Desde una mirada antropológica, pretendemos esbozar algunas características del proceso de movilización colectiva impulsado por las mujeres chacareras del MML del sur de Santa Fe (desde el año 1995 hasta el 2008) tendiendo al entramado de relaciones dialécticas entre sujeto/estructura, contextos socio-históricos/ experiencias de los sujetos como también así abarcando distintas dimensiones de lo real: sociales, políticas, históricas, económicas, culturales, y cotidianas.

Combinamos un enfoque de hegemonía para estudiar los procesos de configuración y reconfiguración en el agro pampeano y santafesino, las modificaciones en el modelo productivo pero sobre todo para atender a los modos en que estas transformaciones fueron vividas y experimentadas por los sujetos chacareros, traduciéndose en  situaciones de adaptación, sufrimiento y padecimiento. Es decir, nos centramos en analizar cómo los sujetos sentían e interpretaban estas relaciones hegemónicas y cómo estas relaciones transformaron sus vidas cotidianas. Puntualmente, enfatizamos que uno de los cambios más sobresalientes que se introdujo en el modelo productivo a partir de los años setenta ha sido la introducción del cultivo de soja y el paquete tecnológico. El conjunto de cambios en las condiciones de producción agropecuaria implicó una creciente articulación de las explotaciones a complejos agroindustriales. En los años ’90 estas tendencias se profundizaron con la difusión del cultivo de soja resistente al glifosato y resultó sumamente rentable junto con el desarrollo de la “siembra directa” ya que simplificaban las tareas necesarias para poner en marcha el proceso productivo.

Desde el Estado se promovió la adaptación de los chacareros a las nuevas pautas de producción y de acuerdo con ello, se impulsaron políticas crediticias que permitieron a los chacareros acceder a la compra de maquinaria. Sin embargo, el Estado había reconfigurado sus practicas regulatorias, dejando de intervenir en el sector a través del seguro de un precio mínimo que garantizara a los pequeños productores comerciar con grandes productores o con los nuevos sujetos agrarias que habían surgido durante esa década (pools de siembra). De manera concomitante, se habían eliminado las Juntas Reguladoras (de carne, granos) y las intervenciones en el mercado de tierra y de arrendamientos.

Los chacareros en tanto asimilaron las prácticas estatales crediticias, entraron en una lógica de endeudamiento que terminó en situaciones de ahogamiento económico y remates de sus tierras y maquinarias. Durante la década neoliberal, se fue conformando entonces un campo de fuerza en donde las relaciones entre Estado y  chacareros estuvieron marcada por tensiones, adaptaciones, pero también por procesos de resistencia. Algunos chacareros resistieron a las nuevas pautas de producción que provocaban el alejamiento del grupo familiar del agro por falta de trabajo necesario en la producción o por ausencia de condiciones mínimas para seguir viviendo en el campo puesto que en numerosos casos no tenían acceso a servicios públicos, era deficitario el sistema de caminos y se había detenido la construcción de escuelas. En relación a ello y siguiendo a otros autores (Cloquell, S. 2007; Giarraca y Teubal, 2001; Piñeiro, D. 2004) las políticas estatales producían la desaparición de los chacareros y/o su transformación en “empresarios” o “administradores” del agro.

Ante estos procesos, algunas familias de chacareros persistieron y continuaron viviendo en el campo pero esta resistencia se dio de modo inarticulada. Es en este escenario que una de las respuestas ha sido el fortalecimiento de la movilización colectiva protagonizada por las integrantes del MML.

