Una vez más el Grupo del Banco Mundial aprovecha una situación siniestra para agenciar los intereses ‘non sanctus’ para los cuales ha sido concebido.

En esta ocasión la multilateral pone sus ojos en el Norte de África y en el Medio Oriente, región que se encuentra hoy atravesando los sucesos por todos bien conocidos (¿o se debería decir mejor: aún bastante mal conocidos?) y las crisis humanitaria, social, económica y política que persisten en esa parte del mundo.

La estrategia actual de las potencias mundiales para imponer sus intereses a toda costa consiste en combinar todas las formas de injerencia siguiendo un modus operandi que desafortunadamente conforme pasa el tiempo, se institucionaliza: por un lado, a través del intervencionismo “duro” (es decir, el militar, ya sea con la complicidad de las Naciones Unidas como en este caso puntual o sin su autorización, como ha sucedido en el pasado) y el “militar-humanismo” (Chomsky) – lo sabemos, una contradicción en los términos -, como parte de las fórmulas contemporáneas recurridas por la hegemonía imperial y que a la fecha ya suman bastantes archivos impúdicos (Kosovo, Irak, Afganistán, Haití aunque la lista exhaustiva sería desde luego mucho más larga); por otro lado, mediante el intervencionismo “suave”, más sutil y casi silencioso pero no por ello menos delicado, con la llegada de otro tipo de tropas: las conformadas por los funcionarios del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y demás instituciones “interesadas” en “salvar” el bienestar de los pueblos.

De hecho, el pasado 6 de abril, el presidente del Banco, Robert Zoellick, en una conferencia realizada en el Instituto Peterson para la Economía Internacional (recordemos, el mismo lugar donde nació en 1989 el Consenso de Washington, bitácora del neoliberalismo más ortodoxo) ha revelado los “nobles” propósitos de esa institución en medio de las actuales convulsiones.

Allí se propuso que una de las salidas a la crisis árabe tiene como presupuesto lo que él llama un “nuevo pacto social para el desarrollo”. La novedad del pacto estaría en que la crisis árabe ofrece “enseñanzas para la región, para el mundo, para los gobiernos, para las instituciones de desarrollo y para las ciencias económicas…”. Ya de entrada esta propuesta, primero, proveniente del Banco Mundial y, segundo, pronunciada desde el ámbito donde se enuncia, resultaría sospechosa. Consideremos en qué consiste este ‘nuevo pacto social’.

Zoellick empieza analizando algunas problemáticas básicas y de urgente atención en el mundo árabe. Según observa, uno de los mayores obstáculos que muestra la región es que no se encuentra “suficientemente integrada en la economía mundial” (a excepción del sector del petróleo) y exhibe una “falta de diversidad económica, deficiencias en la rendición de cuentas públicas, corrupción y conflictos”, además de niveles muy bajos en términos de la inversión privada, si se la comparada con otras regiones.

¿Qué hacer para garantizar un escenario post-crisis que conduzca hacia “el desarrollo”?

Para el Banco Mundial cualquier análisis que afronte la crisis y se proponga llegar a diagnósticos y soluciones correctas debe basarse en el enfoque de la elección social, una ecléctica que combina magistralmente diferentes teorías económicas, de la nueva gestión pública y de la ciencia política convencionales, todas ellas de inspiración neoliberal: “Si los gobiernos dan paso a las oportunidades que ofrece el sector privado, si dejan atrás las oligarquías y oligopolios, si aprovechan la energía de sus sociedades y respetan la elección social, es mucho lo que se puede hacer” (1).

El Banco estaría dispuesto a “respaldar” prioritariamente a los países del Oriente Medio y Norte de África, incluyendo a los de África subsahariana, para que envíen rápidamente “señales tempranas al sector privado” y demuestren el compromiso con “los empresarios, pequeñas empresas e inversionistas” si y sólo si existe un compromiso de vuelta con algunas reformas institucionales y en las políticas públicas, el mencionado ‘nuevo pacto social’.

Aunque Zoellick en esta oportunidad tan sólo describe superficialmente las reformas, sí se esfuerza por dejar bien en claro hacia dónde deberían apuntar: a) “reducir la burocracia, agilizar la aprobación de permisos, reformar las leyes de quiebra y flexibilizar las rigideces de las entidades reguladoras”; b) eliminar los subsidios universales a los alimentos, combustibles y otras necesidades pues éstos resultan – en su concepto – costosos e ineficientes y además fomentan el nepotismo (“han promovido el amiguismo, no la competitividad; la corrupción, no el capitalismo”, dice); c) facilitar una rápida expansión de las exportaciones con uso intensivo de mano de obra y, al mismo tiempo, “importar conocimientos técnicos, tecnologías y sistemas industriales y logísticos, ya sea a través de la inversión extranjera, la obtención de licencias u otros vínculos comerciales a fin de superar el aislamiento”; y, d) instalar un sistema educativo que se articule al mercado laboral, privilegiando la participación del sector privado: “Cuando existen los incentivos apropiados, las políticas públicas pueden hacer posible la acción privada: IFC pondrá en marcha un nuevo programa de inversiones en educación orientada al empleo con el propósito de promover la formación de alianzas público-privadas en el ámbito de la capacitación profesional y técnica impulsada por la demanda” (2).

