NUESTRO FIDEL. Por Claudio Katz*

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Con Fidel se nos fue la principal figura revolucionaria de América Latina del último siglo. Resulta difícil valorar esa dimensión en medio del gran pesar que genera su fallecimiento. Aunque la emoción dificulta cualquier evaluación, la gravitación del Comandante se aprecia con más claridad cuando ha partido.

Los medios sólo enfatizan esa importancia en un sentido descriptivo. Ilustran cómo estuvo presente en los principales acontecimientos de los últimos 50 años. También sus mayores enemigos del imperio registran ese apabullante peso histórico. Festejan el fallecimiento para olvidar que doblegó a 10 presidentes estadounidenses y sobrevivió a incontables intentos de asesinato por parte de la CIA.

Cuba es la obsesión del Pentágono y la frustración del Departamento de Estado. Ningún otro país de esa extensión infringió tantas derrotas al imperio. Al cabo de 53 años David obligó a Goliat a restablecer relaciones diplomáticas.

Fidel suscita admiraciones que lindan con la devoción. Las alabanzas provienen de su capacidad para tornar posible lo que era muy improbable. Pero frecuentemente esa fascinación está divorciada del contenido de su obra.

Muchos idolatran a Fidel reivindicando al mismo tiempo al capitalismo. Ensalzan al líder caribeño promoviendo variantes del sistema de explotación que Comandante combatió toda su vida. En realidad ponderan al hacedor de universos ajenos, descartando cualquier tránsito propio por caminos semejantes.

Fidel siempre tuvo otro significado para la izquierda. Fue el principal artífice de un proyecto revolucionario, socialista y de emancipación latinoamericana. Llevó a la práctica el objetivo que inauguró Lenin en 1917 y por eso ocupó en América Latina un lugar equivalente al impulsor de los sóviets.

Pero a diferencia de su precursor, Fidel condujo durante varias décadas el proceso que inició en 1960. Puede ser evaluado tanto por su triunfo como por su gestión.

Desde una óptica de mayor duración la gesta de Castro se emparenta con las campañas emprendidas por Bolívar y San Martín. Encabezó acciones regionales para intentar el enlace de una segunda independencia de América Latina, con el avance internacional del socialismo.

Fidel abordó esas metas ciclópeas manteniendo una relación muy estrecha con sus seguidores. Transmitió directamente sus mensajes a millones de simpatizantes que lo vitoreaban en varios continentes. Logró una conexión racional y pasional con las multitudes que lo escucharon en incontables mítines.

 

EL HOMBRE Y LA EPOPEYA

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El dirigente cubano siempre actuó con osadía. Radicalizó su proyecto bajo la presión del imperio y asumió una adscripción socialista que pulverizó todos los dogmas de la época. Demostró que era posible iniciar un proceso anticapitalista a 90 millas de Miami y con la OLAS retomó el objetivo de la unidad antiimperialista de la región.

Estas tres facetas de revolucionario, socialista y emancipador latinoamericano fueron compartidas por Fidel con el Che. La misma sintonía que los reunió en el desembarco del Granma se verificó en la estrategia de acciones armadas contra las dictaduras y los gobiernos reaccionarios. Mantuvieron coincidencias políticas que desmienten todo lo escrito sobre la enemistad entre Castro y Guevara.

El Comandante restauró el internacionalismo socialista al cabo de varias décadas de simples enunciados (o explícitas traiciones) por parte de la burocracia del Kremlin. Extendió esa práctica al África, con el envío de combatientes que tuvieron una participación central en la derrota del apartheid.

Esas acciones sustituyeron la antigua conexión de esclavitud entre África y América Latina por una nueva relación de solidaridad contra los enemigos comunes. Esa actitud afianzó el enorme afecto de las comunidades afroamericanas hacia Cuba. Las impactantes visitas de Fidel a Harlem (y sus encuentros con Mouhamad Alí, Malcom X o Harry Belafonte) corroboraron ese efecto.

Pero la estatura histórica de Fidel emergió con mayor nitidez luego de la implosión de la URSS. Logró nuevamente lo que parecía imposible al sostener la supervivencia de Cuba, en medio de una adversidad sin precedentes. Encabezó los durísimos sacrificios del período especial y sostuvo una resistencia colectiva forjada al cabo de tres décadas de revolución.

Esa batalla de convicciones fue probablemente más extraordinaria que muchas acciones bélicas. Fidel logró lo que muy pocos dirigentes han conseguido en circunstancias semejantes.

Esa victoria sirvió de ejemplo para los procesos radicales que despuntaron en el nuevo milenio. Cuándo el neoliberalismo quedó afectado por las rebeliones populares de Sudamérica, Chávez y Evo Morales tuvieron una referencia política, ausente en otras partes del mundo. Fidel mantuvo el ideal socialista como un norte a recrear sobre otras bases.

En la nueva etapa de América Latina al Comandante motorizó campañas contra la deuda externa y los Tratado de Libre Comercio, mientras fomentaba con el ALBA organismos adaptados al contexto pos dictatorial de América Latina.

En este marco el anhelo del hombre nuevo reapareció en las misiones de los médicos cubanos. Esos contingentes sanitarios demostraron cómo se protege la vida de los desamparados que el capitalismo descarta.

Fidel combinó aptitudes de tribuno (discurso “la historia me absolverá”) con genio militar (batalla de Cuito Cuanvale en Angola) e inteligencia geopolítica (para actuar en el orden internacional).

Desenvolvió ese notable perfil manteniendo una conducta personal muy sobria. Su vida privada es casi desconocida por la estricta separación que estableció entre la intimidad y la exposición pública.

Durante varias décadas estuvo involucrado en todos los detalles de la realidad cubana. Su incansable actividad fue popularizada con un dicho que aludía a esa omnipresencia (“y en eso llegó Fidel”).

Probablemente decidió organizar su propio retiro para contrarrestar esa abrumadora incidencia. Desde el 2006 se ubicó en un segundo plano y concentró toda su actividad en la batalla de ideas. Desplegó un prolífico análisis crítico de la depredación ambiental y la pobreza que genera el capitalismo.

La sorprendente trayectoria de Castro confirma muchas conclusiones de teóricos marxistas sobre el papel del hombre en la historia. El rumbo que sigue una sociedad nunca está dictado por la conducta excepcional de los próceres. Esa evolución queda principalmente determinada por las condiciones objetivas imperantes en cada época. Pero en los acontecimientos decisivos que definen ese curso, ciertos individuos cumplen un rol insustituible. Fidel ratificó ese principio.

Es importante recordar ese protagonismo frente al ingenuo mito que atribuye los logros del proceso cubano a la “presión de las masas”. Esa fórmula supone que el extraordinario rumbo seguido por el país obedeció a exigencias radicales desde abajo, que los dirigentes debieron convalidar.

En los hechos ocurrió lo contrario. Una dirección consecuente convenció a la mayoría mediante la ejemplaridad de su conducta. Fidel encabezó a los líderes que comandaron esa gesta.

 

LOS DILEMAS IRRESUELTOS

 

Cuba no realizó la revolución que quiso sino la que pudo hacer. Por eso subsiste una significativa distancia entre lo ambicionado y lo obtenido. La principal causa de esa brecha salta a la vista: ningún titán puede construir plenamente el socialismo en un pequeño terreno, bajo el acoso de la principal potencia del planeta. Lo sorprendente es cuánto se logró avanzar frente a semejante rival.

El pequeño país conquistó enormes triunfos que reforzaron la autoestima nacional y la autoridad del Comandante. Desde Bahía de los Cochinos hasta la devolución del niño Elián y la liberación de los cinco apresados en Estados Unidos, Cuba obtuvo importantes victorias bajo el impulso de Fidel.

Pero ninguno de esos hitos alcanzó para remover el bloqueo, cerrar Guantánamo o desactivar a los grupos terroristas que entrena la CIA. Frente al acoso económico, la extorsión familiar, la tentación de ciudadanía estadounidense o el espejismo de opulencia que transmite Miami resulta milagroso el tesón de los cubanos.

Este heroísmo ha coexistido con los problemas propios que la revolución afronta desde hace mucho tiempo. Esas dificultades deben ser evaluadas en proporción a la obra realizada, recordando las limitaciones objetivas que afectan a la isla.

La economía es un área central de esos inconvenientes. Cuba demostró cómo un esquema no capitalista permite evitar el hambre, la delincuencia generalizada y la deserción escolar. En un país con recursos más cercanos a Haití que a la Argentina se lograron avances en la nutrición infantil, la tasa de mortalidad o el sistema sanitario que sorprenden a todo el mundo.

