tendencias-tecnologicas-2013Los argumentos que permiten reflexionar sobre las relaciones entre la ciencia y la tecnología, comúnmente los encontramos situados en un formato limitado por los criterios de utilidad económica y de objetividad. Este formato declara dos cuestiones importantes.

Por un lado, nos anuncia que la ciencia no sería extraña a la demanda de las organizaciones que aplican sus descubrimientos y que por este uso, logran beneficios. En esos términos se produce una paradoja, se observa una diferenciación entre los que generan conocimiento: los científicos, y los que incorporan los resultados de la ciencia a sus iniciativas particulares, los empresarios; luego acontece una desdiferenciación –que es mucho más que una simple dependencia- entre los programas de investigación de los científicos y las políticas de las organizaciones que cuentan con los recursos monetarios para hacer efectiva la demanda sobre ciertos avances de la ciencia, y no sobre otros.

Por otro lado, la noción de objetividad se define en las relaciones entre científicos y empresarios-inversionistas, entonces hay convenciones sobre: la elección de un problema de investigación entre todos los problemas de investigación existentes, en torno al procedimiento requerido para conducir la experiencia científica entre todas las metodologías disponibles; sobre la propiedad de los resultados que se logran de la experiencia científica, entre otros productos y conclusiones que aparecen en su transcurso; y sobre la forma de distribución de ese beneficio o logro.

Ahí es factible reconocer un circuito de ciencia y tecnología confeccionado según la elección de una disciplina científica, o parte de una disciplina, la cual no agota todas las posibilidades que despliega la comunidad científica. Esto es posible gracias a una demanda altamente especializada que busca beneficiarse con la distribución de los resultados de los científicos, asegurando con ello un retorno monetario, para lo cual también identifica un segmento de la población con capacidad de pago o de deuda que asista a consumir los que esa tecnología ofrece.

Seguramente el o la lectora se preguntará, ¿Dónde están reflejados los intereses de los Estados o los problemas de la Sociedad Civil en este circuito de ciencia y tecnología? La respuesta errada sería la que señala que están ausentes, y es errada porque dicho argumento no reconocería que este paradigma científico y tecnológico los incorpora en su calidad de consumidores, clientes, pacientes o población objetivo de las aplicaciones de los resultados científicos. Es decir, están en el último tramo del proceso productivo y no necesariamente en el inicio, o cuando se articulan las convenciones que diseñan la agenda de ciencia y de tecnología.

Inmediatamente surgen otras preguntas, entre ellas la que quiero responder ahora, a saber ¿Existen otros circuitos científicos y tecnológicos? La respuesta es sí pero son incompatibles con el modelo que acabo de presentar si el Estado y las distintas expresiones del pueblo, se encuentran con las manos atadas para participar en las hechuras de las convenciones que fijan las prioridades de una infraestructura científica descentralizada, diferenciada y orientada a responder los problemas que afectan a las personas y a sus organizaciones, desde abajo hacia arriba.

Otros contenidos para la reflexión sobre la ciencia y la tecnología

A continuación mi respuesta se dirige a presentar tres libros que contienen resultados de investigaciones empíricas, y desde ahí los investigadores nos proponen sus propias visiones sobre los circuitos de ciencia y tecnología.

El primer libro está fechado en 1992, es una obra colectiva del antropólogo Juan van Kessel y del lingüista  Dionisio Condori Cruz, el título es: “Criar la Vida: trabajo y tecnología en el mundo andino”, y su ubicación en la internet es la siguiente: http://www.unap.cl/iecta/biblioteca/libros/pdf/criar_la_vida.pdf

El eje central de la obra es el concepto de Tecnología Andina. Desde ahí, ellos revisan la “metodología científica” confeccionada desde el etnocentrismo y que deriva en una definición occidental cuyo actor principal es el Homo Faber; y describen los procesos de adecuación y adaptación que se registran en una comunidad que ha logrado educarse en la observación y en la experimentación, o en la reproducción histórica de un “caudal de conocimiento y habilidades empíricas”.

Al centro de este conocimiento acumulado y situado, los investigadores reconocen la noción de Ayllu, el cual engloba los saberes de la ley Ayni en las relaciones de tres sociedades: la humana, la extra-humana y la de la naturaleza.fingerreader-discapacitados-visuales

En esos términos, la Tecnología Andina posee una dimensión empírica y una simbólica, y presenta una identidad relativa al Ayllu que facilita que sus integrantes “sepan criar y se dejen criar”.

