El Bloque Oligárquico Neoliberal Transnacionalizado (BONT) en El Salvador plantea algunas valorizaciones en referencia a la relación que este BONT y el nuevo gobierno del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), su supuesto antípoda político, pueden entablar en el futuro.  En teoría el FMLN con Funes han prometido balancear la estructura de poder a favor de los pobres y los marginados, pero en la práctica la coyuntura se revela ciertamente complicada.

Como punto de partida podemos empezar diciendo que podría haber cierto margen de maniobra, pero los cambios que se pueden efectuar, desde la perspectiva de repartir riqueza y quitarle poder económico y político al BONT, pueden ser, a lo sumo, meramente cosméticos.  Esto no debe espantar a nadie, ya que dadas las circunstancias nacionales y transnacionales con las que asume la presidencia Funes, es quizás el camino más juicioso.  Pero la estructura de poder permanecerá intacta, al menos durante un primer periodo del FMLN en el ejecutivo.

El primer factor que hay que tomar en cuenta es la actitud que Funes y el FMLN asumieron desde el principio de la campaña para con el poder económico: diálogo y concertación en vez de confrontación.  Solamente el hecho de que Funes fuera el candidato enviaba el mensaje de que el FMLN renunciaba a hacer cambios radicales y a antagonizar al gran capital nacional y extranjero.  Luego, el equipo económico de Funes habla por sí mismo: es conformado por liberales, “burgueses iluminados”, y a lo mucho social demócratas.  No hay revolucionarios en el combo, y tampoco es pecado, pero no esperemos cambios estructurales en el manejo de la economía.  Y esto le beneficia al BONT, por lo menos a corto y mediano plazo.

Una nota sobre los “burgueses iluminados”: esta denominación es importante de señalar porque muchos de los que conforman el grupo de los Amigos de Mauricio son empresarios y capitalistas que desprecian el monopolio económico que el BONT disfrutó con ARENA y que les impidió crecer por el hecho de que las reglas del juego estaban amañadas y los dados cargados siempre a favor del BONT.  Sin duda, estos “burgueses iluminados” (iluminados al compararles con la mentalidad oligárquica que manejan muchos dentro del BONT) quieren ver cambios en el sistema, pero esos cambios son basados en reformas, no en transformaciones de raíz.

Segundo, el FMLN y Funes encuentran un estado debilitado por las reformas neoliberales, por un lado, y secuestrado por los intereses del BONT, por el otro.  La posibilidad de que el estado se convierta en un jugador clave y eficiente en los quehaceres del desarrollo integral nacional se presenta remota porque éste no controla ningún medio de producción estratégico, no hay recursos naturales que generen divisas, dependemos de las importaciones y las remesas, se carece de política monetaria porque la dolarización la ha minado, la deuda en su conjunto es significativa, y la corrupción y el patrimonialismo (al servicio del oligopolio del BONT) están a la orden del día.

Asimismo, es importante recordar que el FMLN y Funes controlan el ejecutivo, pero no el estado en su conjunto.  La asamblea legislativa, el poder judicial, la corte de cuentas, entre otros, siguen en manos de los mismos de siempre.  Por supuesto, la única solución es un cambio de raíz en la Constitución porque querer arreglar un sistema corrompido con las recetas que éste mismo prescribe es un ciclo vicioso que lleva al estancamiento.  Pero hablar de cambio constitucional, como si las constituciones fueran fines y no medios, es ahora la nueva mala palabra de las derechas y sus lacayos……

Tercero, la economía política neoliberal ha echado raíces y no puede ser fácilmente revertida sin dificultades.  Las privatizaciones son virtualmente irreversibles (hasta la posibilidad de revivir una agencia como la vieja IRA causa estupor en los grupos de poder), la dolarización parece que se queda, los tratados de libre comercio se proyectan como escritos en piedra, y se le sigue apostando a las remesas como fuente de divisas.  Pero como todos sabemos, el nuevo gobierno no va a tocar ninguna de estas políticas y dejará que sigan su curso sin interrupciones.  Desde luego, esto parecería que es lo más adecuado, al menos por ahora, pero esta postura de respeto al status quo beneficia al BONT.

Finalmente, hay que tomar en cuenta dos factores internacionales.  El primero es la crisis económica mundial la cual ha maniatado la capacidad de respuesta de los estados dependientes en la periferia ya que lo que ocurre obedece a factores totalmente fuera del alcance de sus manos.  Cualquier movimiento que pueda parecer antagonista a los intereses empresariales podría degenerar inestabilidad y hasta un bloqueo económico interno capaz de agudizar el ya complicado escenario impuesto por la crisis global.

Esto nos lleva al segundo factor: el golpe de estado de Honduras.  Es indudable que el bloque oligárquico hondureño atizó el golpe para deshacerse de lo que ellos percibían como el primer Chávez centroamericano, y la forma en que se hizo fue rápida y contundente.  Cada día que pasa es una bocanada de oxígeno al régimen golpista y una señal que los golpes de estado son tolerables otra vez, sobre todo por la actitud de apoyo tácito de la administración Obama.  Si se permite en Honduras, se permitirá en Guatemala, Nicaragua y El Salvador, y el BONT, con sus siervos dentro de ARENA, al verse amenazados no dudarán en dar el zarpazo.  Que tengan éxito es otra cuestión, pero se puede inferir que Funes no está dispuesto a darles justificaciones para hacerlo.

Funes y el FMLN no van a tocar el núcleo de intereses económicos del BONT, y por el momento, solamente podrán mitigar algunos de los problemas más urgentes de los pobres y la reducida clase media.  Disminuir la marginación social, reducir la corrupción y el gasto patrimonialista, y hacer que el aparato estatal responda con más efectividad y constancia al pueblo, serían muy buenos resultados para los próximos años.  Se han dado los primeros pasos, pero quizás queda margen para otros proyectos importantes, como la reforma fiscal, la reforma tributaria, la reactivación de la producción agrícola y la inversión en la educación y salud.  No son tareas fáciles ya que la derecha las va a combatir a muerte sencillamente porque tocan los intereses del BONT.

Aquí es cuando nunca se debe cerrar la puerta a una opción más militante.  Al final, la posibilidad de un cambio integral en la estructura de poder debe cimentarse en una clase trabajadora organizada y consciente de su rol histórico.  El poder que el BONT ha acumulado se basa en una Constitución (sí, la de 1983) anticuada y corrompida que resguarda sus intereses y nada tiene que ver con una democracia integral que realice los anhelos participativos del pueblo.

Este poder también se basa en un estado patrimonialista que ha funcionado para beneficiar al BONT, pero sobre todo, se basa en la hegemonía ideológica que el BONT ha logrado instalar, mediante el sistema de educación y el poder mediático,  por medio del cual se le ha hecho creer a las clases dominadas que sus intereses los representa el BONT y las políticas que ellos han implementado.

Superar estos obstáculos requiere un trabajo político e ideológico arduo que tomará años.  La victoria electoral del FMLN es un buen comienzo, y espero que el FMLN, en su afán electorero y de mantener el poder no se olvide de la clave fundamental para lograr esas metas pero al mismo tiempo destruir el control ideológico del BONT: La Batalla De Las Ideas.

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