Pero la errónea imitación del modelo ruso de estatización completa condujo a inoperancias, que afectaron severamente la productividad agro-industrial. Esa equivocación obedeció a la dificultad para compatibilizar estrategias revolucionarias continentales con políticas contemplativas hacia el mercado. El idealismo que exige el primer objetivo choca con el egoísmo de la vida comercial.

Luego del período especial el país sobrevivió con el turismo, los convenios con empresas extranjeras y un doble mercado de divisas, que segmentó a la población entre receptores y huérfanos de remesas. La sociedad cambió con esa incipiente estratificación social y con la posterior ampliación de la actividad mercantil para ahorrar divisas y reanimar la agricultura.

Fidel impulsó personalmente ese difícil viraje captando el suicidio que significaba volver a las penurias de los años 90. Muchos analistas estiman que inauguró el retorno al capitalismo, olvidando que ese sistema presupone propiedad privada de las grandes empresas y bancos. Hasta ahora las reformas han abierto mayores caminos para las cooperativas, la pequeña propiedad y los emprendimientos, sin permitir la formación de una clase dominante.

El modelo actual pretende recuperar altas tasas de crecimiento limitado al mismo tiempo la desigualdad social. Por eso preserva la preeminencia económica del sector estatal junto a los sistemas públicos de salud y educación.

Mientras los cambios avanzan lentamente en un marco de mayor desahogo se mantienen abiertas las tres alternativas de largo plazo: restauración capitalista, modelo chino o renovación socialista.

La primacía de uno de estos modelos ya no surgirá de la mano de Fidel, que rechazaba la primera opción, evaluaba la segunda y propiciaba la tercera. Su legado es continuar el proyecto igualitario, dentro de los estrechos márgenes que actualmente existen para implementarlo.

No es fácil desenvolver ese rumbo cuando aumenta el peso del mercado, la inversión extranjera, el turismo y las remesas. Pero la supresión de esos soportes de la economía conduciría al fin de la revolución por simple asfixia. El equilibrio que buscan las reformas es un cimiento indispensable para cualquier transformación futura.

 

DESAFÍOS MAYÚSCULOS

 

4e6b111164c366c09d84a72bd7f016a4El establishment burgués siempre contrastó la “dictadura” de la isla con las maravillas de la democracia occidental. Los presidentes de la plutocracia estadounidense suelen objetar con gran hipocresía, el sistema de partido único que rige en la isla. Suponen que la corporación indistinta que comparten los Republicanos con los Demócratas contiene mayor diversidad.

Además, evitan mencionar cómo los colegios electorales violan el sufragio mayoritario y cuán bajo es el nivel de concurrencia a las urnas en su país, en comparación a la alta participación de los cubanos.

Una duplicidad aún mayor exhiben los derechistas de América Latina. Mientras convalidan el golpismo institucional en Honduras, Paraguay o Brasil se indignan con la ausencia de formalismo republicano en Cuba.

Las críticas de la izquierda apuntan hacia otra dirección. Cuestionan las restricciones a las libertades individuales que han generado en la isla numerosas injusticias.

Pero si se evalúan las cinco décadas transcurridas, llama la atención el carácter poco cruento de todas las transformaciones radicales implementadas. Basta comparar con los antecedentes de otros procesos revolucionarios, para notar ese reducido número de pérdidas humanas. El alto nivel participación popular explica ese logro.

Cuba nunca padeció la tragedia de los Gulags y por eso se sustrajo al desplome que soportó la URSS. Su modelo político es muy controvertido, pero hasta ahora ningún teórico de la democracia directa, soviética o participativa ha indicado cómo se podría gobernar bajo el asedio imperial, sin recurrir a normas defensivas que restringen los derechos ciudadanos. La propia revolución ha ensayado distintas mecanismos para corregir los errores que genera esta situación.

Muchos analistas consideran que la burocracia es la principal causa de las  desgracias del país o la gran beneficiaria de las malformaciones del régimen político. No cabe duda de su responsabilidad en muchas adversidades. Pero como ese estamento existirá mientras subsista el Estado, no se avanza mucho culpándolo de todos los males.

Ciertamente la burocracia multiplica la desigualdad y la ineficiencia. El igualitarismo contribuye a contrarrestar el primer problema pero no corrige el segundo. Una democratización creciente aporta contrapesos a esas desventuras pero no genera milagros. En estos intrincados terrenos del funcionamiento estatal siempre fueron más útiles las convocatorias de Fidel a asumir responsabilidades, que la expectativa en mágicas recetas de laboratorio.

La política exterior concentra otro campo de severos cuestionamientos al castrismo. Los grandes medios presentaban a Fidel como un simple peón de la Unión Soviética, desconociendo la diferencia que separa a un revolucionario de cualquier gobernante servil. No concebían para Cuba otro comportamiento que el practicado por las marionetas del imperio.

Algunos críticos de izquierda tampoco comprendieron la estrategia de Fidel. El líder cubano se apoyaba en alianzas con la URSS para impulsar un proceso revolucionario mundial que su socio rechazaba.

La tensión entre ambas partes se verificó en incontables oportunidades (crisis de los misiles, guerra de Vietnam, sublevaciones en África o Latinoamérica). Hubo concesiones y también errores del Comandante, como su aprobación de la invasión rusa a Checoslovaquia. Esa ocupación sepultó la renovación socialista que prometía la primavera de Praga.

Pero transcurrido el período de mayor fermento revolucionario en América Latina, Fidel optó por un equilibrio entre compromisos diplomáticos y continuado sostén de los movimientos rebeldes. Buscó superar el aislamiento de Cuba manteniendo el apoyo a las luchas de los oprimidos. Castro debió combinar las nuevas exigencias de política exterior con sus ideales de revolucionario.

La derecha continuó criticándolo por su apoyo a las revueltas populares y algunas corrientes de izquierda objetaron su actitud contemplativa hacia los gobiernos de las clases dominantes.

Ciertamente muchos consejos de Fidel fueron problemáticos, pero la responsabilidad de las decisiones quedó en manos de los receptores de esas sugerencias. El Comandante siempre transmitió el valor de la decisión propia en los procesos de cada país y su trayectoria estuvo signada por la desobediencia a las autoridades de la izquierda de su época.

No hay que olvidar cómo Castro desoyó las recomendaciones del Partido Comunista en Sierra Maestra y las opiniones del Kremlin frente a la insurgencia latinoamericana. El líder cubano enseñó con su propia práctica de qué forma actúa un revolucionario

 

EL MEJOR HOMENAJE

 

Fidel ha fallecido en un año muy difícil. Figuras tan detestables como Macri, Temer o Trump han llegado al gobierno. Sus ideólogos vuelven a proclamar el fin de  los proyectos igualitarios, olvidando cuántas veces enunciaron esa misma sentencia. Fidel habría dicho que corresponde entender lo que ocurre para sobreponerse al desánimo.

Muchos editorialistas afirman que Castro no comprendió la época actual de consumo, individualismo y pragmatismo. Pero en todo caso captó la crisis del capitalismo que determina esos comportamientos. Ese dato central es invisible a los impugnadores de Fidel.

Sus enemigos más vulgares de Miami celebraron con música el fallecimiento, confirmando el nulo valor que le asignan a la vida humana. Pero ese festejo fue un magro consuelo, para conspiradores que no han logrado construir un mínimo basamento dentro de la isla.

Cómo Fidel se retiró hace una década las repetidas especulaciones sobre el futuro de Cuba despiertan menos atención. En cambio interesa mucho lo que hará Trump. No se sabe aún si las brutales declaraciones que formuló sobre la muerte de Castro forman parte de su descontrolada verborragia o si anticipan agresiones de mayor porte.

En cualquier caso América latina debe prepararse para resistir a un mandatario que prometió expulsar a millones de indocumentados. Se aproxima una nueva batalla antiimperialista que requiere lidiar con el escepticismo y la resignación.

Algunos afirman que Fidel encarnó los ideales de un segmento maduro ajeno a las expectativas de la juventud. No toman en cuenta cómo golpea el capitalismo a la nueva generación empujándola a recrear la resistencia. El desarrollo de esa acción tenderá a actualizar el proyecto socialista de emancipación latinoamericana.

Fidel bregó por las transformaciones revolucionarias que necesita la sociedad actual. Ya partió y nosotros continuaremos su obra.

2-12-2016

 

*Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su página web es: www.lahaine.org/katz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TRUMP ENTRE EL PROTECCIONISMO Y LA LIBERALIZACIÓN. Por Julio C. Gambina

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balmesDonald Trump le ganó las elecciones presidenciales  a Hillary Clinton y desnudó la crisis de la política tradicional en un marco de crisis capitalista, que es mundial por su epicentro en EEUU.

