CUADROS MODERNOS (4)Leyendo el libro del doctor James Henderson “La modernización en Colombia. Los años de Laureano Gómez, 1889-1965” (2005), es sorprendente la similitud de la política actual con la de la primera mitad del siglo XX.

En aquella época Alfonso López Pumarejo y Laureano Gómez eran amigos y compadres, padrinos de los hijos: Alfonso de Álvaro y Laureano de Alfonso. Y vivían en casas vecinas en la Bogotá villorrio. Los dos terminaron siendo los líderes y representantes de los dos partidos tradicionales que contralaron el poder a lo largo de dicho período. En  nuestra época Álvaro Uribe Vélez y Juan Manuel Santos  son “compadres”. Santos fue Ministro de Uribe y fue el candidato que enfrentó a Antanas Mockus el “caballito discapacitado. Ahora dicen estar distantes.

En los años 20’s   Laureano Gómez enfrentó al anciano ex presidente “paria” Marco Fidel Suárez, para disminuir su influencia en las filas del partido conservador. Luego en los años 30’s cuando Alfonso López fue Presidente, Laureano decidió “hacer invivible al país” y con discursos incendiarios fundados en el conservatismo católico medieval español (antiliberal. ver Syllabus y Quanta Cura) y capacidad para la improvisación oral, logró su cometido. (Henderson, 2005)

Hoy el partido que se dice de “oposición al gobierno” del centro democrático, usa exactamente las mismas “artimañas” y artilugios y técnicas de vociferación y confrontación. Es como si hubieran retomado los discursos y los estuvieran adaptando a las circunstancias actuales para “realizar su oposición” y hacer “invivible al país de hoy”. Quieren decir que el gobierno nacional no tiene capacidad de gobernar.

Los medios de comunicación, sin una información y un análisis, son “ventiladores” de estas “escandolas” que se viven a diario en el escenario bogotano y que convierten en “nacional”.  Quizá por  la condición de ser medios al servicio de las familias que se encuentran con el control del poder del Estado, no tienen opción o alternativa. Ninguno de estos medios ofrece otras interpretaciones y los periodistas sólo pueden usar el “sarcasmo” o la “malicia” para tratar de dejar evidente lo que ocurre. Y algunos periodistas, bien informados, ofrecen algunos puntos de vista que tratar de sobrepasar los límites.

La oposición de que se habla, en realidad ha terminado siendo un problema de dos familias, que no alcanzan a desbordar los planteamientos programáticos de los dos partidos “tradicionales” contemporáneos: el partido de la u y el centro democrático.

Y es que a propósito de familias, llama la atención ver cómo los hijos de los expresidentes van ocupando cargos directivos nacionales sin mucha trayectoria. Salen de la cuna a los ministerios: el hijo se Samper viceministro de justicia hace varios años. El hijo de Gaviria congresista y ahora jefe de planeación. Los hijos de Uribe empresarios precoces. Los Cárdenas, hijos del “dueño” de la Federación de Cafeteros durante cuarenta en el siglo XX. Y así sin que medie nada más sino la condición de ser hijos de “expresidentes”.

Y esto parece “normal” y natural. Lo extraordinario es que personas con trayectoria académica y con experiencia llegue a los cargos de dirección del Estado en este país de “cuatro familias” que lo controlan.

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En los territorios ha resultado una reproducción de los mismos comportamientos nacionales. Los viejos líderes políticos, con ascendencia sobre las comunidades, han terminado imponiendo a sus familiares y a sus familias en las relaciones de poder local. Y es parte de la “obstrucción” para un ejercicio de la democracia más abierta para los demás miembros de la comunidad.

Se crean o “inventan” disputas, la mayoría de las veces por la repartición de los puestos y de los contratos que se firman para el desarrollo de los proyectos, que se convierten en rencillas y conflictos de gran magnitud. Así se entretiene a la audiencia.

En el fondo no hay diferencias ideológicas grandes, pero se mantiene la distracción, la “cortina de humo” y la opinión pública anda despistada, desinformada y entontecida. Los “generadores” de opinión, los periodistas, como ya se ha dicho en varias ocasiones por parte de algunos, son seguidores de estas tensiones, pero no pueden “interpretarlas” trascendiéndolas. En otras son simples “vendedores” de cachivaches y de mensajes de los diferentes voceros de los partidos políticos nacionales o locales.

Tanto en la época de Alfonso López Pumarejo como en la de Laureano Gómez, ocurrió algo similar a lo que pasó en los dos períodos de Álvaro Uribe Vélez y en los dos de Juan Manuel Santos: no se impuso la carrera administrativa, ni se generalizó la vinculación por méritos y concursos rigurosos al personal del Estado (Ejecutivo, Legislativo, Órganos de Control, etc.) y todos han vivido de favores dando contratos temporales. Hoy como ayer hay miles de contratistas temporales. En las cifras no oficiales de habla de tres o cuatro millones de contratistas temporales, que cada tres meses o cada cuatro o cada seis, deben estar detrás de los “políticos” pidiendo la oportunidad de trabajar.

Esta si es una razón de fondo, pues sobre este caballo de contratistas temporales es que cabalgan los gobiernos nacionales y locales.  Esa es la razón de la diferencia “fundamental” entre los líderes de los partidos políticos nacionales colombianos, pero ese es un asunto que no produce columnas, artículos, notas, comentarios permanentes por parte de los generadores de opinión. Es un problema desconocido y sobre el que no se buscan las relaciones con el espectáculo que vemos a diario.

Una sociedad, con una democracia restringida, como la colombiana, que no permite el acceso a los bienes de la cultura contemporánea a millones de ciudadanos, debe seguir siendo manejada por las cuatro familias que han controlado el establecimiento en los últimos 100 años. Y para ello es oportuno el debate actual en los términos en que se plantea. Es una repetición de lo vivido en los años 20’s del siglo XX.

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Wilson Ladino Orjuela: profesor Asociado ESAP / wilsladi@esap.edu.co

 

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