El proceso de movilización colectiva del MML puso en discusión y visibilizó la defensa de un modo de vida característico de los chacareros que se inscribía en una historia: la de las familias inmigrantes, mayormente italianos, que se asentaron a fines del siglo XIX y principios del XX en el agro pampeano y santafesino. Estas familias de agricultores generaron un lazo afectivo con la tierra, la vinculaban con su trabajo, la significaban como elemento de lucha y de disputa. Los sentidos estuvieron relacionados con las experiencias de los sujetos, ya que desde un comienzo los chacareros lucharon por acceder a la tierra y esta lucha fue adquiriendo diferentes contenidos de acuerdo con los momentos socio-históricos. A fines del siglo XIX los inmigrantes chacareros tuvieron acceso a la propiedad del suelo pero rápidamente esta forma de tenencia cambió por el arrendamiento. En relación a ello durante la década de 1910- 1920 estos sujetos entablaron diferentes conflictos con los dueños de la tierra (latifundistas) entorno a los contratos de los arriendos y a la renta del suelo. Más adelante, a partir de la década del ’30, cuando los chacareros empezaron acceder a la propiedad de la tierra, la disputa con los latifundistas persistió pero cambió de contenido. Al mismo tiempo y en tanto los chacareros contrataban fuerza de trabajo la relación con los trabajadores también fue compleja y generó tensiones. Según Ansaldi (1993) en estos procesos de lucha y contienda los chacareros se fueron conformando como clase, en la medida que los agricultores inmigrantes, arrendatarios primero y luego propietarios, fueron articulando intereses comunes que se oponían a los intereses terrateniente y a los intereses obreros. Como afirma Thompson (1984) en ese proceso fueron forjando una “conciencia de clase” que se expresó en la experiencia, y se encarnaron en tradiciones, sistema de valores, ideas y formas institucionales.

Las mujeres chacareras del MML recuperaron esta historia y tradición familiar, enmarcando su lucha en estos conflictos agrarios. A partir de esta línea de análisis podemos reflexionar sobre el peso de la historia y de las tradiciones en los procesos de movilización. En este sentido retomando los planteos de Thompson (1984, 2002) en su investigación sobre los motines de subsistencia del Siglo XVIII, podemos sostener que las mujeres chacareras luchaban en nombre de ciertas costumbres, es decir, inscribían sus prácticas de resistencia en mecanismos legitimadores que referían a su tradición y a la defensa del modo de vida chacarero que se encontraban en tensión y estaba a punto de desaparecer.

En este marco, el paro de remates se transformó en la forma de lucha que caracterizó al MML. A través de esta acción, las mujeres actualizaron símbolos y lenguajes de protesta, como la tierra, el tractor, el himno y la patria, en tanto que palabras como chacra, chacareros, latifundistas fueron usadas para hablar, acomodarse, comprender,  confrontar o resistir situaciones de endeudamiento, crisis económicas, falta de trabajo, es decir, expresiones del proceso de dominación.

En concordancia con la defensa del modo de vida chacarero y la forma de protesta, las mujeres fueron entretejiendo relaciones con organizaciones agrarias, políticas, sociales, parientes, amigos, que se convirtieron en lazos necesarios para extender el proceso político. Tomando en cuenta estos vínculos, sobre todo con las organizaciones agrarias: Federación Agraria Argentina, Agricultores Federados, Chacareros Federados, los espacios que estas organizaciones fueron habilitando se convirtieron en espacios de resistencia, especie de ranuras a partir de los cuales las mujeres chacareras podían convertirlos en herramienta de disputa frente a los procesos hegemónicos.

El peso de la historia y las tradiciones también modeló el sentido y el alcance de las demandas dirigidas hacia el Estado. Las reivindicaciones apelaban a la intervención del Estado en el mercado de tierras, en el sistema de arrendamientos, inscribiendo y reactualizando prácticas históricas de regulación estatal concentradas especialmente en el periodo de 1930-1970. Sin embargo, con la dictadura del ’76 habían empezado a reconfigurarse estas prácticas y a diferencia de lo que algunos analistas llamaron “desregulación” no significó “ausencia” del Estado sino una nueva modalidad de regulación. (Borón, A. 2001)

Así, las relaciones entre Estado y Movimiento se caracterizaron por tensiones, enfrentamientos y negociaciones como parte de los procesos hegemónicos. De acuerdo con esto, las mujeres chacareras podían expresar y formular demandas y reivindicaciones, como la “ley de arrendamientos y aparcerías rurales” o la Reforma Agraria, pero el Estado era el que definía los temas y puntos de negociación: por ejemplo trataba los casos particulares de endeudamiento al mismo tiempo que marcaba límites precisos ya que no resolvía los problemas estructurales del agro relacionados con el uso y tenencia de la tierra como tampoco decidía negociar sobre modificaciones en el modelo productivo dominante. En este sentido y siguiendo a Thompson (1984) la hegemonía define los “límites de lo posible”, inhibe el desarrollo de horizontes y expectativas alternativos pero esto no se encuentra determinado ni automático, sino que depende del campo de fuerza que conecta las relaciones entre el Estado y la sociedad civil (en términos de Gramsci).