El triunfo electoral es del político de la anti-política ante el descontento social con la política tradicional, demócrata y republicana. Trump, es también el poder económico, como Hilary. Ambos disputaron la gestión de la potencia imperialista hegemónica del sistema mundial.

Las diferencias entre ellos expresan matices y contradicciones entre núcleos del poder mundial y de EEUU. Ahora veremos, desde la asunción de la presidencia en enero próximo, el margen de maniobras del electo presidente ante lo concreto de la gestión de EEUU. La novedad es la movilización popular convocando a no reconocer la presidencia Trump. Sus alcances no se pueden anticipar, pero no es menor la protesta de calles en varias ciudades estadounidenses.

Hillary Clinton sumó 59.727.805 votos, algo así como el 47,67%; Donald Trump, el ganador de las elecciones, tiene 59.505.613 votos, un 47,49 por ciento. La candidata demócrata tuvo el apoyo de 222.192 estadounidenses más que el candidato republicano. Sin embargo, Trump sumó 279 electores y Hillary solo 228. Cosas del sistema electoral, que reitera lo acontecido entre George Bush y Al Gore en 2001.

Unos 60 millones de votos para cada uno pone de manifiesto la crisis de alternativa política, también en EEUU. Ya razonamos en ese sentido en varios procesos electorales mundiales, que se ratifican y con opciones conservadoras, nacionalistas y de derecha, por eso la crisis de alternativa política anticapitalista, de izquierda.

Vale considerar que los descontentos por bajos salarios, o afectados por el desempleo o la deslocalización fabril en EEUU sustentaron mayoritariamente a Trump y no visibilizan alternativa política popular propia, orientada hacia la izquierda y el anticapitalismo.

Eso constituye un desafío para pensar y discutir las razones por las cuales el descontento con la globalización capitalista emerge por derecha. El desafío por la alternativa anti globalización capitalista está en EEUU y se expresó también en el Brexit en junio pasado y en variadas elecciones desplegadas en todo el mundo.

Para enfrentar esta situación, no alcanza con la crítica al neoliberalismo, se requiere al mismo tiempo confrontar al capitalismo.

Proteccionismo y liberalización

Con la elección presidencial en EEUU se confirma que la crítica a la globalización capitalista ya no es solo de izquierda, tal como se expresaba en los cónclaves mundiales en la selva Lacandona a mediados de los 90, en la batalla de Seattle en 1999, o en la zaga de los Foros Sociales Mundiales desde 2001, y más precisamente con la esperanza del cambio político en Nuestramérica a comienzos del Siglo XXI y el nuevo rostro de la integración alternativa pregonada.

La política de la globalización capitalista es la liberalización de la economía, la apertura y la promoción de la libre circulación de mercancías, servicios y capitales. Con ello, la tendencia a los tratados bilaterales en defensa de las inversiones o los tratados de libre comercio y la juridicidad supranacional que se discute e impulsa desde la OMC y otros organismos internacionales.

Si bien la liberalización aparece a contramano del proteccionismo, lo real es que las grandes potencias del capitalismo mundial siempre alentaron la liberalización hacia afuera, y ejercieron el proteccionismo local, con subsidios a las exportaciones en Europa, o a la producción en EEUU.

Igual, lo predominante en la política hegemónica desde los 60/70 es la liberalización, asumida como política de época por los organismos internacionales y sustentados desde múltiples lobbies financiados por las corporaciones transnacionales, verdaderos beneficiarios del orden mundial contemporáneo.

La liberalización constituye el programa de fondo sustentado por las clases dominantes a la salida de la crisis de los 60/70 y su paradigma fue el neoliberalismo, ensayado en Sudamérica con Terrorismo de Estado, y entronizado como policía principal mundial con Thatcher y Reagan desde los 80 del siglo pasado, arrastrando incluso a la socialdemocracia europea y sus variantes en el mundo. No sorprende su instalación como paradigma con la generalización del terrorismo estatal con la militarización dispuesta por la política exterior de EEUU.

Ahora, la novedad es el proteccionismo que anima las elecciones británicas de junio pasado y en EEUU el pasado 8/11. ¿Quiere decir que se abandona la liberalización? No, simplemente vale constatar que ante la continuidad de existencia de las Naciones, la política sigue privilegiando lo local, el territorio del consenso y el voto, para desde ahí sustentar determinada política exterior. No ocurre al revés, aun cuando la economía es global.

La crisis del 2007/08 trajo como novedad la fortísima participación estatal en el salvataje del capital más concentrado en cada país, lo que explica el crecimiento de la desigualdad y la enorme brecha entre el 1% enriquecido y el 99% empobrecido que en EEUU empujan opciones nacionalistas, conservadoras, de derecha, como Trump. Además del Estado Nacional como sostén del orden capitalista y la desigualdad, se suma ahora la promesa proteccionista.

En campaña electoral, Trump se despachó contra los tratados de libre comercio empujados por demócratas y republicanos desde tiempos de Bush padre. La crítica es al ALCA, al NAFTA, a la Alianza del Pacífico, a los acuerdos de libre comercio con Europa, lo que supone un discurso que apuntó a patear el tablero de la política de Bush padre, Bill Clinton, Bush hijo, Obama y que expresaba Hillary en la contienda electoral.

La liberalización era la carta de triunfo estadounidense desde la ruptura de la bipolaridad, aun antes con la restauración conservadora de Reagan. Todo eso había llegado a su límite con la crisis mundial en curso, que insistamos, es mundial por que tiene epicentro en EEUU.

¿Fue la liberalización la respuesta capitalista a la crisis de los 60/70 y el proteccionismo será la política del capitalismo hegemónico a la crisis contemporánea? Es lo que aparece como novedad, aun cuando, insistamos, los países hegemónicos siempre pregonaron el libre cambio y practicaron el proteccionismo. Son dos caras de la dominación que sufren los países en situación de dependencia.

jose-balmes_proyecto-para-un-retratoEl impacto en la región

Con el proteccionismo se pone en discusión el discurso y la práctica del aperturismo aplicado por países como México, Chile, Colombia o Perú y sus instrumentos como la Alianza del Pacífico o el Tratado Trans Pacífico, TTP, pero también aquellos que venían acercando su discurso pro acuerdos comerciales con EEUU, especialmente los gobiernos de Argentina y Brasil luego del impeachment. El gobierno Macri había hecho opción por la candidata demócrata y había recibido en la Argentina a Obama y a varios miembros del gabinete actual, denostado a Trump y colocado todas las fichas en el aperturismo y la alianza con la lógica tradicional de la globalización capitalista.

México puede ser uno de los más afectados, especialmente por la corriente de relocalización industrial y la maquila para ensamblar y exportar al mercado de EEUU, que puede ver construido un muro a la circulación de capitales y mercancías tal y como se viene dando hasta ahora. Es mucho más que las restricciones a las migraciones desde México y a las múltiples discriminaciones del discurso de Trump. Son cuestiones económicas que hacen a la división del trabajo y a la explotación de la fuerza de trabajo mexicana. Es algo que puede hacerse extensivo a Centro América y al Caribe, agudizado en el caso cubano ante las novedades de restablecimientos de relaciones recientemente iniciadas.

No es menor el dato de la convergencia de derecha del gobierno de EEUU con los regímenes amigos de la liberalización en la región. Así como se sostiene una determinada política, también se puede sustentar otra, afín al nuevo poder de la potencia imperialista. La respuesta a muchos de estos interrogantes se resolverá en función de los reacomodamientos que ya está generando el resultado electoral estadounidense.

De todos modos, en los primeros días ya se observan devaluaciones de las monedas en la región que auguran una potenciación en la valorización de los activos estadounidenses, especialmente su moneda. Con ello es previsible el encarecimiento del costo del dinero a corto o mediano plazo y así el mayor costo de la cancelación de intereses y capitales del endeudamiento público, gravoso para el caso argentino en la coyuntura. Entre 85.000 y 90.000 millones de dólares entre 2016 y lo presupuestado para 2017. Cifras record para el país.

Nuestros pueblos son presa de la política nacional y externa de EEUU, con liberalización o proteccionismo, por efecto de la dependencia. Las políticas que aplicará Trump tendrán en cuenta en primer lugar satisfacer la demanda internas del electorado que lo llevó a su cargo en Washington. El objetivo será transformar consenso electoral, ya logrado, en consenso político para habilitar un nuevo tiempo de la política en EEUU con pretensión de marcar caminos de salidas a la crisis capitalista. El new deal supuso la salida “defensiva” de la crisis en los 30 del Siglo XX; el neoliberalismo lo fue en “ofensiva” para la del 60/70, y hasta ahora no se visibiliza salida a la crisis inaugurada en 2007/08, aunque la situación del capital es a la ofensiva contra los trabajadores, los bienes comunes y la mayoría empobrecida de la sociedad.

