Siempre aspirando a la liberación y como diría J.M. Serrat: ¨Seria fatàstic…Que tot fos com és manat i ningú no manés/Que arribés el dia del sentit comú/Trobar-se com a casa a tot arreu/Poder badar sense córrer perill/Seria fantàstic que tots fóssim fills de Déu.…¨ (sería fantástico…que todo fuera como está manda´o, y que no mande nadie, que llegara el día del sentir común,  encontrarse como en casa en cualquier sitio, poder ir distraído sin correr peligro, sería fantástico que todos fuéramos hijos de Dios…), la propuesta de Alfabetización de Freire, e incluso, del propio Gramci,  es vital para lograr una sociedad más provechosa y consciente de las repercusiones de sus acciones.

La alfabetización se plantea, entonces, como mucho más que saber leer y escribir: como algo que también salpica en lo cultural, y yo le añadiría lo espiritual.  Pero, sucede, que con el tema de la cultura ¿no puede? vivir sin el tema poder.  Y el poder es maldito porque para la hegemonía supone un gran problema este enfoque, digamos, inclusivo.  Inclusivo en ese sentido freiriano de que el ser tiene la responsabilidad, el deber de comprender y de alterar su realidad.  ¿Cómo eso no va a suponer un problema para el orden dominante?  Ser agente de cambio implica problematizar, cuestionar, resistir, analizar, chocar; cosa que podría volverse inmensamente caótica para el poder en cuestión.  Además, por esto, es más conveniente y fácil mantener a la gente desarticulada, si se quiere, puesto que ya se desarrollaron unos patrones de enseñanza, diseñados por quienes tienen poder, para satisfacer sus necesidades; y a quienes no les hace ni pizca de gracia ceder ese rinconcito autoridad.  Foucault tiene planteamientos bien interesantes en este sentido.  Esa cosa de nombrar: el lenguaje.  El verbo, la lengua nunca es inocente.  Nombrar es darle orden al caos, pues a través de ese ejercicio se valorizan y significan las cosas: proponen una visión de mundo.  Y quienes llevan a cabo la faena silencian al resto de las voces altivas que proponen paradigmas distintos.

Por eso la alfabetización, propuesta por Freire, como movimiento social lleva consigo unas consecuencias inexorables.  Exige un alto grado de humanidad; como diría Facundo Cabral: ¨El Hombre sabe que para vivir  mejor: hay que ser mejor¨.  Por eso existe una diferencia inmensa entre el Hombre y el Ciudadano.  Cabral plantea que ¨…el Ciudadano depende de esa abstracción que llamamos gobierno, el Hombre depende de Dios, es decir, de la mismísima Vida.  El Ciudadano espera que alguien haga por él lo que él no haría ni por él ni por nadie…¨.  Por eso, amar como amo la Madre Teresa de Calcuta requiere un compromiso de ésta índole.  Cualquier subnormal entre y nos mata a todos con una metralleta; pero Amar como Teresa requiere una solidaridad y sensibilidad humana increíble.  Mi objetivo, tampoco, es entrar en el debate ese de la religión, pero indudablemente no puede dejarse de nombrar a esta Maravilla de Mujer.  Que sin duda representaba gran parte, sino es que todos, los postulados freireanos.  Ella era educadora y educanda.  Y una política increíble.  Porque todo lo que logró de alguna manera tuvo que ver con política.  No sé si me expliqué.  Creo que sí.  Ahora bien, me llamo mucho la atención eso de que ¨el concepto de analfabeto proporciona a menudo una excusa ideológica para que los grupos de poder sencillamente silencien a los pobres, los grupos minoritarios, las mujeres o los negros.¨.  Claro, es tan lógico, algo que, al menos yo, sospechaba desde hace un tiempo atrás.  Pero lo que llamo mi atención fue la forma tan clara en que se plantea.

Como las agendas, en este caso políticas, aunque esta mala palabra[1], y sus implicaciones, se encuentra casi omnipresente, atentan contra ámbitos específicos de la población.  Ese demonizar de lo distinto: si eres hombre ¿cómo no gustarte las mujeres?, y cosas por el estilo, sin tomar en cuenta, por ejemplo, la afirmación de Blades ¨de que una cosa es ser varón y otra es ser hombre¨.  Una cosa que va mucho más allá de la biología y que, de alguna manera, incide en esa demonización castrantemente detestable y detestablemente castrante a la que hacíamos alusión.  Evitando caer en el lugar común, pero no menos cierto, de que las diferencias nos enriquecen y nutren la lectura menciona esto recién expuesto, evidentemente de otra forma, pero que sigue el mismo hilo conductor.  Y que, inevitablemente, tiene que ver con la cultura, como mencione más arriba.  Porque la cultura propone y plantea esa historia que tiene que ver con el imaginario de  visión de mundo.  Y la historia siempre la cuenta el vencedor; y es éste último quien tiene el poder y por eso vence.  ¿Será demasiado arriesgado plantear que atrás de todo, más que un problema de literacia en sí mismo, es un problema de poder?  Tal vez, para el lector de estas líneas, y con toda razón, podría parecer, a estas alturas del juego, una pregunta bastante absurda.  Entonces, si la respuesta es afirmativa, es un problema de acceso más que nada, a su vez.  Cierto es que no estoy arrojando nueva luz al problema pero intento entender, aunque para eso necesitare leer dos o tres textos más de Freire y seguramente toda la vida.  Pero, de nuevo, entonces el extracto de la canción de Serrat con la que empecé esta reflexión…mejor ni abordarla.

Mucha gente le atribuye cierto sesgo de anarquismo a esa frase primera: que todo fuera como está manda’o, y que no mande nadie.  Y a lo peor están en lo correcto.  Más a mí me parece, verdaderamente, una forma de expresar la necesidad real, de toda esa estrofa,  de lograr cabalmente el tema que ahora nos ocupa.  Que es preciso darle voz a esos silenciados.  Que si El Mundo es nuestra Casa y La Humanidad nuestra Familia el compromiso es aún mayor de apelar a un juicio crítico honesto, que permita, de alguna manera, la posibilidad real, que es lo que se busca, de aumentar las probabilidades de vida y autodeterminación sin intimidación o atentados contra la vida de los seres humanos.  Como dice Blades: ¨…hay con que, tenemos el deber y vamos a hacerlo, con confianza…¨.


[1] Cuando en la escuela le preguntan a Manolito una palabra con ¨P¨, Mafalda, que se encontraba atrás de él, rogaba que no dijera esa mala palabra que empieza con pe, como lo es Política.  Pero finalmente sus ruegos no fueron escuchados puesto que fue justamente la palabra evocada.

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