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A un año de las elecciones que pusieron a Mauricio Macri en la presidencia, los balances de su gestión suelen poner el acento  en las (dis)continuidades con el kirchnerismo o en la dinámica y profundidad del cambio. Sin embargo, consideramos oportuno analizar aquí el año de la gestión de Cambiemos en paralelo con los avatares políticos del menemista en sus inicios, dadas las innumerables analogías que ofrecen en las orientaciones principales de sus políticas públicas y el estilo político presidencial.

Para comparar ambos procesos políticos, es necesario establecer con claridad las semejanzas y diferencias que ofrece el contraste de contextos. Entre las  diferencias se destaca –además de que obviamente ambos pertenecen a fuerzas políticas diferentes- que la llegada de Macri a la Casa Rosada se dio en el marco de una paz social inigualable, con indicadores macro económicos relativamente estables si se lo compara con 1989, 1999 o incluso el 2003 en el que se produjeron diversas situaciones de alternancia política. Ahora bien, entre los numerosos paralelismos entre el año de Macri y los primeros años del menemismo, es posible señalar: la prioridad (y obsesión) en torno al Dólar y la Inflación como principales herramientas para equilibrar la economía antes que el énfasis en el consumo interno y la producción industrial. Ambos dirigentes apelaron al discurso de la eficiencia del Estado para reducir el empleo público, asignar carteras ministeriales a empresarios considerados exitosos en la gestión privada, favorecer los sectores empresariales que concentran la economía como motores del desarrollo, entablar un vinculo de cordialidad con el capital financiero (“buitre” o nuevos acreedores de la deuda pública) y considerar prioritario el crecimiento por sobre la redistribución. Asimismo, los dos reorientaron la política exterior hacia el cuadrante noroccidental, pasando desde los rifirrafes entre Alfonsín y Bush a las “relaciones carnales” con Menem, y desde la sintonía con los gobiernos de izquierda o progresistas latinoamericanos con los Kirchner a una relación (elogiosa) con Obama o (pírrica) con Trump. Además, tanto Macri como Menem  apelaron a la utilización de los Decretos de Necesidad y Urgencia para modificar la estructura del Estado, inclusive en aspectos sensibles como la designación de jueces de la Corte Suprema de Justicia. Igualmente, el presidente riojano como el porteño, establecieron una política de connivencia y negociación a través de incentivos selectivos con la disgregada elite peronista en el mundo sindical cegetista, el arco de gobernadores peronistas y los legisladores en el parlamento.  Tanto uno como el otro, plantearon un estilo político de proximidad con el elector en clave popular a través de la comunicación mediática, que va desde la manifestación de las aparentes destrezas deportivas de Menem, a las habilidades bailables de Macri en el balcón de Balcarce 50 o los “happenings” en las redes sociales.

Claramente las comparaciones pueden considerarse popularmente como “odiosas”, puesto que ofrecen evidencias de lo bueno, lo malo o lo feo; sin embargo, en el plano de la política, estas deben considerarse de enorme utilidad, no solo para describir un presente incierto, sino también para analizar los rumbos futuros de la historia, puesto que, como decía Hegel, estos suelen repetirse como tragedias o comedias, incluso en un mismo país como Argentina.

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[1] Juan Bautista Lucca es Doctor en Ciencias Sociales por FLACSO Argentina, Máster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Salamanca (España) y Diploma Superior en Pensamiento Social Latinoamericano y Caribeño por CLACSO. Docente e Investigador en Política Latinoamericana Comparada en la Universidad Nacional de Rosario y el CONICET. Editor responsable del blog político www.Zur2.wordpress.com

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