Convengamos también que los pueblos tenían su acumulación hacia los 30 que derivó en el orden bipolar y la perspectiva de un imaginario socialista, con una importante acumulación política lograda hacia mediados de los 70, triunfo vietnamita mediante, lo que desató la brutal respuesta del terrorismo de Estado para imponer el neoliberalismo. El gran interrogante es si la fuerza acumulada por el movimiento popular mundial contemporáneo es condición de posibilidad suficiente para pensar en una salida a la crisis en curso más allá y en contra del capitalismo.

Buenos Aires, 12 de noviembre de 2016

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Julio C. Gambina

Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP

Montevideo 31, 2º Piso CP 1019ABA. Ciudad de Buenos Aires.

Teléfono: (54 11) 4381 5574 / 6088 9949

visitá mi blog www.juliogambina.blogspot.com

EL NO VOTAR, ES UN ACTO POLÍTICO SUBVERSIVO Y TRANSFORMADOR. Por Juan Carlos Gómez Leyton

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En 1988, tomamos la decisión política en el PARTIDO SOCIALISTA SALVADOR ALLENDE de NO participar en el Plebiscito sucesorio convocado por la dictadura, pues ello conducía a institucionalizar el régimen político establecido en la Constitución Política de 1980: la “democracia protegida”. NO, nos equivocamos, a pesar que muchos socialistas, entre ellos algunos allendistas, seducidos y cooptados por la democracia protegida, han contribuido desde el poder gubernamental a reproducir y esparcir el virus neoliberal por toda la sociedad. Hoy 28 años más tarde, ese régimen se pudre, carcomido por la corrupción política y la obsolescencia de una clase política al servicio del poder del capital neoliberal. La decadencia de la democracia protegida es total y completa, una expresión de ello es, el affaire de padrón electoral. La comedia de equivocaciones y errores compete y compromete a todos los actores políticos vinculados al poder local, regional y nacional.

 

La coyuntura política actual nos ofrece la oportunidad para hacer estallar el régimen político decadente: ¿cómo? simple, no votando en las próximas elecciones municipales.

Para que el sufragio ese noble instrumento político que permite en algún momento de la historia política, por ejemplo, septiembre de 1970, a los subalternos desplazar del poder político (gobierno) a los representantes de la clase dominante, recupere su capacidad subversiva, debe dejar de usarse para favorecer a la clase política corrompida por el neoliberalismo. Por eso, no hay que votar. La abstención, la no participación ciudadana, debe ser un NO gigante y poderoso en contra del actual régimen político y su corrupto gobierno.

Pensemos que al votar en 1988 la ciudadanía legitimó la institucionalidad política autoritaria, antidemocrática, antipopular y, sobre todo, el patrón de acumulación neoliberal impuesto violentamente por el capital, el imperialismo estadounidense y la dictadura militar. Esa legitimación política, a través del voto ciudadano, proyectó por tres décadas toda la obra pinochetista.

 

Si la ciudadanía actual no quiere ser cómplice de una nueva proyección en el tiempo, es decir, de 30 años más de neoliberalismo: no debe votar. Recordemos, que la dictadura, los autoritarios, perdieron ganando. No podemos volver permitir que el acto de votar sea una forma de “salvar” al neoliberalismo agrietado por los propios ciudadanos movilizados entre 2006 y la actualidad. La ciudadanía que rechaza el actual régimen político decadente, no puede otorgarle legitimidad asistiendo a la elección municipal. Ello sería una contradicción sin ninguna lógica política. Si todas las encuestas señalan que los partidos políticos y los políticos solo tienen un 6% de la adhesión ciudadana. No pueden ser apoyados por la ciudadanía a través del voto. No podría entenderse y comprenderse sociológica y políticamente esa contradicción que por un lado se les rechace y por otro se les dote de legitimidad política a esos partidos.

 

Por otro lado, téngase presente que las elecciones municipales no contribuyen a cambiar nada de lo existente. Solo le otorgan poder y le dan continuidad a la democracia protegida y, sobre todo, poder a los partidos políticos conformes con el sistema, o sea, a los partidos de la Nueva Mayoría como a los del Chile Vamos. Incluso, a través de la elección los nuevos partidos pierden. Pues ingresan a un sistema corrupto. Se volverán una pieza más del sistema corrupto. Además esas nuevas organizaciones políticas, de ganar, van legitimar lo existente.

Para NO ser cómplice de un nuevo error histórico y político semejante al del 5 de octubre de 1988 la ciudadanía debiera abstenerse de votar. El 5 de octubre fue el momento histórico y político en que la ciudadanía democrática nacional se “jodió”. Pues, en ese momento la sociedad chilena eligió un camino equivocado, si la historia política debe servir para algo debe evitar a volver a tropezar con la misma piedra.

 

NO hay que votar próximo domingo 23 de octubre. La NO PARTICIPACIÓN es un acto subversivo y democrático, que debe servir políticamente, para provocar la caída el mal gobierno. La ciudadanía debe hacer uso el domingo del poder destituyente ciudadano. La NO PARTICIPACIÓN debe ser la manifestación de ese poder.

 

Los ganadores deberán ser vistos como usurpadores del poder ciudadano. Que destapen sus botellas de “champagne” para celebrar su miseria política, que se emborrachen de vergüenza al saber que solo representan a sus clientes y lacayos a sueldo, a los esbirros del poder de turno. Pero nunca a la ciudadanía trabajadora, a la mujer pobladora, a los jóvenes que construyen su futuro luchando contra el mercado educacional, que de ninguna representan a las y los ciudadanos de la tercera edad que apenas viven o sobreviven con míseras pensiones, que reciben malas e indignas atenciones de salud; que no representan de ninguna manera a las y los ciudadanos que defienden a la naturaleza de la irracional devastación extractivista; que de ninguna manera representan al pueblo mapuche y sus luchas históricas, etcétera. Por eso, la no participación ciudadana y popular debe ser clara, los elegidos no nos representan. Así como desde 1988 hasta la actualidad a un grupo de ciudadanas y ciudadanos nunca nos ha representado la clase política concertacionista ni los partidos de la Nueva Mayoría y menos, por cierto, la derecha.

 

Que los que ganen el poder municipal sepan que no son bienvenidos. Pues, la inmensa mayoría de ciudadanos locales que no los eligieron. El no votar el domingo 23 debe ser el principio del fin del actual régimen político.

La NO participación debe quebrar el calendario electoral de la clases dirigentes. Pues, pasadas las elecciones municipales entraran de lleno en la competencia política presidencial. Ello no debe ocurrir. La no participación mayoritaria ciudadana debe volcarse a exigir la destitución del mal gobierno, la ciudadanía debe movilizarse para exigir la renuncia de la presidenta y sus inoperantes ministros, debe constituirse un gobierno ciudadano y popular y convocarse a una Asamblea Constituyente Ciudadana sin la participación de los partidos políticos que sostuvieron el sistema decadente durante estos 28 años. La ciudadanía democrática movilizada debe tomar el control político de la sociedad y disponerse a cambiar todo.

 

Por eso insisto, las elecciones municipales no deben ser la tabla salvación del régimen político actual y menos del gobierno ni de la oposición neoliberal. La NO PARTICIPACIÓN deber ser el punto de partida de la transformación radical de la institucionalidad y de la sociedad actual. De no iniciarse ese proceso, el neoliberalismo y sus servidores municipales y más tarde regionales y nacionales seguirán dirigiendo la historia.

Juan Carlos Gómez Leyton es Dr. en Ciencia Política – Chile

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Santiago Centro, 21 de octubre 2016

Juan Carlos Gomez Leyton: Dr. en Ciencia Política (CHILE)

© JCGL/jcgl,

Disponible también en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=218261&titular=el-%22no-votar%22-un-acto-pol%EDtico-subversivo-y-transformador-

 

 

BALANCE DEL PLEBISCITO. Por José Ricardo Sánchez Torres

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Contexto

Durante los últimos cuatro años el Gobierno Nacional de Colombia ha sostenido un proceso de negociación con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ejército de Pueblo (FARC-EP), con el fin de buscar una salida negociada al conflicto armado que ha mantenido enfrentadas a estas dos partes en los últimos 52 años, si se toma como fecha de inicio el año de fundación de la agrupación guerrillera.

