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Pero el Espíritu dice claramente

que en los postreros tiempos

algunos traicionarán la fe,

escuchando espíritus engañadores

y doctrinas de demonios”

Primera Epístola a Timoteo

 

Los creadores de la economía de mercado

fueron los franciscanos. ¡Sí los franciscanos!

Pero la gente no lo sabe.

Fundaron los primeros bancos

porque tenían que resolver problemas”[1].

Stefano Zamagni, asesor económico de Francisco

Publicado originalmente en el Blog del autor: http://puello-socarras.webnode.com.ar/
Reproducido por www.rebelion.org y traducido al portugués por André Langer

En el debate generado con ocasión de la última encíclica de Francisco, Laudato Si, hay que empezar por establecer una premisa fundamental para interpretar el discurso papal: la ideología histórica (más reciente) y actual del Vaticano es EL NEOLIBERALISMO[2].

La afirmación podría parecer exagerada para algunos fieles o, simplemente, un atrevimiento imperdonable. Para una camada de infieles conversos, hoy nuevos simpatizantes de Bergoglio, en especial varios referentes nuestramericanos del llamado eco-socialismo quienes han celebrado la carta papal bautizándola con asombrosa celeridad como: La Eco-encíclica (¿la encíclica del ecologismo?), la sentencia anterior podría ser considerada entonces una blasfemia.

Las confusiones que genera este acontecimiento lejos de ser casuales son causales e inducidas. Por lo tanto, merecen ser interpeladas. De otro modo, se pasarían por alto hechos fundamentales del sistema en cual actualmente vivimos: el capitalismo neoliberal, una época que antes que desvanecerse en la historia, desafortunadamente hoy por hoy se profundiza y se consolida gracias a las operaciones de alienación ideológica (el ocultamiento sistemático de las contradicciones) agenciadas por las élites globales, entre ellas, El Vaticano.

¿Francisco anti-capitalista? ¿anti-neoliberal?

Desde su asunción como Pontífice, el discurso vaticano ha venido lanzando diferentes diatribas “críticas” contra el sistema capitalista. Varios sectores conservadores dentro y fuera de la Iglesia Católica, como por ejemplo: The Economist, han sugerido tildar a Francisco de “comunista”. Otros menos aventurados matizan ese mote ubicando al Vicario de Cristo (omitiendo el lugar humano demasiado humano – decía Nietzsche – que ocupa Francisco en tanto primera figura de un Estado: El Vaticano, con todo lo que eso implica) como el Papa anti-capitalista o, por lo menos, anti-neoliberal. Más recientemente, lo mencionábamos al iniciar este escrito, como el (primer) ECO-Papa.

Pero si se analiza cuidadosamente y con mayor detalle el discurso y, sobre todo, qué personifica política y económicamente Francisco, las alusiones anteriores quedan por completo desmentidas. Peor aún. Las referencias empíricas que configuran el discurso papal permiten pensar que la pretensión en Laudato Si resulta ser todo lo contrario: la redención del capitalismo hoy realmente existente (el neoliberalismo) el cual – nunca hay que dejarlo de lado – se encuentra en medio de una de las crisis más espectaculares de su historia, entre ellas y muy significativamente, en su dimensión ideológica.

Eso sí hay que advertir que se trata de la redención del capitalismo aunque en una nueva versión, más puntualmente: un neoliberalismo de nuevo cuño ¿Qué significa esto?

El Papa neoliberal

Entre las diferentes corrientes de pensamiento que conforman el neoliberalismo, una de ellas de origen alemán: el Ordoliberalismo (ORDO) resulta ser una fuente clave e insoslayable para entender qué clase de neoliberalismo defiende el Vaticano en general y Francisco en particular.