Para cerrar esta presentación, sólo animaré al lector o la lectora con una cita de los investigadores:

“Nada más lejos de la visión andina del trabajo que siempre está sujeto a la ética e inserto en la cosmovisión religiosa del andino. Donde Smith despoja el trabajo de su calidad humana, enajenándolo de la persona del trabajador y privándolo de todo sentido no-económico, allí el andino no se encuentra nunca con el problema de la dignidad y el sentido del trabajo que es pluridimensional y que tiene sentido económico, a la vez que social, ético, religioso, estético, afectivo y emocional. El trabajo representa su realidad existencial misma. Al mismo tiempo la praxis del trabajo en la comunidad andina no separa la persona de su trabajo ni de su familia. No existe arriendo ni compraventa de trabajo, sino ayni, minka y faena que son la base de la organización social del trabajo y que no dan cabida a la enajenación (esclavista, feudal o capitalista) del trabajo. En su ayllu el andino se encuentra unido a su trabajo y realizado por su trabajo. En cambio, fuera de la comunidad – donde él se encuentra con el hacendado, el comerciante, el mestizo, el juez, el gamonal, el no-andino – la praxis del trabajo representa continuamente para el andino una explotación deshumanizante en efecto de una filosofía colonial y racista, originaria de la sociedad occidental y dominante. Para Taylor, la ingeniería industrial consiste en la combinación ajustada de elementos mecánicos, inclusive del trabajo estereotipado, para alcanzar la norma de la máxima ganancia; en cambio para el andino, el arte de producir es “criar” y consiste en una combinación más fértil de elementos orgánicos y vivos del medio natural y del trabajo humano, dentro de su marco normativo ético-religioso. En la organización del trabajo andino, la tecnología productiva en sus dos dimensiones – empírica y simbólica – queda en manos del trabajador mismo, mientras la planificación del proceso de producción está basada en el saber tradicional ritualizado y manejada en forma comunitaria. El saber polivalente del trabajador andino es esencial y se combina con la praxis, la realización de su labor, dentro de un proceso productivo concebido como orgánico y biológico. Su producto llevará la marca de originalidad y unicidad, propias del producto artesanal.” (Kessel y Condori, 1992:125, 126)

El segundo libro que presento está fechado en 2009, es obra del matemático y sociólogo de oficio Álvaro García Linera, su título es: “Forma valor y forma comunidad”, y su ubicación en la internet es la siguiente: http://biblioteca.clacso.edu.ar/gsdl/collect/clacso/index/assoc/D1242.dir/garcial.pdf

En la lectura que yo he realizado de la obra, he logrado reconocer dos partes. En la primera parte el investigador establecer un diálogo entre El Capital y Grundrisse de Marx. Para cualquier interesado en la obra de Marx, el trabajo de García es una fuente obligatoria de lectura, y para los efectos de la presente exposición sólo subrayo el tratamiento que él hace sobre el trabajo útil y la actividad creativa, en la medida que abre la puerta para conocer, por ejemplo: el carácter colectivo de lo producido, el valor como forma de intercambiabilidad y la doble sociabilidad del (en) el proceso de trabajo.

En la segunda parte, la cual yo reconozco que se inicia en el sexto capítulo: “La forma de comunidad del proceso productivo”, el investigador utiliza la realidad de Bolivia para encontrar las diferencias con la teoría marxista, especialmente con el tipo “sociedad asiática”. Luego irá destacando que el obrar comunitario define un “contenido técnico-social de los medios de trabajo”, donde los acuerdos colectivos figuran una comunidad política diferenciada, para luego arribar a la noción de “formas tecnológicas comunales”.

Para cerrar esta presentación, sólo animaré al lector o la lectora con una cita del investigador.

“La forma comuna arcaica define entonces, en el terreno del PTI [Proceso de Trabajo Inmediato] como rasgo característico de su forma técnico-productiva, a la cooperación productiva. De hecho, la entidad social en este nivel de la abstracción se explica como una asociación comunitaria fundada en la cooperación laboral directa que, abarcando el ámbito de obtención de los medios de vida, de subsistencia, de acumulación material reproductiva, puede llegar incluso hasta la preparación y habitación de la vivienda, la preparación de los alimentos, la convivencia familiar, el cuidado de la prole de la pareja (estable o no, esto es cuestión de forma). La comuna agrícola, por su parte, establece el mismo modo de agrupamiento a la hora de la obtención de los medios de vida pero en una escala más reducida: la familia nuclear (unida o temporalmente expandida), que se diferencia, a la vez que le da cuerpo, del núcleo comunitario reproductivo más amplio. En ambos casos la cooperación es la forma organizativa en la que la fuerza de trabajo individual se manifiesta como fuerza de trabajo social, como laboriosidad social dirigida a un fin específico y la modalidad técnica en la que ella se presenta como condición de trabajo en el proceso de trabajo. Este será entonces el núcleo en torno al cual girará el conjunto de funciones sociales circulatorias, rituales y simbólicas que caracterizan a las entidades comunales y definen la específica forma social en la que los miembros de la comunidad quedan fusionados vívidamente.