 

El 26 de agosto del año 2012 se dio inicio a la fase pública de conversaciones gracias al logro de unos mínimos consensos que quedaron plasmados en un documento titulado “Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”. Este documento permitió a las partes contar con una agenda y una metodología comunes, en torno a lo cual debían girar estrictamente las negociaciones. Dicho acuerdo constituyó un gran avance si se tiene en cuenta que las dos posiciones han sido, a lo largo de la historia, abiertamente antagónicas. De hecho, el modelo adoptado favoreció el éxito de la negociación de manera tal que permitió la suscripción de un acuerdo final, firmado el 26 de septiembre de 2016 con el título “Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera”, y hoy tanto el proceso desarrollado como el texto de dicho acuerdo final se erigen como referentes para cualquier proceso de paz en el mundo.

 

El acuerdo inicial suscrito en agosto de 2012, contenía un temario de seis grandes puntos, a saber: 1. Política de desarrollo agrario integral, 2. Participación política, 3. Fin del conflicto, 4. Solución al problema de drogas ilícitas, 5. Víctimas, 6. Implementación, verificación y refrendación.

 

Justamente, en desarrollo de este último punto las dos partes habían convenido ya desde 2012 definir un mecanismo que permitiera someter a consideración popular el contenido integral de los acuerdos, ello con el fin de garantizar mayor legitimidad de lo pactado, así como un mejor escenario de gobernabilidad que favorecieran su implementación. No fue sino después de múltiples discusiones que las FARC-EP terminaron aceptando la propuesta del gobierno de realizar un plebiscito como mecanismo de refrendación popular de los acuerdos.

 

Una vez se realizó el trámite de aprobación correspondiente ante el Congreso de la República y la Corte Constitucional y luego de recibir respuesta positiva por parte de estas dos corporaciones públicas, el Presidente de la República expidió el Decreto 1391 del 30 de agosto de 2016, mediante el cual convocó al pueblo de Colombia para que decidiera si aprobaba o rechazaba el “Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto”. Dicho decreto definió el plebiscito como mecanismo de participación ciudadana a efectos de refrendar los acuerdos alcanzados en la negociación, fijó como fecha de realización del plebiscito el domingo 2 de octubre de 2016, y definió en los siguientes términos la pregunta que sería sometida a consideración de los votantes: “¿Apoya usted el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera?”.

 

Los resultados de la votación

A la pregunta anterior se podía responder de manera válida marcando solamente una de dos opciones: SI o NO.

 

De acuerdo con la autoridad electoral de Colombia, la Registraduría Nacional del Estado Civil, los resultados generales en las votaciones del plebiscito, sobre el 99,98% de mesas de votación informadas, fueron los siguientes:

 

Total de personas habilitadas para votar (TPHV) 34.899.945
Total de votos 13.066.047 (correspondiente al 37,43% del TPHV)
Total de votos válidos (VV) 12.808.858
Votos por el NO 6.431.376 (correspondiente al 50,21% de VV).
Votos por el SI: 6.377.482 (correspondiente al 49,78% de VV).
Votos no marcados: 86.243
Votos nulos: 170.946

 

Hay varios resultados que ameritan un análisis detenido. El primero de ellos es, por supuesto, que la opción ganadora fue el “NO”, ya que obtuvo por lo menos la mitad más uno de votos válidos. Así las cosas, el principal resultado de la votación en el plebiscito fue la no aceptación de los acuerdos por parte de la mayoría de los votantes.

 

Este resultado fue inesperado al menos por dos razones. La primera de ellas es que el sentido común dictaba que, a pesar de las críticas promovidas por un sector de la oposición, la mayoría apoyaría los acuerdos ya que ello significaba la terminación definitiva de los hechos de guerra, la confrontación armada y la desarticulación de la organización guerrillera como aparato militar; aspectos que han sido difundidos en la opinión pública como los principales beneficios de los acuerdos de paz. La segunda razón, era el ambiente de optimismo que vivía el país, a juzgar por el cambio de actitud mostrado por los grandes medios de comunicación hacia el conflicto armado y las negociaciones, y el amplio respaldo hacia al proceso por parte de la comunidad internacional, los gremios nacionales y el conjunto de la clase política, dentro de lo cual cabe destacar que solamente un partido y de participación minoritaria en el Congreso, el Centro Democrático, se opuso abiertamente al proceso.

 

Otro resultado que llama poderosamente la atención es la alta abstención, ya que el 62,6% de los ciudadanos habilitados para votar, no acudió a la votación. Esta cifra es la más alta en los últimos 22 años, hecho que por sí mismo es preocupante para el sistema político colombiano puesto que, habida cuenta de que un rasgo característico de su cultura política es la indiferencia o apatía crónica de los ciudadanos hacia los procesos electorales, refleja el desconocimiento de la enorme importancia del proceso para la vida del país, tanto en el corto como en el largo plazo. La alta abstención también plantea una gran incertidumbre en lo concreto para el proceso de negociación, pues de un lado cuestiona la legitimidad del resultado general del plebiscito respecto de los acuerdos, así como alimenta la esperanza de un mejor escenario electoral, ya que la gran mayoría de la población votante no se manifestó en ningún sentido; escenario en el que las dos campañas tienen un amplio margen de maniobra en una tentativa refrendación futura.

 

El mapa de los resultados de la votación a nivel nacional muestran que las zonas más aisladas del centro del país (desde el punto de vista tanto geográfico como político), que son a su vez las más impactadas por las acciones bélicas en el marco del conflicto, apoyaron mayoritariamente el “SÍ”, en contraste con los resultados de la región andina (eje del aparato económico nacional) en la que, a excepción de Bogotá y Boyacá, ganó la opción del NO. Dicho apoyo marcadamente mayoritario de las víctimas a favor de los acuerdos se observa con más claridad si se miran los resultados discriminados por municipalidades, donde resalta que aquellos municipios más golpeados por los vejámenes de la guerra obtuvieron votaciones en las que el “SÍ” ganó por amplio margen. Caso emblemático es el de Bojayá, cuya población sufrió una de las peores atrocidades cometidas en el marco del conflicto el 2 de mayo de 2002, y sin embargo, el 96%, votó por el “SI”.

 

La relación inversamente proporcional entre el potencial votante de una región y su nivel de afectación por causa del conflicto, ha motivado la reflexión respecto de lo injusto que resulta que poblaciones como la de las grandes ciudades que no han sufrido en igual proporción los impactos directos de la guerra, cuya masa electoral es enormemente mayoritaria, termine decidiendo sobre una realidad que afecta fundamentalmente a las zonas rurales.

 

Otro resultado que vale la pena analizar es el escaso margen de diferencia entre el total de votos por el “SI” y por el “NO”. La diferencia fue de apenas 53.894 votos, lo que significa que ninguna de las dos opciones se impuso de manera rotunda. Ello puede ser interpretado en dos sentidos. Uno positivo, en la medida en que se hace evidente que existe un apoyo masivo, si bien técnicamente no mayoritario, al proceso de negociación, lo cual representa el respaldo por la búsqueda de la salida negociada al conflicto; escenario que era impensable hace pocos años y cuyo tema ha hecho girar el debate presidencial en los últimos 16 años. También representa un apoyo significativo al contenido específico de los acuerdos cuyos alcances son tan importantes para el país, pero tan ajenos para el ciudadano del común, que constituye un logro mayúsculo haberlos posicionado favorablemente en una parte importante de la opinión pública.

 

Por otra parte, se puede interpretar en sentido negativo, ya que ninguna de las dos campañas fue capaz de conquistar una mayoría contundente, lo cual refleja que no resulta evidente e indiscutible para una buena parte de ciudadanía en general que el camino adoptado es el más conveniente a seguir; ello resulta inconcebible si se tiene en cuenta que lo más sensato en cualquier conflicto, y más aún en una guerra cruenta como la colombiana, sea la concertación. Sin embargo, valga decir que esto último ha sido también producto de circunstancias distintas a las bondades del proceso en sí mismo.

 

En cuanto a los resultados de las votaciones en el exterior con un total de 99,34% de mesas informadas arrojan que el 54,13% votó por el “SÍ” (correspondiente a 44.801 votos), frente al 45,86% que votó por el “NO” (correspondiente a 37.955 Votos); resultado levemente distinto al total nacional territorial. Sin embargo, la abstención en el exterior fue mucho más alta con una participación tan sólo del 13,85%, que de acuerdo al censo electoral vigente, corresponde a 82.996 personas de 599.026 habilitadas para votar.