No es necesario ser muy reflexivo para percatarse sobre qué es lo que aquí se está proponiendo.

Más que un ‘nuevo pacto social’ para la región árabe de lo que se trata aquí es imponer el ‘viejo acuerdo neoliberal’. Desde luego, el discurso utilizado ahora por el Banco Mundial no es exactamente el mismo del pasado y vetusto neoliberalismo. Está cuidadosamente aggiornado con nuevos términos, últimamente muy de moda: la sociedad civil vigorosa y activa, la transparencia, rendición (pública) de cuentas, el ‘buen gobierno’, la responsabilidad social (empresarial), las asociaciones público-privadas, etc., una jerga cargada de eufemismos que intentan salpicar al viejo discurso, edulcorarlo y hacerlo “seductor”.

Ahora bien, tanto el diagnóstico como las soluciones de este acuerdo neoliberal disfrazado de pacto social confeccionado por el Banco Mundial, omite un par de cuestiones que sería importante poner de presente.

Primero: si bien es cierto que los países árabes mantienen una dependencia respecto la producción de petróleo que les introduce una particular vulnerabilidad a sus economías (vía las fluctuaciones en los precios internacionales del crudo) estos países también la tienen frente a la inversión extranjera, cuestión que está animando el BM.

Existe evidencia empírica e histórica en estos países sobre lo que han significado los “préstamos para el desarrollo”, los cuales no se han traducido en sectores y actividades económicas productivas sino más bien han sido la excusa para que muchos países árabes hayan elevado el servicio de la deuda externa y, por el contrario, experimentado reveses para aumentar los niveles de vida de las poblaciones, al destinar cuantiosos recursos públicos en este rubro en detrimento de las necesidades sociales. Así lo evidencian muchos estudios en el avance de los Objetivos del Milenio en la región. En esta red de préstamos – insistimos – el Banco Mundial brilla por su presencia, desde hace varios años y en distintos casos.

Segundo: la mayor problemática de la región no tiene que ver con estar o no integrada a la economía global. Afirmar esto sería desconocer la situación social que ha venido enfrentando el mundo árabe, histórica y actualmente.

Sólo citemos dos datos: el desempleo es crónico, y en el caso de los jóvenes alcanza cifras mayúsculas del 25%, la mayor tasa del mundo; mientras tanto la pobreza se aproxima al 40%. Según el Informe Árabe sobre el Desarrollo Humano (2009) más de 140 millones de personas “sobreviven” por debajo de la línea de pobreza. La crisis alimentaria es sumamente grave hasta el punto que muchos analistas caracterizan esta problemática en la región como “hambruna generalizada” (3).

Las propuestas del Banco Mundial en un contexto como este son perversas. Eliminar los subsidios universales y aplicar la focalización, es decir, dirigir las políticas hacia “los más pobres de los pobres”, todo con el fin de introducir redes sociales – para ellos – “eficientes” (las políticas de transferencia condicionada, típicas de la supuesta política social del nuevo neoliberalismo) resultan ser alternativas descabelladas si de lo que se habla es de desarrollo y mejoramiento de las condiciones de vida. Sin embargo, ésta no-alternativa puede ser muy atractiva en términos del Banco pues, ciertamente, sabemos que el neoliberalismo se ha instalado a punta de hambre y sufrimiento de las mayorías.

Habría que anotar además que la propuesta tiene todo menos de novedosa. Tampoco se ideó para la crisis árabe como se intenta hacer creer. Se trata de la misma plantilla ya utilizada por el Banco y, en este caso, una declaración estratégica y oportunista que sigue en lo esencial el denominado salvataje de los pobres lanzado con motivo de la crisis global de 2008 para enfrentar una posible crisis social provocada a raíz de ese escenario y que ahora se pretende aplicar en África del Norte y el Medio Oriente. Los detalles del mismo los he desarrollado en otra oportunidad y no valdría la pena repetirlos (4).