  1. El neoliberalismo alemán se caracteriza por ser crítico del liberalismo del laissez-faire tanto en su versión clásica como en su manifestación contemporánea. De Eucken a Müller-Armack esta corriente neoliberal ha combatido taxativamente la idea según la cual la sociedad funcionaría armónica y perfectamente gracias a los automatismos de mercado.
  1. La “crítica” que realiza el neoliberalismo alemán no implica abandonar la idea neoliberal que el mercado sea primordial para la producción de la sociedad; sin embargo, sus posturas están lejos de avalar la supuesta omnipotencia de las lógicas de mercado (no así su omnipresencia).
  1. El neoliberalismo alemán no considera que el mercado lo resuelva todo. Antes bien, acepta que es imperfecto e, incluso, señala que la exagerada libertad (el libertinaje) de los mercados es simplemente dañina e indeseable; especialmente, por las implicaciones “sociales” negativas (p.e. descomposición social) las cuales podrían suponer arriesgar la continuidad del sistema capitalista como un todo.
  1. El neoliberalismo alemán está convencido entonces que las lógicas (y contradicciones) del mercado deben ser selectivamente “reguladas” (y “corregidas”) por el Estado. Al mismo tiempo previene que el mercado para que sea auténticamente “libre” (evitando el libertinaje) nunca debe ser intervenido ni dirigido (v.gr. planificado), situaciones que no deben confundirse con la propensión neoliberal presente en este tipo de neoliberalismo hacia la regulación estatal.

Así las cosas, la variante alemana es un tipo de neoliberalismo que no resulta fundamentalista ni defiende dogmáticamente la idea de mercado. Esta diferencia resulta crucial a la hora de distinguirlo del neoliberalismo anglosajón y norteamericano, posturas hegemónicas consideradas “extremistas” pero que aun así prevalecieron durante la era del capitalismo neoliberal en el siglo XX.

  1. El neoliberalismo alemán se propone construir lo que (auto)denomina una Economía Social de Mercado (ESM). A pesar que los adjetivos aquí pueden distorsionar el sentido de esta expresión, esta tentativa tiene menos de social y más de mercado. La ESM pretende “reconciliar” la libertad de mercado con los problemas sociales que las lógicas mercantiles mismas generan. El lema “Estado fuerte, economía libre” sintetiza cabalmente la impronta alemana de este tipo de neoliberalismo y, a diferencia del neoliberalismo angloamericano el cual promociona la inacción estatal/gubernamental y la desregulación, en la ESM el Estado se encargaría de garantizar (vía “regulación”) el funcionamiento del libre mercado corrigiendo sus fallos mediante medidas “sociales”.
  1. Con base en lo anterior, se ha intentado establecer una diferencia (insustancial y extraña, en todo caso) entre la Economía de Mercado, por un lado y la Economía Social de Mercado, por el otro. Didácticamente esta diferencia se podría ilustrar mejor a través de la distinción entre un neoliberalismo salvaje y un neoliberalismo del buen salvaje (es decir, con algo de “inclusión social”); ambos, al fin y al cabo, neoliberalismos.
  1. Desde la época de Juan XXIII y hasta el día de hoy con Francisco, pasando por Pablo VI (Populorum Progressio) Juan Pablo II (Centesimus annus) y muy especialmente con la impronta del papa teutón Benedicto XVI (Caritas in veritate), la Escuela Social de Mercado – es decir: la doctrina neoliberal alemana – se ha constituido como el referente ideológico del Vaticano, económica y políticamente hablando[3]. Las afinidades entre la ESM y la Doctrina de la Iglesia Católica son indudables y se pueden identificar textualmente sin ambages ni ambigüedades en las encíclicas. Sobre esta relación, bastaría recordar las palabras de W. Röpke, una de las figuras más prominentes del neoliberalismo en general y del alemán en particular, y quien acuñara por primera vez el término “neoliberalismo” en la década de 1930s para (auto)identificar a ese movimiento económico, político e intelectual, cuando con ocasión de la encíclica Mater et Magistra (1961), subrayaba: “el estrecho parentesco entre los lineamientos que entrega la encíclica el mundo ideal que proponen los ‘neoliberales’[4].
  1. Como una manera de fortalecer las afinidades entre el neoliberalismo de la Economía Social de Mercado y la Doctrina Católica, más recientemente, el cardenal Reinhard Marx, asesor económico y mano derecha de Francisco (antes de Benedicto XVI) en la Santa Sede, uno de los más acérrimos protectores de la hermenéutica vaticana, ha venido insistiendo sobre una extraña distinción, la cual resulta esclarecedora para entender el verdadero contenido de los mensajes de Francisco. En una entrevista titulada: “Distinguiendo el Capitalismo de la Economía de mercado, importante cardenal defiende los comentarios económicos del Papa, Reinhard Marx despejó la bizarra pero privativa diferencia que realiza el discurso vaticano entre el capitalismo (financiero), por un lado y la economía (social) de mercado, por el otro. Allí aclaró que:

