Tras el abandono de la paridad cambiaria hace ya diez años, la actividad económica argentina inició un sostenido proceso de recuperación que rápidamente se hizo visible no sólo en la evolución porcentual del Producto Interno Bruto sino también en la continuada disminución de las tasas de desempleo y subempleo horario, indicadores que, entre otros, comúnmente son referidos para dar cuenta de la situación ocupacional de la población y a partir de los cuales ensayar algunas hipótesis y/o interpretaciones sobre las condiciones materiales de vida que ella alcanza dados los recursos que obtiene a partir de cierta operatoria del mercado de trabajo.

Vis à  vis observada la tendencia a la baja en la cantidad de desocupados abiertos, no tardaron en esbozarse los pronósticos con respecto a –por ejemplo– cómo continuaría y con qué intensidad ese movimiento, cuál sería la eventual posibilidad de alcanzar un virtual pleno empleo, las elasticidades empleo-producto que lo asegurarían, etcétera (Groisman, 2010; Bein, 2011; Rofman, 2012). Sin embargo, tales especulaciones no estuvieron solas sino que fueron acompañadas por otras voces que alertaban acerca de las dificultades que un cierto núcleo duro de desocupados, “desocupados estructurales” o “masa marginal”, afrontaría para obtener una ocupación y, con ella, medios de subsistencia y el acceso a un cierto bagaje de capital simbólico con el cual lograr una mejor inserción o afiliación en la vida social.

De cara a definir con algún nivel de precisión quiénes quedarían comprendidos dentro de tal núcleo duro de supuesta “inempleabilidad”, se propone para lo que sigue una somera caracterización del segmento desocupado de la población económicamente activa que se declara (durante el cuatro trimestre de 2011 y considerando la totalidad de aglomerados relevados por Encuesta Permanente de Hogares) estar buscando empleo por un lapso de tiempo superior a los seis meses.

Dicho segmento totaliza 332.195 personas (el 42.4% del total de desocupados), número que surge de la sumatoria de quienes buscan trabajo desde hace más de seis meses pero menos de doce y quienes lo buscan desde hace más de doce meses. Vale destacar que, durante el cuarto trimestre del año 2003 –cuando el país recién iniciaba su proceso de recuperación productiva–, este mismo recorte población era superior en un 58% (785.361 personas).

Se trata de una población mayoritariamente femenina (61%), rasgo que se acentúa en los franjas etarias centrales (18-29 y 30-49 años de edad), en los que la distancia entre varones y mujeres es próxima a las 40.000 personas. En términos agregados, la edad del 51% del segmento recae en el rango 18-29 años. La del 30% recae a su vez en el rango 30-49 años. Es, en consecuencia, una población eminentemente joven (la cual tradicionalmente ha tenido grandes problemas para iniciar y estabilizar su vida laboral), hecho que guarda consistencia con la posición en el hogar que declaran los encuestados, quienes en un 49.4% se reconocen en la alternativa “hijo”, seguidos por la posición “jefe” con el casi 24%.

Con respecto al nivel educativo alcanzado, la mitad de la fuerza de trabajo considerada tiene una formación media (completada sólo por el 27% aprox., 5 puntos porcentuales más que en igual período de 2003) y casi un tercio ha transitado por la educación superior (del cual prácticamente sólo la tercera parte finalizó sus estudios).

Desde el punto de vista de la disponibilidad de cobertura médica paga o financiada por descuento de haberes, se desprende la dependencia del 54.4% de esta población de los servicios de salud pública brindados por el Estado, mientras que aproximadamente un 41% restante de los encuestados sí dispone de obra social (no prepagas ni servicios de emergencia), presumiblemente los jóvenes que acceden a ella en virtud de la ocupación del jefe de hogar.

Territorialmente, la problemática que representa para una autoridad política gestionar esta población se circunscribe, como era de esperar, al Gran Buenos Aires: allí radica el 64% de desocupados cuasi crónicos (porcentaje que en 2003 era casi 7 puntos porcentuales inferior). La situación también afecta, aunque en menor medida (24.4% contra 28% en 2003) a la Región Pampeana. Sobre tal cronicidad, sirva apuntar que un 55% de los encuestados que buscan ocupación por un plazo superior a los seis meses, no realizaron –en ese mismo período– trabajo o changa y que un 15% (50.000 personas aproximadamente) nunca trabajó. Quienes sí tuvieron la experiencia de trabajar, lo hicieron principalmente en calidad de asalariados en changas temporales.

