Mi país, Chile, ha sido erigido como el modelo neoliberal por excelencia. Desde adentro, los partidos políticos que tienen representación parlamentaria a partir de 1990, han abusado de su ejemplo como los mejores alumnos de la cátedra Consenso de Washington.

Incluso, antes de la crisis de 1998 y después de la Tequila (1994), pasó por la imaginación suponer que habitamos un mal barrio que por inexplicables acontecimientos, mi país apareció al sur de América cuando debó existir al costado de Dinamarca, en frente de Suiza, entre Alemania y Bélgica, quizá ser la Irlanda de los ingleses.

Hacia adentro. Nosotros, los chilenos, hemos ido legitimando el monopolio y el oligopolio como contenido ético y práctico del mercado. A tal punto que ya nos empezaba a parecer que fueran las empresas privadas las que controlasen todo el potencial hídrico de mi larga y angosta faja de tierra.

De hecho, las últimas cuarenta centrales generadoras de electricidad y el real impulso a las represas, incluidas “las de paso” en territorio Mapuche, fueron patrocinadas por el presidente Ricardo Lagos y la presidenta Michelle Bachellete, el primero con doble militancia: Partido Por la Democracia (PPD) y Partido Socialista (PS), al igual que Bachelete. 

Para llevar a cabo eso, hemos comprado las almas de los habitantes por donde pasan o se producen las explotaciones, poco de convencimiento e información ha habido. Y, cuando todo eso fracasó, emprendimos la persecución gracias a la ley antiterrorista dejada por el genocida Augusto Pinochet Ugarte.

Este asunto el lector lo podrá ver desarrollado por Rodrigo Navarrete en artículo de Zur2, en el cual no sólo se describe la coyuntura, sino que también ofrece sitios de interés para no perderla de vista. Por mi parte, ofrezco un artículo que se encuentra en: www.mapuexpress.net/content/publications/print.php?id=1095.

Pero, ¿Por qué titular el presente como “cuaderno de campo en la democracia neoliberal? Y mi respuesta es más bien práctica: alguien debe ir al laboratorio, habitarlo, tomar registro de las observaciones y, en lo posible, lograr las fuentes que producen las unidades de análisis. Gracias a lo cual y en un tiempo posterior, se realice una interpretación con un nivel cada vez más abstracto sobre ese dato que ya cuenta con una interpretación.

Entonces, como estoy dentro del laboratorio, tengo a mano a las unidades de análisis, ó, simplemente, soy la unidad de análisis porque vivo las consecuencias de las acciones de las otras unidades de análisis, me autoasigno esta posición de ser uno más de los que estamos recolectando lo que permite estudiar el modelo neoliberal en este caso: Chile.

En virtud de lo cual, inicio este proceso aportando un antecedente aparecido anoche: martes 24 de mayo de 2011, titulado por su autor como: “a la Ministra Evelyn Matthei y a los Chilenos”, la cual está en formato JPG.

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