(…) el llamado a pensar más allá del capitalismo no es una lucha contra la economía de mercado… pensar que en algún lugar existen mercados puros que producen el bien a través de la libre competencia es mera ideología. El capitalismo no debería convertirse en el modelo de sociedad porque no toma en cuenta los destinos individuales, a los débiles y los pobres. La doctrina social de la Iglesia [ofrece] las bases espirituales de una economía social de mercado…[5]

En síntesis, la postura ideológico política del Vaticano, plegada al neoliberalismo (aunque uno “de nuevo cuño”, tal y como proponía Müller-Armack) “critica” los excesos del capitalismo financiero pero, al mismo tiempo, defiende una suerte de neoliberalismo con rostro humano[6]; más exactamente: la humanización del mercado[7].

Es bajo el marco de referencia ideológico del neoliberalismo, y no otro, que deben interpretarse los mensajes franciscanos. Especialmente cuando de asuntos económicos y políticos se trata. Los más recientes llamados “ecológicos” que instala la encíclica Laudato Si deberían entonces supeditarse a este juego del lenguaje (diría Wittgenstein, ¡primo de Hayek!) para poder acceder al verdadero sentido que suponen.

El capitalismo no funciona

¿ECO-Encíclica o Ecología Social de MERCADO?

La invocación “ecológica” desde El Vaticano no es una genialidad novedosa ni privativa del papa Francisco.

Hace varios años el tema de la ecología, otrora: los asuntos medioambientales, es una de las demandas que más se ha insistido por parte de poderosos sectores políticos vinculados con la Iglesia Romana[8]. Por ejemplo, la COMECE en tiempos de Benedicto XVI, proponía:

(…) La idea de una economía social de mercado es derivada… de la idea Cristiana Occidental del ser humano como una persona individual y de la conexión, peculiar para la cultura europea, con la ética antigua de la justicia y el amor la cual encuentra sus orígenes en la filosofía griega, la jurisprudencia romana y la Biblia…

 (…) El mercado no es inherentemente anti-social. Ordenado en sus justas proporciones puede ser un lugar para las interacciones que crean relaciones… Sin embargo, los obispos condenan una economía que apunta solamente a la acumulación de ganancias. Esta visión amenaza con ensombrecer las dimensiones sociales y ecológicas de la calidad de vida, las cuales no pueden estar expresadas directamente en términos monetarios”[9] (resalto y subrayo)

La tesis sobre una futura catástrofe, de no aplicar los correctivos necesarios (morales, éticos, políticos, económicos y ahora: ecológicos) para superar las crisis, primero, de la fe católica (recordemos los escándalos que involucran a la Santa Sede y resultan con la salida de Ratzinger) y, segundo, del sistema capitalista, se han sentido con ímpetu.

Es más. Laudato Si intentaría actualizar los tópicos ecológicos que antes – por distintas razones – habían quedado eclipsados o rezagados ante problemáticas más urgentes y elevarlos oficialmente en la perspectiva vaticana.

La intención, en todo caso, parece ser transformar la Economía Social de Mercado en una Economía “Eco-social” de Mercado o, simplemente, en una Ecología Social de Mercado (EcSM). Esta reconocimiento sería una cuestión urgente para la ideología del neoliberal-catolicismo pues hay que complementar la ESM no sólo incorporando medidas “sociales” sino llamando la atención sobre “lo medioambiental”, una problemática que el neoliberalismo alemán no había tenido en cuenta sistemáticamente. Desde luego, el objetivo aquí es avanzar en la reconstrucción del capitalismo y enfrentar mejor la crisis de su fase actual: el neoliberalismo[10]. Nótese, por ejemplo, que en el análisis eco-social de Francisco, la palabra “capitalismo” brilla por su ausencia (ni siquiera en la extraña distinción vaticana de: “capitalismo financiero”); no así, “gobernanza de los bienes comunes”, una expresión sofisticada que confunde pero que está en sintonía fina con los horizontes neoliberales que últimamente intentan capturar ese debate[11].