Cuando la cooperación en el PTI existe no como suma organizada de los diferentes trabajos individuales con finalidades individuales dentro de un fin más general del proceso de trabajo en su conjunto (uno caza, otro siembra, otro cocina, otro cuida los animales, etc.), sino que es a la vez la forma de realización del trabajo en un mismo proceso de trabajo inmediato [PTI] (sea o no con medios de trabajo colectivos), la “fuerza de masa” (Marx) se presenta como fuerza productiva social-tecnológica, tal como sucede en la comunidad arcaica, en la que el laboreo de la tierra se realiza comunitariamente.” (García, 2009, 274)

El tercer libro que presento está fechado en 2011, es obra del arqueólogo Alexander Herrera, su título es: “La recuperación de tecnologías indígenas. Arqueología, Tecnología y Desarrollo en Los Andes”, y su ubicación en la internet es la siguiente: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/becas/20120420010116/Recuperaciondetecnologias.pdf

La obra de Herrera asume que la tecnología es una construcción social anclada a un contexto humano, en otro momentos reconoce que la tecnología posee una “fuerza abstracta que involucra los aspectos económicos y políticos de los objetos y su uso productivo, tanto como sus facetas sociales, religiosas o culturales.”

Luego sostienen que las prácticas tecnológicas son un tipo de rol que estructura las identidades individuales y colectivas. Por tanto, su empresa no es la de ver sólo las ‘cosas’, ‘saberes’ o ‘maneras de hacer’, sino que comprender cómo se ha ido instituyendo la red sociotécnica andina. En ese proyecto, el investigador conoce las consecuencias de la lógica mercantil que se introduce como las políticas de recuperación de las tecnologías orientadas por los criterios de la eficiencia y la eficacia, los cueles son presentados como procesos neutrales, cuando no lo son. En ese escenario es comprensible su énfasis por la valoración de los saberes divergentes y las capacidades de los individuos, comunidades y agencias de desarrollo.

Para cerrar esta presentación, sólo animaré al lector o la lectora con una cita del investigador.

“La perspectiva fenomenológica hacia la materialización de la moral de Peter-Paul Verbeek (2006), basada en la filosofía de Martin Heidegger, es de particular interés en este sentido. “El fenómeno de la mediación tecnológica [al nivel de la experiencia y la práctica] crea una responsabilidad específica para los diseñadores” (Verbeek 2006: 368), en cuanto abre la posibilidad de diferenciar el buen uso del mal uso, y el buen diseño, del malo. Un plato desechable, por ejemplo, lleva implícito en su guion una decisión ética que privilegia la comodidad de un breve —y único— contexto de uso delimitado por la compra y el descarte. Así, separa y relega los procesos previos de producción y distribución, así como la posterior recolección, transporte y enterramiento o quema de la basura. Este guion de uso es radicalmente distinto a aquel de una vajilla de loza que reclama labores repetitivas, como el lavado, el secado y el almacenamiento, que dan lugar a una relación muy distinta entre objeto y sujeto.

En un nivel más específico, el enfoque en el contexto de uso tiende a reducir y, por ende, a simplificar el contexto social de la tecnología. Así, al privilegiar el estudio de la producción y el uso, se dejan de lado los contextos sociales de la producción, la distribución, el consumo y el descarte, así como los significados cambiantes de los objetos, es decir, las tradiciones de pensamiento en que se inscriben. Los protagonistas de estos “dramas tecnológicos” (cfr. Pfaffenberger 1992b) serían los diseñadores y consumidores de la tecnología. Sin embargo, esta distinción analítica desliga al diseñador del consumidor, como si no formaran parte de una misma sociedad. Al hacerlo, recrea aquella división del trabajo alienante que caracteriza a las sociedades capitalistas. El filtro analítico que preferencia las relaciones entre diseñadores y consumidores mediados por el mercado difícilmente es aplicable a sociedades tradicionales, y mucho menos en los Andes centrales, donde la institución mercantil se impuso durante la colonia, alterando el curso de la historia indígena de la domesticación del paisaje.” (Herrera, 2011:12)

Finalmente, espero que la o el lector busque los contenidos en los textos que le he presentado, los conozca, reflexiones con ellos y en contra de ellos, y asuma que la ciencia y la tecnología no son extrañas a su forma de vida, incluyendo sus anhelos sobre el devenir de estas esferas y sus circuitos posibles en lo político.

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