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La izquierda latinoamericana no anda con buena salud. Perdemos Fidel; el PT está comprometido en el Lava Jato; Venezuela es, hoy, una tierra en agonía. La Revolución Bolivariana no logró crear raíces como la cubana.

En Cuba, la revolución fue obra de un pueblo. Lo que explica el hecho de que los Estados Unidos jamás haya agredido bélicamente la isla, después del fracaso de la invasión a la Bahía de Cochinos en 1961. Los yanquis aprendieron, con la derrota en Vietnam, que gobiernos (como los de Irak, Libia e Afganistán) se derrocan; un pueblo, jamás.

Los gobiernos progresistas de América Latina están amenazados por el avance de la ofensiva neoliberal. Sufrieron golpes parlamentarios Honduras (2009), Paraguay (2012) y Brasil (2016). En Argentina, la derecha eligió a Macri. Ecuador hizo de Lenin Moreno el sucesor de Rafael Correa por un pequeño margen de votos. En Bolivia, Evo Morales se encuentra con el desgaste de su base de apoyo.

En Chile, Bachelet tiene un bajísimo índice de popularidad y la derecha se ensaña para retomar el poder en las próximas elecciones. En Nicaragua, la izquierda se divide entre los que apoyan y los que se oponen al gobierno de Daniel Ortega. Se salvan El Salvador y Uruguay, donde la izquierda moderada no enfrentan grandes dificultades.

No existe hoy, en América Latina, una correlación de fuerzas que asegure, en el corto plazo, la superación del modelo desarrollista neoliberal por un nuevo modelo de sociedad centrado en los derechos de los trabajadores, en la inclusión social de los sectores marginalizados e excluidos, y en la preservación ambiental.

Algunos gobiernos progresistas adoptaron una verdadera esquizofrenia al proferir un discurso político de izquierda y, al mismo tiempo, abrazar una política económica regida por el capital internacional, dependiente de la exportación de commodities, sin crear bases de sustentabilidad para el desarrollo del país.

En Brasil, en el gobierno del PT se adoptó la estimulación del crecimiento (PAC – Política de Aceleración del Crecimiento), apuntando a, en primer lugar, aumentar el PIB. Y la dependencia de la exportación de materias primas, hoy elegantemente denominadas commodities, agravó el proceso de desindustrialización.

Texto original: “Autocrítica da esquerda” publicado en: http://correiocidadania.com.br/2-uncategorised/12630-autocritica-da-esquerda. Traducción Libre: Andrea Ávila

Frei Betto es Asesor de movimientos sociales. Autor de 53 libros, editados en Brasil e en el exterior, dos veces ganador del premio Jabuti (1982, con “Bautismo de Sangre” y, 2005, con “Típicos Tipos”).

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