuevo, viejo?

https://www.pagina12.com.ar/57923-que-hay-de-nuevo-viejo

Horowicz, Alejandro. Tanto realismotanta aceptación de las relaciones de fuerzamuestra la voluntad de no transformarla.

http://www.herramienta.com.ar/content/elecciones-primarias-y-algunos-debates-estrategicos-urgentes-para-una-izquierda-sin-brujula

 

Claudio Katz es economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su página web es: www.lahaine.org/katz

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