 

Razones que explican la decisión por el NO

El primer rasgo del escenario poselectoral más visible e inmediato es el mantenimiento de dos posiciones enfrentadas para abordar los resultados del plebiscito; escenario en el que cada óptica asumida responde a la posición adoptada previamente respecto del proceso de paz. Esta situación sólo da continuidad a la polarización de la opinión que ha vivido el país respecto del actual proceso de paz ahora vertida respecto de lo ocurrido con el plebiscito. Así las cosas, quienes tenían una actitud a favor del plebiscito ven el resultado como algo negativo producto de desaciertos y deficiencias propias, así como de la mala fe de la oposición. Por su parte, quienes tenían una posición contraria al plebiscito, ven el resultado como positivo, como la detención de una conspiración maligna, o cuando menos, como una oportunidad para mejorar radicalmente lo alcanzado, y como producto de un despertar de la conciencia política ciudadana que pudo formarse una voluntad popular desprendida del oficialismo.

 

No obstante la simplificación anterior, existe un plexo amplio y extremadamente variado de posiciones de distinto cuño que se hace difícil encuadrar, particularmente entre la opinión calificada que hace balances mucho más ricos, complejos y prospectivos.

 

Existe un sector menos manifiesto pero perceptible, compuesto por aquellos que no votaron, o incluso que optaron por el NO, que sienten resaca e inconformidad con el escenario político luego del resultado de las votaciones; así como también hay quienes respaldaron el SI y a pesar de la derrota son optimistas respecto de lo que podría venir. Esta reducción de la polarización y refortalecimiento del ánimo dialogante y la convergencia ha venido creciendo gradual pero sensiblemente en reacción a la desolación que quedó en el ambiente social y la necesidad urgente de reconstrucción para de salir del limbo en que quedó el país.

 

En todo caso, difícilmente se podrá encontrar casos en que se haga una lectura específica o aislada del proceso de paz y los acuerdos alcanzados que se no se dependa de la lectura global sobre la realidad y la historia política colombiana. Es por ello que la votación del plebiscito no dependió ni versó, para mal o para bien, ni exclusiva ni principalmente sobre los acuerdos firmados por las partes.

 

Como sea, el país aún no sale del estupor causado por el inesperado resultado. Tanto los partidarios del “NO” como los del “SI” hemos quedado desconcertados. Esto se hace evidente, incluso para la oposición, ya que como lo ha manifestado el propio Juan Carlos Vélez, gerente de la Campaña por el No en el plebiscito, el resultado en los comicios lo tomó por sorpresa y sólo hasta las 5:30 p.m. del domingo supo que buscar que “gente saliera a votar verraca”, funcionó (ver entrevista en el Diario La República del 5 de octubre de 2016). La actitud del Centro Democrático, el único partido político que promovió el NO, también demostró que no estaba preparado para un escenario en el que saliera victorioso, a juzgar por su comportamiento errático después de que se conociera el resultado y por no contar con un plan a seguir, ni propuestas generales o concretas para aportar al proceso en lo que sigue.

 

Se puede comparar lo acontecido en Colombia con el proceso vivido por Reino Unido con el Brexit, ya que además del desconcierto generalizado, los dos procesos comparten otras características, a saber: una diferencia marginal en resultado final de la votación, la poca información de los ciudadanos sobre las consecuencias de la decisión sometida a consideración, el profundo impacto político y económico negativo acaecido por efecto del  resultado en la votación, la no necesidad desde el punto de vista jurídico de celebrar una votación popular para sostener una decisión del ejecutivo, la campaña de la oposición adelantada sobre la base de mentiras y desinformación, la inexistencia de una hoja de ruta para seguir adelante en la situación abocada, y aun, la actitud poco constructiva y propositiva del principal promotor de la decisión finalmente adoptada.

 

Respecto de las razones que condujeron a un resultado tan inesperado es preciso señalar que fue la conjunción de varios factores la que lo explican; es decir, no existe solamente un factor explicativo, sino que se trata de varios que concurrieron de manera articulada. A continuación reseño los más evidentes.

 

Un primer factor que influyó en la victoria del NO fue el exceso de confianza por parte de los partidarios del “SI”, lo cual aplica tanto para el gobierno como para los ciudadanos. El exceso de confianza estuvo fuertemente influenciado por los resultados presentados en los sondeos de opinión por parte de las empresas encuestadoras, ya que la totalidad de encuestas publicadas en las semanas anteriores a la votación, presentaron el “SÍ” como la opción mayoría y por amplio margen. Las siete empresas encuestadoras conocidas en el país (Ipsos Napoleón Franco, Centro Nacional de Consultoría, Cifras & Conceptos, Invamer Gallup, Encuesta de Opinión Nacional, Datexto, Guarumo, EcoAnalítica y Polimétrica) dieron como ganador al “SI” y con ello terminaron influenciando de manera significativa a las respectivas campañas y a los votantes. En cuanto a las campañas, hizo que los del “SI” dieran por descontado el triunfo y relajaran excesivamente sus esfuerzos por promover el respaldo masivo, a la par que provocó un refuerzo en la campaña del NO y un reacomodamiento de su estrategia.

 

Otro factor que pesó considerablemente en la votación fue la mala imagen del gobierno ante la opinión pública. Ya para el año 2014 su imagen había decaído ostensiblemente de manera que para alcanzar su reelección fue necesario el respaldo de terceras fuerzas políticas que tradicionalmente han estado en la oposición y que sólo lo acompañaron en la relección con el fin exclusivo de sacar adelante el proceso de paz. Sin tal apoyo de fuerzas políticas alternativas e independientes, por ejemplo y principalmente del espectro de la izquierda política nacional, representada entre otros por el Partido Polo Democrático, El Movimiento progresista, la Marcha Patriótica, el caudal de votos habría sido insuficiente para lograr su reelección. Esta dependencia de votos provenientes de terceras fuerzas (es decir, distintas a su coalición de gobierno, conocida como la Unidad nacional) demuestra que luego de primer periodo constitucional de gobierno el Presidente Santos ya no contaba el mismo respaldo popular en comparación con su primera elección.

 

Una evidencia más de lo anterior es el estrecho margen con el que obtuvo la reelección frente a su principal contendor, justamente un candidato del Centro Democrático, partido que desde entonces se ha opuesto a los desarrollos del proceso de negociación con las FARC-EP.  Recodemos que para su relección fue necesario realizar una segunda vuelta electoral, ya que en la primera no obtuvo la votación suficiente para ser elegido de manera directa, y en la segunda fue elegido con apenas el 50.90%.

 

Más recientemente, la encuesta dada a conocer una semana antes de la jornada del plebiscito, mostraba que la imagen del presidente había bajado al 36% de aprobación frente a 61% de desaprobación. Este nivel de popularidad, el más bajo en su historia como presiente, es atribuible tanto a sus propias ejecutorias (por ejemplo al manejo dado frente a los paros de campesinos, indígenas y camioneros), como a la campaña de desprestigio organizada por la oposición (en la que se destaca la más reciente movilización contra la “ideología de género”; una iniciativa que a pesar de carecer de fundamentos movilizó millares de voluntades contra el gobierno).

 

A lo largo de todo el proceso de negociones los sectores independientes al gobierno y el uribismo ha insistido en que es un error de concepción, pero que ha sabido canalizar astutamente la campaña por el “NO”, vincular en el imaginario colectivo el actual proceso de negociaciones con la imagen del gobierno, de manera que se ha dado a entender erróneamente que lo que sucede con el proceso atañe exclusivamente al gobierno. Sin embargo, es más acertado y conveniente entender que lo que pase con el proceso de paz es un asunto que compete a todos y que el gobierno sólo juega un papel de mediador en virtud de sus atribuciones institucionales, puesto que lo que está en juego supera los intereses y capacidades partidistas y la dinámica política convencional.

 

Por supuesto que no todos quienes votaron por la opción del “NO” se identifican plenamente con el uribismo o con la figura personal de Uribe. De hecho la comunicación voz a voz y algunas las expresiones marginales de grupos en las redes sociales, permiten concluir que una buena de quienes votaron por el “NO”, no se sienten representados por el uribismo, de manera que su vocería es, por lo menos, parcial. No obstante, el Centro Democrático se ha arrogado el derecho de representar unánimemente esa franja de opinión dispersa e indefinida, cuyo único rasgo que la identifica es haber votado “NO”. Recordemos que, en este sentido, las dos campañas se desarrollaron en condiciones distintas: mientras la campaña del “SI” tenía como referente de elección el texto del acuerdo final, la campaña del NO, no contó con una plataforma expresa que permitiera conocer su ideario respecto de los acuerdos y que pudiera servir de referente para los simpatizantes de NO, e incluso, para organizar la discusión pública entre las dos posiciones.