La Ecología Social de Mercado ha sido una idea ventilada en distintos escenarios del neoliberalismo alemán, por lo menos desde la década de 1990s. Entre otros, el Instituto Walter Euken y la Konrad Adenauer Stiftung (¡organizaciones que llevan por nombre a dos representantes paradigmáticos del neoliberalismo alemán¡), han sido los espacios donde han coincidido sistemáticamente antes y ahora, por un lado, Reinhard Marx insistiendo en la tesis de la “responsabilidad ecológica” y, por el otro, Manfred Vohrer, referente en la materia y quien ha llamado explícitamente al tránsito de la ESM hacia la EcSM con el fin de “reconciliar” las consideraciones económicas y ecológicas en la economía de mercado[12].

Esta cuestión no se ha limitado al debate informal y abstracto de ideas. Se ha instalado en el campo político y de las políticas públicas, por lo menos en Europa. Un reporte de la Comisión de Ambiente, Salud Pública y Protección al Consumidor del Parlamento Europeo, subtitulado: Economía ecológica de mercado Instrumentos económicos y fiscales de la política ambiental de autoría de M. Vohrer en 1991, definía taxativamente:

(…) Una Ecología Social de Mercado busca reconciliar dos demandas fundamentales: más ecología en la economía de mercado; y más economía de mercado en la ecología… La Ecología Social de Mercado busca movilizar las fuerzas emprendedoras que son intrínsecas a la economía de mercado para encontrar soluciones óptimas a los problemas del medioambiente. La competencia como un incentivo para romper el nuevo escenario podría ser usada para asegurar los objetivos de la política ambiental. El objetivo de la política debe estar para asegurar la efectividad probada de los mercados para superar la escasez con el fin de proteger mejor los recursos limitados del medioambiente, de la naturaleza u otros. Las actividades económicas ambientalmente aceptables deben ser también económicamente valoradas[13].

Situaciones como las que antes comentamos, en todo caso, pasan desapercibidas. Y en medio del júbilo que ha instalado del jubileo de la última encíclica, la reflexión crítica podría dar paso rápidamente hacia un quietismo cándidamente exaltado que resulta hoy inquietante.

Bienvenido sea el debate que “abre” el papa Francisco. No obstante, ello no habilita obnubilar las tentativas ideológicas que suponen este tipo de apuestas.

¿Eco-socialismo o Eco-social-neoliberalismo? Disyuntivas para esta época

Hay que hacer urgente el llamado a varios eco-socialistas nuestramericanos quienes con entusiasmo no sólo han difundido rápida y acríticamente el mensaje vaticano sino que también lo vienen enalteciendo mediáticamente en forma exuberante.

De lo contrario, no se entendería cómo conciliar que ellos mismos en el pasado inmediato han interpuesto valiosas críticas frente a las conducciones gubernamentales de procesos reales (p.e. los Socialismos del Buen Vivir en Bolivia o del Vivir Bien en Ecuador) con el fin de retomar y corregir los rumbos de emancipación populares abiertos para el nuevo milenio, mientras que ahora parecerían plegarse en un acto de fe ciega-sordo-muda a la retórica formal de la ecología social de mercado. Aquí existe una diferencia política e ideológica clave y fundamental que no puede pasarse por alto.

Porque si se trata de agotar este debate en el terreno de las puras abstracciones y la sola retórica bona fide de los discursos, el Socialismo del Suma Qamaña, por dar solo este ejemplo, apuesta “humanizar la naturaleza y naturalizar al ser humano” (frase de Marx que invoca constantemente el vicepresidente de Bolivia, A. García Linera); una cuestión bastante diferente sería apoyar la propuesta franciscana de “humanizar el neoliberalismo” (¿ecologizar?), ya lo dijimos, una contradicción en los términos – y de paso, un acto contrario a cualquier horizonte que se proclame verdaderamente cristiano, pensamos -, por más sofisticación teórica y coloración filosófica que quiera imponérsele a los dictados que fundamentan la mentada “Encíclica Verde”.

Esta afortunada disyuntiva en la batalla de ideas valdría para aclarar si el camino es seguir construyendo y profundizando el eco-socialismo en tanto un socialismo ecologista (¡el socialismo del siglo XXI será ecologista o no será!), o, si por el contrario, estamos ante un sendero ideológico que peregrinará hacia los dictados eco-sociales del libre mercado en la reconstrucción del neoliberalismo del siglo XXI. Dos cuestiones – insistimos – diametralmente diferentes.

