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La noticia del decreto presidencial por el cual el presidente Lenin Moreno quita las funciones al vicepresidente Jorge Glas [1] es un  acontecimiento político  importante en el Ecuador que abre una fractura fuerte en un proceso desarrollista hegemónico de algo más de una década, marca una encrucijada  y  pone  en cuestión los destinos del mismo.

Importante porque abre fracciones a lo interno de la dirección misma del movimiento Alianza País, sector político gobernante que había ganado consecutivamente cuatro elecciones presidenciales (2006 – 2017) y mayoría parlamentaria por tres períodos (2009 – 2013, 2013 – 2017, 2017 – 2021).

Durante toda esta etapa aparecía como consolidado un proceso  que logró combinar modernización económica  con estabilidad política, algo poco frecuente en la historia del Ecuador.

La pugna a lo interno del gobierno de Alianza País, entre el Presidente y Vicepresidente, que en el fondo es la disputa de liderazgo entre lo que representa Rafael Correa y Lenin Moreno, evidencia que los pilares sobre los cuales se construyó este proceso eran  de arena: caudillismo y extractivismo.

El movimiento Alianza País se constituyó como una amalgama de varias tendencias inicialmente alrededor de procesos electorales y luego para sostener un gobierno. Partido político que se construye desde el poder  y  la amalgama que los une a las tendencias es un liderazgo caudillista acentuadamente vertical.

A nivel político se conforma en el año 2006 para dar paso a la candidatura presidencial de Rafael Correa y una vez ganada las elecciones  para afirmar una línea desarrollista con un rol protagónico del Estado que coopta o reprime a los movimientos sociales.

A nivel económico es un proyecto desarrollista que se sustenta en el auge de los commodities, lo que lleva de la mano una orientación extractivista, alianza con el agronegocio y continuidad del patrón de acumulación primario – exportador. Hay una redistribución del ingreso por la vía de subsidios estatales que se nutren del aumento de la cuota estatal en la renta petrolera y el incremento de los impuestos.

A nivel internacional apunta a consolidar una multipolaridad geopolítica, para lo cual respalda los Brics, y establece una alianza fuerte, económica y política, con China.

En épocas de auge las diferencias se aquietan, pero en épocas de crisis las diferencias se agudizan.

¿Qué genera esta crisis?, por un lado el descenso del precio del petróleo que coloca como eje de la economía la recaudación tributaria y el endeudamiento externo, por otro lado la necesidad política del recambio en el liderazgo y la salida del caudillo, y finalmente la variación en el escenario internacional con el debilitamiento del ciclo progresista.

Correa y Moreno representan dos estrategias distintas para enfrentar la crisis, pero Moreno, durante la campaña electoral lo supo ocultar hábilmente.

Correa plantea una continuidad de un desarrollismo bajo direccionamiento del estado y la renegociación en el nuevo contexto internacional, ejemplo de ello es la firma hace pocos meses del acuerdo comercial con la Unión Europea, manteniéndose él como el poder tras el trono.

Moreno plantea un desarrollismo que amplía la estrategia de alianzas público – privadas, para ello retornar protagonismo a los medios de comunicación privados y a la banca nacional, desplazar a Correa y disputar el liderazgo dentro del movimiento Alianza País

Correa actuaba tras la figura del vicepresidente Glas y para Moreno era fundamental aislar a su binomio, para ello el tema  de la corrupción ligado a Odebrecht aparece como el caballo de batalla.

Las alianzas que cada uno pone en movimiento se mueven tanto por la derecha (las fracciones empresariales) como por la izquierda (las fracciones gremiales).

En la hora presente el escenario es de incertidumbre, la disputa inmediata se cierne alrededor del destino del bloque parlamentario de Alianza País, que es mayoritario dentro del poder legislativo, y también alrededor de probables medidas económicas para enfrentar desbalance en el comercio internacional (asunto clave en el marco de una economía dolarizada) y déficit presupuestario.

Será fundamental la participación activa o no de las bases populares del partido de gobierno, si salen a las calles o se quedan en caso, si pliegan a favor del caudillo (lamentablemente radicado ahora en Bélgica) o del nuevo presidente.

Aquello que aparecía solido se muestra endeble.

Es hora de evaluar críticamente el conjunto del proceso y pensar en alternativas que impliquen transformación estructural.

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[1] http://www.eltelegrafo.com.ec/images/cms/politica/2017/Agosto/04-08-17/decreto_100_nuevo_mandato.pdf

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