De la rápida descripción realizada de este recorte poblacional (en casi total coincidencia con los diagnósticos efectuados por el gobierno nacional) se desprende su reducida y/o pobre exposición al influjo de reglas, normas y valores que se asocian al trabajo y a la educación en tanto tradicionales ámbitos de disciplinamiento, normalización y socialización de los sujetos que hacen viable la regulación del ordenamiento social, con lo cual, formas alternativas y/o complementarias de gobierno deben ser pensadas para tratar con él de modo de evitar conductas que discutan dicho ordenamiento. Frente a ello, una de las respuestas de las autoridades estatales nacionales ha consistido en intervenir y compensar de modo focalizado a los sujetos afectados por el paro con tecnologías orientadas a constituirlos –vía adquisición de conocimientos y capacidades estandarizadas y transferencias de dinero– en sujetos que puedan participar en condiciones de mayor competitividad del mercado de trabajo, inculcándoles, en el mismo movimiento, reglas, patrones y hábitos de comportamiento acordes a una moral de empoderamiento, autogestión, autoestima, iniciativa y responsabilización personal que permita conducirlos actuando también a través de los intereses, las voliciones y las aspiraciones que desarrollen. Suele ocurrir, como ha señalado ya tiempo atrás Castel (1997), que estas acciones de inserción si bien redundan en no demasiadas ocupaciones efectivas, permiten “calmar al tonto”, evitando los momentos de violencia y rebelión tan temidos desde el Estado.

Expuestos muchas veces a condiciones laborales donde lo aleatorio es lo que prima y en las que la inmediatez de las necesidades hacen difusa la apropiación y disposición del tiempo y la proyección a futuro, estos supuestos “supernumerarios” expresan y desarrollan, al igual que cualquier otro sujeto, una politicidad que arraiga en aquellas condiciones. Sirva considerar en consecuencia que los rasgos de las trayectorias y/o necesidades coyunturales de estos –principalmente– jóvenes (gran parte de ellos de nula experiencia laboral, con problemas de retención escolar y mujeres en mayor número) pueden predisponerlos a ser interpelados por discursos que, así como explotan interesadamente los problemas de la realidad que los afectan en busca de solidaridades (léase votos), sobresalen por presentar de modo recortado, simplificado –y por ello fácilmente asimilable–, los culpables de tal situación y los expeditivos correctivos a instrumentar.

Ocho años de recuperación y crecimiento económico a tasas próximas al 7% u 8% del PIB no fueron suficientes para que el mercado de trabajo absorba una superpoblación relativa aparentemente todavía concebida como ejército industrial de reserva más que como masa marginal (Nun, 2001). La vieja y típica idea de convertir jóvenes desocupados en inactivos estudiantes parecería ser el largo y sinuoso camino a recorrer en el corto y mediano plazo, con el auxilio, eso sí, de salarios del jefe de hogar y estipendios en concepto de becas que permitan retener a esta población en el sistema educativo.

Referencias bibliográficas

DEAN, Mitchell (1999). Governmentality. Power and Rule in Moder Society. Londres: Sage Publications Ltd.

FOUCAULT, Michel (1983). “El sujeto y el poder”. En Hubert DREYFUS y Paul RABINOW, Michel Foucault: más allá del estructuralismo y la hermenéutica. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión.

MÉDA, Dominique. (2007). “¿Qué sabemos sobre el trabajo?”, en Revista de Trabajo, Nº 4. Buenos Aires: Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, Presidencia de la Nación Argentina.

NUN, José (2001). Marginalidad y exclusión social. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Fuentes periodísticas

BEIN, Miguel. “Argentina llegó al pleno empleo”, en Realidad Argentina. Miércoles 31 de agosto de 2011. Disponible en http://realidad-argentina.com.ar/noticia/3410/argentina-llego-al-pleno-empleo

GROISMAN, Fernando. “Pilar de la recuperación”, en Página/12. Lunes 26 de julio de 2010. Disponible en http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-150150-2010-07-26.html

ROFMAN, Alejandro. Testimonio publicado por Juan José Domínguez, “La Argentina está a las puertas del pleno empleo, según economistas”, en Infonews. Viernes 27 de enero de 2012. Disponible en http://www.infonews.com/2012/01/27/economia-8356-la-argentina-esta-a-las-puertas-del-pleno-empleo-segun-economistas.php

 

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