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En Noviembre del año 2007, invitado por la Maestría en Administración y Políticas Públicas de la Universidad de San Andrés (Buenos Aires, Argentina), que aún dirigía Carlos H. Acuña, Adam Przeworski dictó un seminario breve (dos encuentros) titulado ¿Cuánto importan las instituciones para el Desarrollo Económico? En ese seminario, se discutieron dos versiones de un trabajo de su autoría: “Institutions Matter?”, un borrador preparado para una conferencia de 2003 en el CEBRAP (Sao Paulo), y “La última instancia. ¿Son las instituciones la causa primaria del Desarrollo Económico?”, que es traducción de la versión definitiva de aquel paper[1].

En ellos, el autor se proponía discutir no sólo los fundamentos teórico-metodológicos de la Nueva Economía Institucional, tomando como principales aunque no únicos referentes a Douglass C. North (y el planteo incluido en “Instituciones, Cambio Institucional y desempeño económico”), y los tempranos trabajos de Daron Acemoglu, Simon Johnson y James Robinson, que están en la base del reciente “Por qué fracasan los países. Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza”, que publicaron el primero y el último). También pretendía proveer evidencia empírica de algunos de sus clásicos estudios comparados de N grande (PRZEWORSKI, ÁLVAREZ, CHEIBUB Y LIMONGI, 2000; AA.VV: “Democracia Sustentable”, 1998[2]) para relativizar el papel de las instituciones como la causa última del desarrollo económico (PRZEWORSKI, 2003 y 2004). En América Latina este debate permanece más vivo que nunca.

Entre los principales representantes de ambas posiciones, se encuentran muchos compatriotas. Ese debate es el que de un lado protagonizan Pablo Spiller (Uruguay), Mariano Tomassi, Carlos Scartascini y Ernesto Stein (estos últimos, oriundos de Argentina), reunidos en la actualidad por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el proyecto de investigación “Instituciones políticas, elaboración y resultados de las políticas públicas”[3]. Compartirían, trazo grueso, la perspectiva de North, Acemoglu y Robinson; y más generalmente, la de la Nueva Economía Institucional[4]. En el otro lado, encontramos a Carlos Acuña y sus colaboradores[5] en la serie “Estado y Política” de Siglo XXI, que arrojó 3 libros coeditados con la Fundación OSDE (“Cuánto Importan las Instituciones”, 2013; “El Estado en acción” y “Dilemas del Estado Argentino”, 2014). Carlos Acuña decididamente emparentado con la perspectiva de Przeworski.

Los primeros, consideran que las instituciones constituyen la última instancia en la explicación de los resultados del juego social (políticos, sociales y económicos, etc.). Que son institucionales las explicaciones que debemos darnos para entender el estado de las cosas, así como institucionales son también las reformas necesarias para cambiar el status quo. En “El juego político en América Latina. Cómo se deciden las políticas públicas” (SCARTASCINI, SPILLER, STEIN, TOMASSI, 2010), se reúnen las contribuciones de distintos investigadores que, utilizando un marco teórico común, han abordado el análisis del proceso de formulación de políticas (PFP, sigla utilizada por los autores).

Ese marco común está contenido en el capítulo 1, y fue escrito a 8 manos por los editores del volumen. Allí se sostiene que el libro pretende ser un resumen de la economía política detrás del PFP, “Abordando los vínculos entre las instituciones políticas, los procesos de formulación de políticas y las consecuencias de las políticas en una variedad de países, el libro construye puentes entre el interés de los economistas acerca de los efectos de las políticas públicas en los resultados económicos y sociales, y el interés de los politólogos sobre el funcionamiento de las instituciones democráticas y los resultados políticos… En este libro, el énfasis puesto sobre el rol de las instituciones políticas como variables explicativas de interés representa, en cierta forma, una desviación respecto del enfoque adoptado por la mayor parte de la literatura anterior sobre la economía política en América Latina, la cual se centra más en el impacto de las presiones de actores externos y de grupos de interés” (ob.cit.:16-18).

Los segundos, pretenden discutir si siempre y en todo lugar las instituciones importan; cuánto es que importan; y quizás fundamentalmente, cuál es el interjuego entre esas y otras variables para entender el juego social. Acuña escribe también un capítulo que obra como marco teórico común de los tres libros, pero esta vez a cuatro manos, con Mariana Chudnovsky. En él, afirman que “Sea como fuere, la tendencia presente es analizar las instituciones otorgándoles una preeminencia sobre las otras variables sociales, o bien de manera divorciada de su contexto socioeconómico e ideológico-cultural, o bien obturando su propia historia y el papel histórico, los intereses y la ideología de los actores… Sin embargo, ¿nos convencen estas nuevas y diversas cruzadas institucionalistas encaminadas a disciplinar las otras variables del análisis social? Si efectivamente las instituciones forjan comportamientos mediante la estructura de incentivos que les presentan a los sujetos o como estructuras que dotan de sentido a su accionar, ¿por qué deben importar los actores o cómo piensan?… Así, hoy las instituciones gozan de buena prensa y su defensa va acompañada de sofisticadas teorías y métodos de análisis” (ACUÑA y CHUDNOVSKY, EN ACUÑA, 2013:23-24).