 

No obstante, aunque muchos de esos votos no respondan a la representación uribista, dicha votación ha sido capitalizada por el Centro Democrático, en virtud de que fue la única fuerza política que movilizó el NO. Valga señalar que, de acuerdo a la información publicada por el Consejo nacional Electoral –CNE-, se registraron 167 comités de campaña admitidos por el “NO” a nivel nacional, en donde la mayor parte de estos comités giran en torno a la maquinaria del Centro Democrático y el ideario uribista. La excepción la constituye el comité promotor “Mejor No”, compuesto por algunas personalidades que no se inscriben en la órbita del uribismo (tales como Jaime Castro, Hugo Palacios, Hernando Yepes y Pedro Medellín). En suma, los votos por el “NO” independientes no pueden hacerse visibles ahora porque no se organizaron previamente, y este vacío lo han redituado los amigos del CD.

 

Recordemos que sólo a última hora el CD decidió participar en las votaciones para el plebiscito y apoyar el NO, después de considerar que la opción de la abstención no daría frutos ya que el umbral del 13% fijado por la Corte constitucional para hacer valida la votación muy seguramente se habría obtenido aún sin la participación de quienes estuvieran en contra de la opción del “SI”. Pero, pese al alto riesgo que representaba el respaldar la opción de votar “no” (ya que las encuestaban daban a la opción del “SI” como ganadora por amplio margen), el CD decidió apoyar la opción de votar por el “NO”, más por un cálculo estratégico que por incidir en la votaciones del plebiscito en un sentido especifico pensando en la elección presidencial de 2018, ya que las votaciones del plebiscito representaban la oportunidad de medir su fuerza electoral, continuar posicionando su discurso antisantista y capitalizar lo votos por el “NO”.

 

También ha sido determinante el papel jugado históricamente por los medios de comunicación en la formación de la opinión pública. Existe una matriz informativa construida por los grandes medios de comunicación, que a través de la estrategia de mezclar y supeditar los contenidos informativos a la propia opinión, tradicionalmente han impuesto su propia visión de la realidad nacional, y con ello, han obstaculizado la formación de perspectivas de críticas, rigurosas e independientes que logran superar las agendas de los grupos que las impulsan.

 

Esta matriz hegemónica ha mantenido un unanimismo para conocer e interpretar el acontecer nacional, de manera que independiente del medio consultado, los hechos y las conclusiones son consistentemente los mismos. El mantenimiento de dicha matriz de construcción de la realidad nacional, ha contribuido el hecho de que los grandes medios de comunicación masivos en Colombia, que son a su vez la fuente de información mayoritaria, pertenecen a los tres más grandes conglomerados económicos (Organización Luís Carlos Sarmiento Angulo, Organización Carlos Ardila Lule, Grupo Empresarial Santo Domingo). Valga señalar que recientemente ha habido una especie de ruptura de dicho unanimismo ya que el segmento informativo de RCN Televisión ha decidido mantener una postura contraria a la del gobierno respecto del proceso de paz cercana a la del urbismo, a diferencia del oficialismo que ha caracterizado tradicionalmente el comportamiento de los grandes medios en Colombia. No obstante, esta experiencia nueva en que la línea editorial de los grandes medios es relativamente divergente, confirma la homogeneidad a la que hemos estado acostumbrados y la excepcionalidad crónica del pluralismo informativo.

 

Sumado al unanimismo desde luego que también debe tenerse en cuenta el hecho de que los grandes medios se constituyen en aparatos de reproducción ideológica y que, por tanto, defienden su propia visión de mundo consistente con los propios intereses de clase. Sin embargo, aunque innegablemente cierta, esta veta de análisis es una crítica ya consabida.

 

En este escenario se construyó una comprensión generalizada del conflicto armado que responde a una manera particular, incompleta, sesgada y tendenciosa. En este proceso se han construido imaginarios específicos y movilizado pasiones que han terminado por imponerse como el marco de análisis de la realidad y formación del criterio político que hoy se hace difícil desmontar. Por ejemplo, se construyó un enemigo interno (en la línea de la doctrina de seguridad nacional), que encarnaba la maldad y la raíz de los problemas nacionales; un enemigo carente de la condición humana y de algún resquicio de legitimidad política.

 

Así las cosas, los votantes también dijeron “NO” porque no se puede pedir un cambio de mentalidad de un momento a otro. Los ciudadanos se habituaron o crecieron en medio de la guerra también mediática en la que la lógica de la guerra se trasladó a los grandes medios; de manera que una actitud más favorable hacia la paz también implica un cambio de lógicas y ello no se logra ni repentina ni espontáneamente.

 

El peso de esa mirada obtusa que los medios ayudaron a construir durante años también tiene su cuota de responsabilidad en el resultado del plebiscito porque esa es la matriz de formación del juicio político de nuestros ciudadanos, y mientras no se superen las lógicas de la guerra (la distinción amigo-enemigo, la negación discursiva del otro), y no se posibilite una comprensión más juiciosa, crítica y reflexiva de lo que nos ha pasado, la paz y la reconciliación no tendrán eco resuelto en el electorado.

 

Con todo, la razón fundamental de los resultados de la votación en el plebiscito se encuentra detrás de la estrategia de comunicación de las dos campañas.

 

La campaña del SÍ se centró en la divulgación del contenido del texto de los acuerdos, en la convicción de que su lectura permitiría despejar las dudas y prevenciones que se habían planteado sobre los alcances de lo pactado. Si bien esta estrategia estuvo muy bien intencionada porque pretendió darle transparencia y altura a la discusión pública, tuvo un error de cálculo puesto que no supo responder a los retos que planeaba el contexto de cultura política del país caracterizada por el prejuicio, la apatía y desconfianza crónica hacia los procesos políticos. Sumado a lo anterior no ayudo la extensión y densidad del texto ni los hábitos de lectura de la población.

 

El texto de los acuerdos sometido a la consideración pública es un documento largo de 297 páginas elaborado con letra pequeña y espaciado sencillo; redactado con un lenguaje especializado y una retórica jurídico-política, como cabría de esperarse de un documento de dicha naturaleza. Por su parte, los colombianos tienen pésimos hábitos de lectura, pues como lo expone el estudio del DANE de 2014, sólo el 28.7% lee al menos un libro al año, mientras que el 55.9% no lee porque no le gusta o no le interesa. Así las cosas, era muy poco probable, como en efecto ocurrió, que el grueso de la población leyera el texto de los acuerdos en un lapso de un mes y una semana, y mucho menos probable aún, que basara su decisión sobre su consideración concienzuda.

 

Por su parte la campaña del NO estuvo basada en hacer propaganda negra a partir de la combinación de desinformación y manipulación de la emocionalidad a través de las redes sociales y servicios de mensajería instantánea. Este hecho se hizo evidente para todos aquellos que participamos de dichos medios quienes tuvimos que convivir con una circulación constante de ideas e imágenes deformadoras y malintencionadas respecto de la negociación. La estrategia de propaganda negra quedó confirmada por lo manifestado por Juan Carlos Vélez, gerente de la campaña del NO en entrevista al Diario La República en la que afirmó que “la estrategia era dejar de explicar los acuerdos para centrar el mensaje en la indignación”.

 

LR: -La campaña del Sí fue basada en la esperanza de un nuevo país, ¿cuál fue el mensaje de ustedes?

JV- La indignación. Estábamos buscando que la gente saliera a votar verraca.

 

LR- ¿Por qué tergiversaron mensajes para hacer campaña?

JV- Fue lo mismo que hicieron los del Sí.

 

Esta declaración ha causado revuelo en el país y probablemente traerá consecuencias políticas y judiciales.

 

La estrategia de desinformación y manipulación de emociones primarias como el miedo, el odio y el resentimiento, la constituyen piezas comunicativas que circularon profusamente a través de las redes, tales como textos, imágenes y videos que fueron deliberadamente elaborados con el fin de distorsionar la realidad e impactar emocionalmente con el fin de obnubilar el juicio. Esta estrategia funcionó porque se sirvió del morbo y la ignorancia que prescinden de la exigencia de la reflexión y en cambio no requieren de mayor elaboración discursiva para su asimilación. El escenario estaba servido para semejante coctel.

Aunque la galería de recursos fue muy amplia y variada, los mecanismos empleados para formar opinión se pueden esquematizar en dos tipos, aunque en la práctica estos recursos generalmente combinaron ambas estrategias en una misma pieza comunicativa: distorsión cognitiva y manipulación emocional.