A través de la movilización colectiva, estas mujeres intentaron resquebrajar el “sentido común” dominante de la década del ’90 que culpabilizaba a los productores chacareros del endeudamiento, del fracaso productivo, de la supuesta “ineficiencia” para incorporar maquinarias y tecnologías. Estando en movimiento y resistiendo no solo disputaron la construcción de una “hegemonía intelectual y moral” (Balsa, J. 2006) sino que transformaron su experiencia y vidas cotidianas. Desde su lugar de madres, esposas o hermanas de chacareros, responsables de la reproducción familiar lucharon y sostuvieron/reprodujeron una imagen de sí mismas como “amas de casas”, relegadas a la esfera privada o doméstica, marcando como salida al ámbito público-político la participación en el MML. Con relación a esto, intentamos trascender la dicotomía entre ámbito público y doméstico, relativizando la imputación sociológica que atribuye a estas mujeres el encierro en la vida privada hasta la conformación del MML como también tensionar la idea que restringe la política al ámbito público. Seguimos el planteo de María Lagos (2008) relativo a que ambas esferas están permeadas una de la otra, es decir, que la esfera pública está permeada de lo doméstico y lo doméstico de la política. De todas formas, esto no implica desatender las tensiones que produjo la identificación de las mujeres como garantes de la reproducción familiar a la vez que como militantes en el marco de procesos de movilización colectiva que se expresó en transformaciones cotidianas y en los sistemáticos intentos por complementar la maternidad con la lucha. Un dato a destacar, fue la manera en que las mujeres apelaban al registro emotivo para describir no sólo su experiencia durante los años ’90, como sentimientos y sensaciones de “angustia”, “depresión”, “tristeza” sino también para referir a su presente de movilizacion y lucha, como las sensaciones de alegría, felicidad y vitalidad.

En términos generales sostenemos que modificaron experiencias, sentimientos y cotidianeidad y en este proceso se transformaron a sí mismas.

Bibliografía

Ansaldi, W. (1993): “La pampa es ancha y ajena. La lucha por las libertades capitalistas y la construcción de los chacareros como clase. En: Bonaudo, M. y Pucciarelli, A. (comp.): La problemática agraria. Nuevas aproximaciones. Centro Editorde América Latina. Tomo II

Balsa, J. (2006). “Las disputas hegemónicas en torno a las cuestiones sociales agrarias de la pampa argentina en la actualidad.” Ponencia presentada en: VII Congreso Latinoamericano de Sociología Rural, 20 – 24 de noviembre, Quito, Ecuador. Disponible en: www.alasru.org consultado 30/05/08

Borón, A. (2001): “El nuevo orden imperial y como desmontarlo”. En:
http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/seattle/boron.pdf Ponencia presentada en el Foro Social Mundial el día 27 de enero de 2001

Cloquell, S. (2007): Familias rurales. El fin de una historia en el inicio de una nueva agricultura. Silvia Cloquell (coordinadora) Homo Sapiens Ediciones. Rosario. 1ª ed.

Giarraca, N., Teubal, M.: (2001) “El movimiento de mujeres agropecuarias en lucha: las mujeres en la protesta social agraria.”En La protesta social en la Argentina. Transformaciones económicas y crisis social en el interior del país.  Norma Giarraca y colaboradores. 1°ed-Bs. As. Alianza

Gras, C. y Hernández, V. (2009): “El fenómeno sojero en perspectiva: dimensiones productivas, sociales y simbólicas de la globalización agrorrural en la Argentina.” En: Gras, C. y Hernández, V. (coord): La Argentina rural. De la agricultura familiar a los agronegocios. Buenos Aires: Editorial Biblos.

Lagos, M. (2008): “Vida cotidiana, ciudadanía y el género de la política”. En: Cuadernos de Antropología Social, Nº 27, Filosofía y Letras, UBA. http://www.scielo.org.ar consultado 23/10/11

Piñeiro, Diego E. (2004): “Cuando lo privado es político”: el Movimiento de Mujeres Agropecuarias en Lucha de Argentina. En publicacion: En busca de la identidad. La acción colectiva en los conflictos agrarios de América Latina. (2004) Diego E. Piñeiro. CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires, Argentina.

Thompson, E. (1984): “La sociedad inglesa del siglo XVIII: ¿Lucha de clases sin clases?” En: Tradición, revuelta y conciencia de clase. Estudios sobre la crisis de la sociedad preindustrial. Editorial Crítica, Barcelona

Thompson, E. (2002): Obra esencial. Editorial Crítica. Barcelona.

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