Por último, no resultaría ocioso plantear la suspicacia que, en medio de este debate, el itinerario escogido por El Vaticano para la próxima visita de Francisco a NuestrAmérica no fue Brasil (el país de la región con mayor número de católicos) ni Argentina (su país natal). No. La gira  justamente se concentrará en países del Socialismo del Siglo XXI: Ecuador, Bolivia y Cuba (además de Paraguay y los Estados Unidos). Tres de ellos “casualmente” figuran hoy como fuentes paradigmáticas de complejos procesos populares donde el Suma Qamaña (aymara), el Suma Kawsay (quíchua) y el Ñandareco (guaraní) – es decir, horizontes para el Buen Vivir / Vivir Bien de los pueblos – han emergido como matrices civilizatorias, alternas y nativas: ¡alternativas!, no sólo en contra del neoliberalismo en cualquiera de sus versiones sino, más allá, como propuestas potencialmente anti-capitalistas.

Al fin y al cabo, estos horizontes sí son consecuentes y sobre todo conscientes que la crisis ecológica hoy vigente que amenazan la naturaleza y la humanidad por igual, sólo resulta ser el síntoma de una enfermedad que se llama: Capitalismo (J. Riechmann dixit), el neoliberalismo hoy existente.

Adenda: Una época para siempre deconstruir (y sospechar de) los discursos

Con frecuencia se omite que el capitalismo opera desde sus inicios bajo las lógicas de la explotación económica (humana y natural), la dominación política, la opresión social, entre otras, violencias des-posesivas. Una de las grandes diferencias del capitalismo respecto a otros modos de producción es que funciona complementariamente a través de la alienación ideológica: el ocultamiento sistemático de sus principales contradicciones.

Así en la Antigüedad, por ejemplo, el esclavo sabía que era esclavo, y el amo, lo propio. También en el medioevo quedaban justificadas las posiciones y diferencias sociales entre el Señor feudal y la servidumbre, los siervos de la gleba. Por el contrario, en el capitalismo las relaciones sociales se disfrazan sistemáticamente.

La acumulación capitalista existe a partir de la reproducción a limine de desigualdades de todo tipo entre una minoría de propietarios del capital y la gran mayoría de los trabajadores (reales o potenciales). A medida que la distancia social que los separan se ensancha, se hace más incisiva la idea según la modernidad capitalista conduce hacia el “bien-estar” del progreso, la igualdad y la libertad de todos y todas, una situación falsificada por la propia historia.

Ante lo anterior, existe la necesidad contemporánea de siempre deconstruir los discursos porque sencillamente los discursos nunca dicen lo que parecerían decir. Esta lección de los filósofos de la sospecha (no sólo Marx sino también Nietzsche y Freud) hacia finales del siglo XIX resulta un hecho palmario para la modernidad capitalista. Pero se hace más urgente a principios del siglo XXI pues nos encontramos en medio del neoliberalismo, etapa del capitalismo donde se exacerban (en límites que ya resultan innombrables) todas y cada una de sus lógicas y, desde luego, contradicciones, incluyendo las dinámicas que hacen la alienación ideológica.

Sospechar de los discursos actuales – reflexivamente hablando – no es una cuestión moralina ni mucho menos. Al contrario: resulta ser una necesidad política si lo que se quiere es luchar en la batalla de ideas que hoy por hoy se debate el sistema.

Hasta buenas nuevas, esta situación no parece haberse modificado.

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[1] “’La crisis le ha dado la razón a Marx’, asegura un asesor del Papa”, El Mundo (11 de noviembre de 2013). Zamagni es actualmente consultor en temas económicos y ha sido también asesor de Juan Pablo II y Benedicto XVI, además exprimer Ministro italiano.

[2] Cfr. Puello-Socarrás, JF. “Neoliberal-Catolicismo y Marxismo Vaticano. Confusiones y confesiones”, Revista Izquierda (Bogotá: Espacio Crítico – Centro de Estudios) No. 46, Julio, pp. 34-41.