 

La distorsión cognitiva se refiere a hacer pasar por cierta información falsa. Este recurso incluyó desde distorsiones leves como la impresión, la tergiversación y descontextualización; hasta distorsiones severas como la invención y la mentira. Un ejemplo de ello lo constituyen afirmaciones tales como las siguientes:

 

  • El país se va a entregar a la guerrilla.
  • La negociación es una conspiración “castro-chavista”.
  • Los acuerdos van a permitir imponer una dictadura del comunismo, el ateísmo y la homosexualidad.
  • El acuerdo garantiza la impunidad.
  • A los pobres se les quitarán los subsidios.
  • Los guerrilleros recibirán cifras de dinero astronómicas.
  • La reforma tributaria se hará para mantener a los exguerrilleros.
  • La firma del acuerdo es un pacto con el demonio.

 

La manipulación emocional se refiere al efecto de provocar el surgimiento de una emoción, como el miedo, el odio o el repudio y asociarlo inmediatamente con una idea o persona, y con ello, formar una posición sin que sea necesaria ninguna mediación adicional. Una muestra son las imágenes editadas (incluyendo videos y películas de cine) que acompañados de una leyenda causaban un gran impacto visual y la formación de una valoración inmediata. Baste mencionar dos ejemplos de este recurso:

 

  1. Un video en el que se muestran agresiones físicas y psicológicas infligidas a unos infantes de la Marina por unos hombres vestidos de camuflado en el marco de un entrenamiento militar realizado en la Finca Toluviejo, Covñas, Departamento de Sucre. Dicho video es real y causó gran polémica en el país, al punto que los suboficiales que participaron de los hechos fueron retirados del servicio. Este video se hizo circular por las redes como si hubiera sido cometido por la guerrilla y se acompañó de leyendas que buscaban deslegitimar su accionar.

 

  1. Una imagen tomada de la película “Voces Inocentes” de la escena en que unos niños son ejecutados por militares; acompañada de un mensaje de desaprobación de la guerrilla sobre la base de la movilización del odio y el repudio.

 

Lo censurable de esta estrategia, es que aun cuando atrocidades como las aludidas por las imágenes pueden haberse cometido, nada justifica la manipulación de la información y de las emociones en función de un propósito por demás cuestionable.

 

Estos son sólo dos ejemplos de miles de piezas que circularon basados en la estrategia de impactar emocionalmente e infundir una valoración sobre la base de un contenido distorsionado.

 

Colofón

El escenario aún es muy reciente y el resultado del plebiscito ha traído como consecuencia una mayor incertidumbre sobre el futuro, de manera que hay muy poca claridad sobre lo que pueda pasar en lo venidero. Sin embargo, múltiples expresiones del establecimiento político, así como de la sociedad civil permiten vislumbrar que el proceso de negociación no está acabado, que los acuerdos pueden ser rescatados y que se barajan algunas alternativas de solución. Poco a poco se irán decantando las fórmulas y los escenarios, pero hay serios indicios que nos permiten soñar con que la paz no tiene reversa.

 

 

 

 

 

COLOMBIA: TACTICAMENTE EL SÍ HA PERDIDO, PERO ESTRATEGICAMENTE GANARÁ por Yegcid Walteros Ruiz*

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pcpazpicasso8Pese a los resultados negativos para el Sí, los electores hicieron prueba de sensatez, intentando escoger  el camino de la esperanza, buscando una salida política al conflicto armado. No podríamos hablar de guerra total ni derrota total, pues a manera de autocrítica faltó más trabajo pedagógico de los promotores del Sí sobre un proceso de negociación con la insurgencia de las FARC, que fue casi que confidencial durante varios años, el trabajo de persuasión no logró contrarrestar la campaña denigrativa de quienes lideraban el No.

Indiscutiblemente, los medios de persuasión de la campaña del No fueron muy eficaces, porque coherentes con un  tipo de psicología social imperante en el seno de la sociedad colombiana, por completo tergiversaron los contenidos de los acuerdos, a fin de mantener un sistema que se ampara  en los  déficits de seguridad, los miedos de las personas y las expectativas truncadas.

Con todo ello, hemos salido de la “espiral del silencio” de la cual habla Elisabeth Noelle-Neuman. Así pues, tantas décadas tuvimos como único  referencial el pensamiento de Edward Luttwak: “darle una oportunidad a la guerra, ya que se trata del hecho de que, aunque la guerra es un gran mal, si tiene una gran virtud: puede resolver conflictos políticos y conducir a la paz”.

Hoy las personas que han votado por el “Sí” en el Plebiscito, se constituyen en una masa crítica, que respetando a los del “No”, tendrán que continuar superando esa etapa de aislamiento, de minoría excluida, marginada, enmudecida. Tanto tiempo, obsesionados con la idea dominante, el pensamiento único  de que la guerra traducida en lucha contrainsurgente o combate contra la amenaza terrorista, como lo denominan algunos,  era aceptable, era eficaz para resolver el conflicto armado, negando toda posibilidad de tramitación política. Más

CAMBIEMOS Y EL VIRAJE A LA DERECHA EN LA REGIÓN. Por Juan Bautista Lucca (Entrevistado por Walter Palena*)

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—¿Que le aporta de nuevo Cambiemos al sistema político argentino?

—Es difícil de establecer si Cambiemos es algo completamente nuevo. Desde el sentido más común, uno escucha voces que dicen que es el retorno a los 90 y otros que dicen que es una nueva avanzada de otro tipo. Pero el PRO ya tiene características que son innatas de la dinámica política contemporánea.

—¿Cuáles son esas características?

—La relación líder-masa se denostó en términos de populismo como algo peyorativo. Sin embargo, a partir de los 70, pero con más énfasis en los 90 y sobre todo en el contexto regional de los últimos años, este rasgo es algo estándar de todos los gobiernos latinoamericanos, incluso de los europeos noroccidentales, donde el líder hace una apelación directa a la ciudadanía. Eso implica una estrategia que Cambiemos sí toma fuertemente y la quiere potenciar aún más, que es la individualización de lo colectivo. La idea del PRO es disgregar el electorado para tratar de desvincularlo de cualquier atadura o enraizamiento identitario previo. Y en esa coyuntura pasar por la zaranda con un nuevo perfil, hablando de “tú a tú” y no tanto de “nosotros”. Quiere que el electorado lo siga, pero hace de lo volátil el síntoma posmoderno por excelencia. Más

Los datos de la recesión, el impacto social y los debates contemporáneos. Por Julio C. Gambina

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El INDEC difundió los datos de estimación mensual de actividad económica[1], de actividad industrial[2], junto a la información sobre el mercado de trabajo[3] a junio del 2016, confirmando los datos de la recesión económica y el crecimiento del desempleo, subempleo y el mantenimiento de la irregularidad en el empleo.
Recesión
La actividad económica en Junio 2016 contra mismo mes del año 2015 cayó 4,3%, dice el INDEC, y comparando el primer semestre del 2016 con el mismo periodo del 2015, la caída es del 1,3%. Se trata de una progresión donde la actividad económica cayó en cuatro de los seis meses del primer semestre: febrero, abril, mayo y junio.
Con relación al estimador mensual industrial, la situación se agrava, ya que la comparación a junio 2016 respecto del mismo mes del 2015, la caída es del 6,3%, con 5 de los 6 meses en retroceso y de manera creciente, con solo el mes de enero con un dato positivo. El acumulado anual respecto al primer semestre del 2015 es del 3,3% en ascenso.
Solo dos rubros industriales presentan crecimiento:
1) el textil con 1,5%, con problemas derivados de la creciente importación, agravado con la recuperación de las ventas puerta a puerta vía internet, por lo que la producción foránea compite y afecta a la producción local;
2) refinación de petróleo con 0,3%.
Los otros cinco con caída:
1) -6,4% en alimentos, donde sobresale lácteos con -22,3%, azúcar con 14,4% y tabaco con -15,5%; afectando un sector tradicional de abastecimiento del mercado interno y externo;
2) Papel y cartón -3,3% y edición e imprenta -10,9%;
3) Química -6,1% y Caucho y Plástico 0,9%, con fuerte caída del rubro neumáticos en -9%;
4) Minerales no metálicos -12% (vidrio 17,1, cemento -16,6%, materiales de la construcción -11,5%) y metálicos básicos -12% (acero), destacando la baja de un rubro de fuerte impacto en la economía y en el empleo como la construcción;
5) Automotores -21%, y Metalmecánica -4,7%.
Aquella imagen de solución en el segundo semestre no se cumple en el transcurso de julio y agosto. La realidad es que se agudizan los problemas recesivos para consolidar un 2016 recesivo.
Venimos mal y cada vez fue peor, por eso los cierres de establecimientos y las cesantías o suspensiones. La promesa de la reactivación será verdad luego del brutal ajuste en proceso. Allí dirán que tenían razón, que siempre que llovió paró, pero claro, a costa de los de abajo. Más

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