Este es el terreno sobre el que se juega uno de los principales debates de la Ciencia Política contemporánea. No sólo por su agudeza teórica; no sólo por la envergadura de los contendientes; fundamentalmente, por sus implicancias en nuestra vida cotidiana. Porque a pesar de las transformaciones que ha vivido nuestra América Latina en el nuevo siglo, de la mano de gobiernos que han pretendido recuperar resortes abandonados de la conducción política de la economía, muchas de nuestras políticas públicas se parecen demasiado a las que supimos tener en el último cuarto del siglo pasado. Esa sigue siendo la cuestión.

Referencias.

ACEMOGLU, DARON Y ROBINSON, JAMES (2012): “POR QUÉ FRACASAN LOS PAÍSES. LOS ORÍGENES DEL PODER, LA PROSPERIDAD Y LA POBREZA”. (ED. DEUSTO).

ACUÑA, CARLOS (COMP., 2013): “¿CUÁNTO IMPORTAN LAS INSTITUCIONES? GOBIERNO, ESTADO Y ACTORES EN LA POLÍTICA ARGENTINA”. (ED. SIGLO XXI Y FUNDACIÓN OSDE.)

ACUÑA, CARLOS (COMP., 2014): “DILEMAS DEL ESTADO ARGENTINO. POLÍTICA EXTERIOR, ECONÓMICA Y DE INFRAESTRUCTURA EN EL SIGLO XXI”. (ED. SIGLO XXI Y FUNDACIÓN OSDE.)

ACUÑA, CARLOS (COMP., 2014): “EL ESTADO EN ACCIÓN. FORTALEZAS Y DEBILIDADES DE LAS POLÍTICAS SOCIALES EN LA ARGENTINA”. (ED. SIGLO XXI Y FUNDACIÓN OSDE.)

ALT, JAMES Y SHEPSLE, KENNETH (1990): “PERSPECTIVES ON POSITIVE POLITICAL ECONOMY” (CAMBRIDGE UNIVERSITY PRESS).

NORTH, DOUGLASS C (2006): “INSTITUCIONES, CAMBIO INSTITUCIONAL Y DESEMPEÑO ECONÓMICO” (F.C.E.)

PRZEWORSKI, ADAM (2003): “INSTITUTIONS MATTER?” DRAFT PAPER PREPARED FOR A MEETING ON INSTITUTIONS, BEHAVIOR, AND OUTCOMES, CEBRAP (SAO PAULO). PROVISTO POR EL AUTOR. DISPONIBLE EN http://politics.as.nyu.edu/docs/IO/2800/go_2004.pdf

PRZEWORSKI, ADAM (2004): “LA ÚLTIMA INSTANCIA: ¿SON LAS INSTITUCIONES LA CAUSA PRIMARIA DEL DESARROLLO ECONÓMICO? ESTE TEXTO APARECIÓ COMO “THE LAST INSTANCE: ARE INSTITUTIONS THE PRIMARY CAUSE OF GROWTH?” EN “EUROPEAN JOURNAL OF SOCIOLOGY”, VOL. 45, N° 2. PROVISTO POR EL AUTOR DISPONIBLE EN http://politics.as.nyu.edu/docs/IO/2800/archives_spanish.pdf

PRZEWORSKI, A; ALVAREZ, M; CHEIBUB, JA y LIMONGI, F (2000): “DEMOCRACY AND DEVELOPMENT” (CAMBRIDGE UNIVERSITY PRESS).

PRZEWORSKI, A y OTROS (1998): “DEMOCRACIA SUSTENTABLE” (PAIDOS).

SCARTASCINI, C; SPILLER, P; STEIN, E Y TOMASSI, M (2010): “EL JUEGO POLÍTICO EN AMÉRICA LATINA. ¿CÓMO SE DECIDEN LAS POLÍTICAS PÚBLICAS? (BID). DISPONIBLE EN http://publications.iadb.org/handle/11319/332

[1] Aparecida en su versión en inglés en el “European Journal of Sociology”, vol. 45, num. 2, Agosto 2004, pags. 165-188. Ambas versiones fueron provistas por el autor a los asistentes al seminario.

[2] Publicado en español por Paidós en 1998; por Cambridge University Press en 1995

[3] Ver http://www.iadb.org/en/research-and-data/project-details,3187.html?id=82

[4] Con esta denominación (y más precisamente, con la de “Positive Political Economy”), se identifican los esfuerzos hechos en las últimas décadas por politólogos y economistas por abordar el estudio de fenómenos que caen dentro de un terreno común de indagación e interés, desde una perspectiva también común: “That political and economic processes cannot be separated seems self-evident. Markets are regulated by the coercive institutions of the state, and the state dictates the supply of that most efficient accounting of exchange: money… From this view, it is surprising to find economics and politics divided into distinct disciplines, with their joint study impeded by bureaucratic divisions at universities, by the specialization of scholarly journals, and by the prevalent use of modes of inquiry in political science that are seemingly at odds with those used in economics… Nevertheless, an emerging intellectual synergism promises to blur boundaries altogether. Some scholars view this synergism as a manifestation of the “imperialism of economic theory”. We argue here, however, that it s little more than the natural evolution of a paradigm that had previously integrated both disciplines but that economists refined in the first part of this century after shedding many of the encumbrances reality places on theorizing. And although the rational choice paradigm may not yet be the dominant paradigm of political science, it is the most prominent” (Peter Ordeshook, EN ALT y SHEPSLE, 2001:9-10).

[5] Entre ellos Roberto Martinez Nogueira, director de esta tesis, Ana María Mustapic, Juan Gabriel Tokatlian, Ernesto Calvo (y junto a José M. Fanelli, al propio Mariano Tomassi).

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