[3] La Comisión de los Episcopados de la Comunidad Europea (COMECE) desde hace varias décadas defiende sin cortapisas y promueve sin ambigüedades la ESM como el referente central de la Doctrina Social de la Iglesia. Con la publicación de Caritas in veritate, el Presidente de la COMECE, Reinhard Marx por un lado y la Canciller Ángela Merkel, por el otro, pero al unísono, coincidieron en la “(…) [obligación de] pensar en la necesidad de crear una economía social de mercado global” (resalto y subrayo). “Merkel dice que la encíclica del Papa es un llamamiento a un mundo más social”. La Razón (España) [3 de agosto de 2009].

[4] Röpke, W. “La encíclica Mager et magistra desde la perspectiva económica” citado por Eugenio Yáñez, “La Doctrina Social de la Iglesia frente al actual modelo de desarrollo económico en la sociedad en América Latina”. Aún más atrás en el tiempo, el padre jesuita Anton Rauscher estableció “sorprendentes paralelos” entre “el neoliberalismo de Eucken y las afirmaciones sobre la competencia en la encíclica Quadragésimo Anno” de Pio XI publicada en 1931 con ocasión de los 40 años de Rerum Novarum (“De las cosas nuevas” o “De los cambios políticos”) del papa León XIII.

[5]Distinguishing capitalism from market economy, leading cardinal defends Pope’s economic comments”, Catholic World News (14 de enero de 2014). Véase también: Marx, R. “Wirtschftsliberalismus und Katholische Soziallehre” [Economía Social de Mercado y Doctrina Social Católica] ponencia presentada en el marco de los debates realizados por el Instituto Walter Eucken durante el año 2006 (febrero 15).

[6] No es una cuestión menor traer a colación que el eslogan del capitalismo con “rostro humano”, bastante arraigado en el debate ideológico y político de la tierra natal de Bergoglio (Argentina), tiene como antecedente histórico el Consenso de Buenos Aires (1998) y en donde se estableció la (extraña) diferencia “(…) entre la economía de mercado y la necesidad de democratizar este último, por una parte, y el neoliberalismo, por la otra”. Castañeda, J., “Después del neoliberalismo. Un nuevo camino” (El Nuevo Herald, 11 de enero de 1998) Muy recientemente, el Manifiesto de Buenos Aires (2015) ha vuelto a ratificar -aunque implícitamente – esa (extraña) distinción.

[7] Así lo expresa Zamagni, uno de los redactores de la encíclica Caritas in veritate de Benedicto XVI: “(…) la doctrina social de la iglesia era de defensa [ante los abusos del capitalismo], y ahora ha pasado al rol del delantero con propuestas positivas que en vez de negar el mercado intentan mejorarlo y hacerlo más justo”. “’La crisis le ha dado la razón a Marx’, asegura un asesor del Papa”, El Mundo (11 de noviembre de 2013).

[8] El diputado del Partido Democrático Cristiano en el Senado holandés y de la Plataforma del Partido de los Pueblos Europeos Jos van Gennip, entre otros, ha insistido: “Lo que necesitamos hacer es construir un nuevo modelo socio-económico y ecológico de mercado. Ello puede tener un futuro promisorio, local y globalmente, pero tenemos que reinventarlo, implementarlo y promocionarlo”. Van Gennip, J. (2013) Capitalismo y Equidad. Sorices: Oostende.

[9]Bishops back social market economy”, The Tablet. The International Catholic News Weekly (21 de enero de 2012).

[10] En: Marx, Reinhard (2009), “Saliendo de la crisis: la doctrina social católica como brújulaEl Orden económico, el Arzobispo insiste en la ESM y los cambios que deberían aplicarse para lograr “salir de la crisis”.

[11] Cfr. Puello-Socarrás, JF (2015) “No diga: bienes ‘comunes’. Diga: Bienes Comunales! ‘Lo común sin comunidad en el nuevo neoliberalismo de Elinor Ostrom“. Revista Izquierda (Bogotá: Espacio Crítico – Centro de Estudios) No. 58, Junio, pp. 30-36.

[12] Vohrer, M. (1998), “De la economía social de mercado a la economía ecológica de mercado”, Perfiles Liberales, No. 62, pp. 16-29.

[13] Vohrer, M. “Report of Committe on the Enviroment, Public Health and Consumer Protection on economic and fiscal instruments of environment policy”, Session Documents (DOC_EN/RR/109943), European Parlamient, 13 may 1991, p. 14.

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