En todo caso, el balance de lo que significaría el mentado “nuevo pacto” no puede ser más concluyente: sentar las bases para la expansión de los mercados y, desde luego, de los capitales monopólicos europeos y usamericanos, en una suerte de re-colonización de lo que para ellos aún consideran “sus” antiguos territorios y la instalación del proyecto hegemónico (neoliberal), en un lugar clave y de la mayor importancia en el actual ajedrez geopolítico, estratégico y económico global para las potencias. Las cándidas suposiciones de mejorar las condiciones de vida – en todo sentido – de las poblaciones árabes y las manifestaciones a favor del ‘desarrollo’ caen de su propio peso.

Tanto la historia como la indolencia del Banco Mundial se repiten. Las rebeliones populares actuales al igual que en la década de los 60s pueden guardan cierto paralelo:

“Aunque el Banco – en esa época, recordemos – se orientó a concentrar sus préstamos cada vez más [en] los países subdesarrollados medianamente industrializados, la preocupación por los países estrictamente pobres y agrícolas (sobre todo Asia y África) también fue creciendo. En lo sustancial, estas inquietudes no eran económicas; tenían más connotaciones de orden político y social. El fenómeno era consecuencia de la aparición de nuevas naciones surgidas de las luchas de liberación y descolonización, de territorios que estaban en camino de convertirse en naciones y de las vías nacionalistas y populares que se abrían en muchos países subdesarrollados” (5)

Sin llegar a defender lo indefendible que resulta el tono político de muchos regímenes en esa región, está claro que las intenciones del Banco Mundial es servir como punta de lanza para “administrar” la crisis árabe a su acomodo pues existe el peligro que las sublevaciones terminen con efectos no deseados, no para los pueblos sino para los poderosos intereses de las potencias dominantes, las cuales de paso, son los mismos países que – empezando por los Estados Unidos – son los principales accionistas y controlan las orientaciones de este organismo.

Y es que parecería que en cualquier catástrofe global, ya sea natural (Haití), económica (el más reciente estallido de la crisis global) o política y social (como en los países árabes), los primeros en llegar a los lugares son instituciones como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional y los Ejércitos imperiales antes que la Cruz Roja Internacional.

Quisiéramos concluir con una breve anécdota (¿profecía?), ilustrativa en relación con los graves problemas de los que estamos hablando.

En un afamado libro titulado Instituciones, desempeño económico y cambio institucional que data del año 1991 y de autoría de Douglass North, economista usamericano, premio nobel de Economía y reconocido como uno de los padres del NIE (Nuevo Institucionalismo Económico, uno de los enfoques neoliberales que está animando el Banco bajo las teorías de la elección social para pensar las soluciones que “salvarán” a esa región), aparece una breve mención al suq (también souk, el “bazaar”), el mercado persa, hindú, islámico. North, de apellido tan imperial como su teoría, se va lanza en ristre contra ¡esa institución milenaria!, planteando que a diferencia del mercado capitalista contemporáneo, aquel resulta “ineficiente” y por lo mismo sería necesario – en nuestras palabras – “civilizarlo”; en palabras de North: introducir lógicas del mercado y ‘buenas instituciones’ (capitalistas).

La convulsión en el mundo árabe no se puede desligar del ciclo de resistencias vistas alrededor del mundo desde principios de este siglo y que ha tenido como gran protagonista lo que Immanuel Wallerstein denomina como el Sur Global, hemisferio político, social y geográfico rebelado contra el neoliberalismo, o lo que es lo mismo, contra el capitalismo hoy realmente existente.

A pesar de lo terrible de muchas de estas situaciones, afortunadamente se respira una reserva de barricadas que – como dice el cantautor Carlos Varela – mantiene la esperanza en que “los mapas están cambiando de color”.

Notas

(1) Grupo del Banco Mundial, “El Oriente Medio y Norte de África:Un nuevo contrato social para promover el desarrollo”, Discurso pronunciado por Robert Zoellick en el Peterson Institute for International Economics (6 de abril de 2011) (disponible en línea en http://web.worldbank.org/).

(2) Ibidem.

(3) PNUD, Dirección Regional para los Estados Árabes, Arab Human Development Report 2009: Challenges to Human Security in the Arab Countries, Nueva York, 2009 (http://www.undp.org) y Ziad Abdel Samad, “Los Estados arabes y los ODM : no habra avances sin justicia social”, Informe temático Social Wacht “Después de la caída”, Arab NGO Network for Development (ANND), 2010 (www.socialwatch.org).

(4) Puello-Socarrás, José Francisco, “El salvataje de los pobres. La soteriología humanística del Banco Mundial” en: Semanario Virtual “Caja de Herramientas”, No. 139, Diciembre de 2.008 (http://www.viva.org.co/cajavirtual/svc0139/index%20-%20pagina%206.html y www.colombiadesdeafuera.wordpress.com).

(5) Lichtensztejn, Samuel y Mónica Baer, Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial. estrategias y políticas del poder financiero, Caracas, Nueva Sociedad, 1989.

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